EL FIN DEL HOMBRE MARLBORO

EL FIN DEL HOMBRE MARLBORO

Esa madrugada de septiembre de 1997, en los muelles de Maicao (La Guajira), el entonces congresista Samuel Santander Lopesierra, vigilaba el descargue de toneladas de mercancías.

13 de octubre 2002 , 12:00 a.m.

Esa madrugada de septiembre de 1997, en los muelles de Maicao (La Guajira), el entonces congresista Samuel Santander Lopesierra, vigilaba el descargue de toneladas de mercancías.

Caminaba de aquí para allá y sostenía un pocillo de porcelana china, que él mismo había colmado de whisky Old Parr, su marca predilecta. Todo eso que ven es mío , proclamaba ante visitantes, deslumbrados por los buques y el enjambre de coteros.

Decenas de camiones repletos de cigarrillos y licores partían a medida que llenaban sus cupos con la carga de los buques, en un puerto que vivía, y aún vive, al ritmo del contrabando. Según cifras no oficiales, Lopesierra ingresaba semanalmente unas 200.000 pacas de cigarrillos y 400.000 cajas de whisky.

Santa Lopesierra , conocido así en la Costa Caribe, es uno de los zares de esa industria ilegal y de ahí la trascendencia que Estados Unidos ha dado a su captura, el pasado lunes.

Apoyadas por la DEA, patrullas policiales, agentes del CTI y fiscales, lo detuvieron junto con otras 14 personas acusadas de narcotráfico y lavado de dinero, en una operación realizada en Maicao y Medellín, entre otras.

Su inminente solicitud de extradición es el fin de una carrera que, según las autoridades, empezó con el aprovisionamiento de los sanandresitos. Lopesierra ha sido acusado por el llamado comercio organizado de abastecer mercados ilegales en el país, más de 50 enormes centros y bodegas, según la Dian.

En 1994, cuando resultó elegido senador por la más alta votación de la Costa Caribe (40.000 sufragios), columnistas como Armando Puyana de EL TIEMPO y algunos políticos no vieron con buenos ojos que Lopesierra se colara en la comisión del Senado que decidía sobre los ascensos de la cúpula militar y la Policía. A juicio contradictores, las amistades del congresista pasaban por narcos y contrabandistas .

Las autoridades consideran a Lopesierra como el amo y señor de un ejército de contrabandistas que dio estatus y cabida a los narcos Colombia. Es un secreto a voces que las rutas del contrabando y su cadena de negocios constituyeron una base en el surgimiento de los carteles de Medellín y Cali. Después vino el lavado de activos.

Para dar una idea de las ganancias que Lopesierra obtenía en 1994, la revista Semana aseguró que movía unos 70 millones de dólares (5.600 millones de pesos).

Aunque el propio Lopesierra lo desmintió y aseguró que sus ventas no superaban las 15.000 pacas de cigarrillos anuales, el señalamiento lo puso en evidencia y demostró que aún para la época era uno de los particulares que más vendía cigarrillos en el mundo. De ahí el mote del Hombre Marlboro .

Se cuenta que en esos años era más barato un paquete de cigarrillos importados vendido por el senador, que los de la propia fábrica de E.U..

La leyenda de Lopesierra.

Pero cuál es el origen de Lopesierra y cómo llegó a ser considerado una leyenda en la Costa Caribe, donde intérprete vallenatos que se respetara le incluía una dedicatoria en uno de sus temas?.

La historia de Lopesierra se remonta a los años 60i s, cuando su padre, Samuel Lopesierra Bernier, instaló en Maicao, con su esposa Guillermina Gutiérrez, una bodega llamada San José . Allí nacieron sus cuatro hijos: Samuel Santander, José, Carlos y María del Socorro.

Samuel Santander nació en 1961. Estudió en el Liceo Cervantes de Barranquilla y se graduó de economista en South Illinois University (E. U.), en 1984.

