BETAMAX, EL FINAL DE UNA HISTORIA

BETAMAX, EL FINAL DE UNA HISTORIA

En muchos hogares de Colombia, debajo del televisor y de algunas porcelanas, reposa el reloj más grande de la casa: un Betamax de los años 80 que algún día, hace muchos años, dejó de funcionar.

02 de septiembre 2002 , 12:00 a.m.

En muchos hogares de Colombia, debajo del televisor y de algunas porcelanas, reposa el reloj más grande de la casa: un Betamax de los años 80 que algún día, hace muchos años, dejó de funcionar.

Nunca nadie se atrevió a botarlo, quizás a la espera del momento en que se pudiera mandar a arreglar. Lo único que funciona del voluminoso artefacto son los números verdes de una pequeña pantalla que casi siempre muestran un 12:00 intermitente y un botón que dice Stop/Eject .

A partir de este fin de año, la pieza de museo entrará en la galería de aparatos electrónicos extintos: Sony, el creador del Betamax, fijó ese plazo para dejar de producir definitivamente el formato, que durante más de 20 años libró una batalla contra el VHS, por convertirse en el formato líder de la industria.

La historia comenzó en mayo de 1975, cuando la empresa japonesa lanzó al mercado el primer aparato grabador y reproductor casero de videocasetes (VCR o Video Cassette Recorder).

El modelo SL-6300 marcó la transición hacia este sistema, luego de varios años de dominio del VTR (Video Tape Recorder), que utilizaba cintas abiertas y era bastante costoso, lo que lo hacía poco atractivos para el hogar.

Curiosamente, Sony también fue una de las primeras compañías que lanzó al mercado un modelo de VTR, el PV-100, por allá en 1960.

Por la misma época del nacimiento del Betamax expiraron las patentes de Ampex y Jack Mullen, que tenían los derechos sobre la tecnología de grabación en cinta magnética, lo que facilitó la comercialización de los equipos.

Sony tuvo que enfrentar demandas de algunas cadenas de televisión, que consideraban la grabación del material que difundían una violación a los derechos de autor. El fallo final le dio la razón a Sony por tan solo un voto de diferencia.

Entre tanto, JVC también se lanzó a la aventura del video casero con el desarrollo y comercialización del VHS, que llegó al mercado en 1976. A juicio de los expertos, el formato era menos brillante, y de menor calidad que el Betamax. Además, se empacaba en un casete más grande.

Sin embargo, su creador tuvo mejores resultados al ofrecer su tecnología a otros fabricantes -algo que Sony logró con menos éxito-, por lo que se volvió popular muy pronto.

Las ventas de Betamax tuvieron su punto más alto en 1984, cuando llegaron a 2,3 millones de unidades, pero la competencia fue más fuerte y cuatro años más tarde Sony tuvo que ceder: en 1988, la compañía anunció que también produciría VHS.

Por aquella época, el Betamax todavía gozaba de gran acogida en Filipinas y en algunos países de América Latina. No es extraño encontrar todavía algunos carteles que afirman que Colombia es territorio Beta . Sin embargo, el dinero proveniente de estos mercados no satisfacía las expectativas de Sony.

Por otra parte, de los 170 millones de VCR que se habían vendido en el mundo hasta entonces, desde el nacimiento del Betamax, solo 20 millones eran de este formato, lo que también motivó la decisión.

El Betamax convivió con el VHS durante los siguientes 10 años, hasta que la baja demanda llevó a Sony a tomar otra decisión trascendental: a partir de 1998, la fabricación de máquinas se limitó al territorio japonés. En el resto del mundo se suspendió el ensamblaje de videograbadoras de este formato.

El año pasado, la fábrica solamente produjo 2.800 unidades en ese país, no solo como consecuencia de la guerra contra el VHS, sino del advenimiento hace unos tres años del que se considera el sucesor de los dos sistemas: el DVD o disco de video digital, que marcó el comienzo de la muerte de las cintas.

De ahora en adelante, el trabajo de Sony en el mercado del Betamax se enfocará a satisfacer la demanda de cintas de video y de servicios de soporte para los usuarios que todavía tienen uno en su casa, que funciona más que como un enorme reloj sobre el que reposan algunas porcelanas.

Adiós, Betamax.

* jaidue@eltiempo.com.co

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