SEÑOR PRESIDENTE: NO MÁS CORRUPTOS

SEÑOR PRESIDENTE: NO MÁS CORRUPTOS

Usted demostró el domingo por qué el 53 por ciento de los colombianos no se equivocaron al otorgarle su confianza. Habló como un estadista, como un pragmático y un conciliador. Pero más aún me atrajeron su sobriedad y austeridad. Nada de frivolidades, celebraciones ni triunfalismos en un país al que se le escapa la vida a chorros.

02 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Usted demostró el domingo por qué el 53 por ciento de los colombianos no se equivocaron al otorgarle su confianza. Habló como un estadista, como un pragmático y un conciliador. Pero más aún me atrajeron su sobriedad y austeridad. Nada de frivolidades, celebraciones ni triunfalismos en un país al que se le escapa la vida a chorros.

Qué diferencia con el derroche de sus predecesores, que nunca supieron dónde estaban parados, si en Dinamarca o en Cundinamarca.

Hizo bien, porque tiene poco que celebrar. Recibe un país acabado, imposible de componer en solo cuatro años. A todo lo que puede aspirar es a marcar el camino para que Colombia sea una nación viable dentro de quince o veinte años; a sembrar una esperanza, una luz al final del túnel.

Presidente, tiene una oportunidad histórica, una responsabilidad como ningún otro mandatario porque nadie había contado con tan masivo respaldo popular en los últimos años. Hay excesivas esperanzas puestas en usted, pero los que le han votado y los que quieren cambiar este país no pueden dejarlo solo; los colombianos tienen que asumir su propia responsabilidad. Como dijo Kennedy: No pregunten lo que América puede hacer por usted, sino lo que usted puede hacer por América .

Ya está bien de seguir defraudando al fisco; de pensar que todos los problemas de la guerra son de otros; de que cada uno tiene que solucionar su propia vida. Todos deben colaborar, porque este país está demasiado vuelto nada como para que ningún superhombre lo pueda componer.

Pero recuerde, Presidente, que el 53 por ciento lo eligió por su independencia y por su rectitud, no solo por su política de mano dura. Esos electores no quieren saber nada del pasado. No pierda su tiempo, el escaso que tiene para tantos problemas, con los Turbay, los López, los Samper, los Betancur, con Gaviria, ese presidente de gran sensibilidad social, que alquiló un avión para traer un conjunto vallenato a animar su cumpleaños mientras el 40 por ciento de sus compatriotas no sabía si iban a cenar esa noche.

Rompa con ese pasado; los colombianos le votaron porque no lo ven como uno más de esa tribu de ineptos, frívolos y corruptos, porque corrupto no solo es el que mete la mano en la caja, sino el que deja que otros lo hagan. Ya solucionará más adelante el bollo del Partido Liberal. Este sistema requiere formaciones políticas sólidas, con programas de gobierno serios, que puedan defenderlos desde la Presidencia o desde la oposición, pero ocúpese del partido dentro de un año, cuando no queden puestos que repartir, cuando realmente lo busquen para poner orden, para barrer la casa si es que no quiere hacerlo Serpa, no para sacarle prebendas.

Señor Uribe, usted tiene que ser un modelo de rectitud, no lo eligieron para que regresen al poder personas como Luis Guillermo Giraldo, para muchos, cómplice del saqueo de Caldas; o a los López Caballero, que nada aportaron en este país, fuera de llenar las páginas sociales de las revistas; o Giraldo, que lo primero que hizo al dejar la mesa negociadora fue escribir un libro para criticar el proceso, con gran sentido de Estado.

Ignóreles, por Dios, pase la página y comience una nueva era para este país. Rescate lo poco rescatable, entierre lo demás y mire hacia delante. Mientras un Presidente no consiga desligarse de ese pasado corrupto, de esa sociedad frívola, de esa rancia aristocracia que no ha hecho sino sumir en la miseria este país, pocas cosas cambiarán.

Su ejemplo es clave no solo para quienes votan, sino para el 60 por ciento de colombianos que no se acercan a las urnas porque saben bien que el Presidente nunca se acordó de ellos. En sus manos está desterrar esa desconfianza y lograr que la otra sociedad, la participativa pero insolidaria y egoísta, recupere su sentido de pertenencia y le ayude en estos cuatro años.

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