Compañeros del colegio, donde obtuvo su título de bachiller en 1978, recuerdan que desde esa época ya tenía sus excentricidades. Cuentan que era el único que llegaba en su propio automóvil: un Ford Granada negro, que para ese entonces era poco menos que un BMW.

Amante de la música vallenata, era asiduo a esas parrandas que hacen leyenda y en las que rodaba el whisky. Vivía en el norte de la ciudad con su familia. Vestía ropa de marca y se caracterizaba por llegar empapado en fragancias de colonias importadas.

Tras su graduación en E.U., Santa Lopesierra se encargó de algunos negocios de su familia. Una fuente que prefiere omitir su nombre sostiene que su padre hubiese preferido que Santa fuera un ejecutivo.

Estas diferencias llevaron a Santa a montar su propia bodega, con un préstamo de 200.000 pesos. Los ribetes de sus negocios arrojaron tales resultados que para 1994 ya tenía nueve sucursales en Maicao, un almacén de electrodomésticos y un centro comercial, en el que abastecía a sanandresitos del país.

Aunque en el ámbito regional era conocido, el país solo tuvo una idea remota de su poder y riqueza cuando escuchó la grabación en la que lo mencionó Elizabeth Montoya de Sarria, la Monita Retrechera , en el proceso 8.000.

El político.

La carrera política de Lopesierra ha sido casi simultánea a la de comerciante informal. En 1986 fue concejal de Maicao y en 1988 fue diputado por La Guajira.

Sus dudosos negocios y amistades, como la familia Manzur, un poderoso consorcio de Aruba, dedicado a la venta al por mayor de cigarrillos, licores y electrodomésticos, lo catapultaron como un personaje controvertido de la política.

Para 1997, las autoridades estadounidenses lo tenían en la mira y los consideraban el cerebro de una gigantesca transacción de lavado de dinero, desmantelada en Puerto Rico en 1994. Los involucrados eran Eric y Alex Manzur, aliados de Jesús Sarria y su esposa, que al parecer había gestionado una donación de 550 mil dólares a la campaña presidencial de 1994.

Las sospechas de las autoridades estadounidenses tenían origen desde entonces y ahora en declaraciones de Jaime Tovar, pariente y antiguo empleado de Lopesierra y arrestado en la operación de lavado de dinero Basura Dorada . Hoy los investigadores tratan de establecer si Lopesierra es The fat one (El Gordo), a quien se le oye en varias interceptaciones telefónicas.

La confirmación de esa hipótesis corroboraría el testimonio de Tovar, quien aseguró que Lopesierra se ideó un plan para transportar las ganancias de la venta de drogas en E.U. a Colombia a través de Venezuela y Aruba, y que a cambio cobraba un porcentaje del envío.

Parte del dinero, aseguró Tovar, era escondido en contenedores con la mercadería que Lopesierra importaba, en paquetes de 500 mil dólares. Otras cantidades habrían sido lavadas por firmas de Manzur en Aruba, camufladas como préstamos por la mercadería comprada por Lopesierra a la familia.

Con base en la declaración de Tovar, fiscales estadounidenses acusaron en 1994 a los Manzur de lavado de dinero.

Por lo pronto, el apoderado de Lopesierra, Rafael Ernesto Miranda Montoya, asegura que no sabe cómo Estados Unidos probará las acusaciones de lavado de dinero en contra de su cliente, pues la única actividad que reconoce abiertamente es el contrabando y eso en la época en que ese negocio era legal.

Según Miranda, la captura de José Fernando y Carlos Alberto, hermanos de Lopesierra, es absurda, pues el segundo vive del pecunio de los padres y el otro de negocios legales.

Dice que Lopesierra fue una persona rica, pero que actualmente no tiene un peso con qué defenderse. Es una cacería de brujas de los gringos , asegura.

Sea como sea, Santa Lopesierra, otrora uno de los hombres más poderosos de la Costa Caribe, se encuentra hoy recluido en un pequeño calabozo de la Dijín en Bogotá. Sin un peso, según su abogado, y a la espera de que se decida una solicitud de extradición a E.U..

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