MURIÓ JOVEN QUE NO FUE AUXILIADA POR UNA AMBULANCIA

MURIÓ JOVEN QUE NO FUE AUXILIADA POR UNA AMBULANCIA

Un edema cerebral acabó con la vida de Sandra Milena Cuesta Landino, la joven risaraldense que fue abandonada por una ambulancia el pasado sábado luego de que un bus del sistema TransMilenio la atropelló en la calle 44 sur con Caracas.

27 de diciembre 2002 , 12:00 a.m.

Erik Pausano, subgerente cienfífico del hospital El Tunal, aseguró a Citynoticias que el deceso de la joven en la sala de cuidados intensivos obedeció a un paro respiratorio.

Hubo una falla general, se produjo un paro respiratorio y murió , dijo Pausano.

Mientras tanto, uno de los hermanos de la víctima, que solo hasta ayer conoció lo que le había sucedido a ella, expresó: Yo quisiera saber qué ha pasado con el caso porque la muerte de ella no puede quedar así .

La Superintendencia de Salud abrió una investigación para determinar la responsabilidad tanto de Oscar Manosalve, el conductor que se negó a detener la ambulancia, como del personal administrativo que ordenó ese día la movilización del vehículo que presta servicio a la Secretaría de Salud de Acacías (Meta).

Nos comprometemos a ver qué sucedió y si se presentaron irregularidades lo sancionaremos , indicó Hernando Macías, director de servicios de calidad de la Supersalud.

La Secretaría de Salud del Meta confirmó que el día del accidente la ambulancia de placas OIX 047 prestaba un servicio para el hospital de El Dorado, municipio ubicado a 70 kilómetros de Villavicencio.

La ambulancia está en Bogotá haciendo un traslado , precisó el secretario de Salud departamental, Edilberto Morales.

Expertos en atención médica de la Cruz Roja aseguran que los 60 minutos posteriores al accidente son claves para salvar la vida de una persona accidentada. Pero Sandra Milena permaneció la mitad de ese tiempo abandonada en plena vía a la espera de que un equipo médico la trasladara al hospital El Tunal, localizado a solo 10 calles del lugar de la tragedia.

Sandra Milena era oriunda de Irra (Risaralda) y había llegado a Bogotá hacía año y medio en busca de un mejor futuro. El día del accidente iba a dejar una hoja de vida para trabajar en un restaurante, pero la mala suerte se la lelvó a ella y su sueño de ser odontóloga.

Ahora su familia solo espera que el seguro obligatorio cubra los 21 millones de gastos hospitalarios.

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