LOS FUSILES DEL OTTERLOO

LOS FUSILES DEL OTTERLOO

La bandera panameña del Otterloo , que en sus bodegas escondía un arsenal para equipar a un ejército de 3.000 hombres, comenzó a agitarse en aguas colombianas la noche del 10 de noviembre pasado. (VER MAPA: LA RUTA DE OTTERLOO )

21 de abril 2002 , 12:00 a. m.

La bandera panameña del Otterloo , que en sus bodegas escondía un arsenal para equipar a un ejército de 3.000 hombres, comenzó a agitarse en aguas colombianas la noche del 10 de noviembre pasado.

(VER MAPA: LA RUTA DE OTTERLOO ).

Después de las maniobras necesarias para atracar en el puerto de Turbo (Antioquia), en el golfo de Urabá, sobre el océano Atlántico, el buque empezó a ser descargado a las 11 de la noche por una decena de hombres.

La embarcación había zarpado del puerto de Veracruz (México) dos semanas atrás con 23 contenedores repletos de pelotas plásticas. Al muelle colombiano llegaron igual número de recipientes pero en 14 de ellos, en vez de los juguetes, venían 3.000 fusiles AK-47 y 5 millones de cartuchos calibre 7,62 milímetros.

La carga pasó los controles de las autoridades portuarias de Turbo y, dos horas después, varios camiones con sus bodegas llenas de pelotas, fusiles y balas partieron hacia los departamentos de Antioquia y Córdoba.

Un mes después, cuando las autoridades colombianas fueron alertadas de que a territorio nacional había entrado un poderoso arsenal, ya era muy tarde: Los camiones habían entregado su carga y los destinatarios no dejaron rastros.

Ante el riesgo que implica 3.000 fusiles en manos de algún grupo armado ilegal, hombres de inteligencia de la Policía colombiana se infiltraron en algunos puertos. A la semana establecieron que el armamento, aparentemente, había sido comprado por la Policía de Panamá a su similar de Nicaragua y que en el momento de la entrega, fue desviado a Colombia.

Con esa información, inmediatamente la Policía integró una comisión de investigadores de la Dirección de Inteligencia (Dipol) para que estableciera el origen y el paradero del que es considerado el arsenal más grande que ha ingresado ilegalmente a territorio colombiano en toda la historia.

Incluso, supera el intento de la guerrilla del M-19, que trató de entrar 1.000 fusiles FAL y 1 millón de balas en el buque El Karina , que finalmente fue hundido en el océano Pacífico, el 14 de noviembre de 1981, por la Armada colombiana.

La maniobra en El Bluff.

En sus viajes entre los tres países, los investigadores de la Policía colombiana encontraron que el origen del arsenal se remonta a febrero del 2000, cuando una empresa privada aseguró a la Policía nicaraguense que representaba a la Policía de Panamá, interesada en comprarles un lote de armas.

Tras el fin del conflicto interno de Nicaragua de los años 80, en este país centroamericano quedó un gran remanente de todo tipo de material bélico que hacen que naciones, compradores legales y hasta los traficantes internacionales quieran abastecerse allí de armamento.

Después de varios contactos, visitas y demostraciones, el comprador aseguró que las armas más indicadas para la Policía panameña eran los fusiles AK-47. Los representantes la empresa adelantaron las gestiones de compra y presentaron las órdenes y la documentación necesaria para adquirir 3.000 fusiles de ese tipo y 5 millones de balas calibre 7,62 milímetros.

El negocio se cerró a mediados de ese año y la entrega del arsenal se pactó para el 2001.

Cuando los investigadores colombianos fueron a contactar a la empresa intermediaria en el negocio, encontraron que esta solo existía en el papel, que tenía un domicilio inexistente, que, obviamente, no tenía nexos con la Policía de Panamá y que había falsificado toda la documentación y firmas requeridas para la compra de las armas.

En la reconstrucción del ilícito, los hombres de inteligencia de la Policía establecieron que la falsa empresa, al aproximarse la fecha de entrega del arsenal, compró en México un lote de pelotas plásticas y que además, contrató a una transportadora marítima para que a mediados de octubre recogiera esa mercancía en Veracruz y la entregara en Colombia.

El 19 de octubre pasado, el barco Otterloo , con siete tripulantes a bordo bajo el mando del capitán mexicano Jesús Fernando Iturrios Maciel, fue cargado en el puerto de Veracruz con 23 contenedores llenos de pelotas plásticas.

Una semana después, cuando el buque transitaba por aguas internacionales frente a Nicaragua, el capitán Iturrios reportó que el Otterloo tenía problemas mecánicos, por lo que necesitaban llegar a algún puerto cercano.

Previamente, la empresa intermediaria había recogido el arsenal en la Plaza El Sol, de Managua, y lo había transportado hasta Puerto Rama, en el Atlántico nicaraguense.

El 26 de octubre el buque fondeó en El Bluff (Nicaragua). Durante una semana se le hicieron al Otterloo reparaciones en el cuarto de máquinas y la tripulación se abasteció de agua potable y alimentos.

Ese lapso, aseguran los investigadores colombianos, también se aprovecho para sacar 14 contenedores de pelotas, de 20 pies cada uno, y, en su remplazo, embarcar la misma cantidad de recipientes pero con 300 cajas de fusiles AK-47 y 3.493 cajas de cartuchos calibre 7,62 milímetros. En total, 3.000 armas y 5 millones de balas.

El Otterloo prendió máquinas el 2 de noviembre con rumbo, aparentemente, a Colón (Panamá).

La estrategia, según los investigadores, en caso de ser requeridos por las autoridades marítimas de algún país centroamericano, era mostrar los certificados y los manifiestos de la venta de las armas. Si al llegar a aguas colombianas eran interceptados por las fuerzas navales, exponían la documentación de las pelotas plásticas.

El Otterloo jamás atracó en Colón, como efectivamente lo establecieron los investigadores colombianos. En cambio, el buque siguió hasta Turbo, donde fondeó el 10 de noviembre pasado y descargó los mismos contenedores con armas que fueron embarcados en territorio nicaraguense.

De Turbo a Colón.

Al atardecer del 11 de noviembre, el Otterloo abandonó las aguas del golfo de Urabá para buscar, lentamente, el puerto de Barranquilla. Allí, tres días después, recogió 800 toneladas de sorgo y partió hacia Venezuela.

Los hombres de inteligencia de la Policía colombiana establecieron que momentos antes de zarpar de territorio colombiano, el capitán Iturrios abandonó el barco, estuvo unos días en Barranquilla y luego se devolvió, vía aérea, a Panamá. El primer oficial, Carlos Alberto Aguilar Valdés, panameño, tomó el mando de la nave.

Mientras tanto, el Otterloo siguió hasta Venezuela donde dejó la carga y siguió hasta Surinam. De allí volvió a Barranquilla para recoger una grúa averiada y, finalmente, atracó en Colón al atardecer del 12 de diciembre del 2001.

La Policía de Panamá obtuvo información, a finales de enero pasado, acerca de que estaban comprometidos en la comercialización del material bélico y abrió una investigación interna para establecer la autorización de la compra.

En esas indagaciones, las autoridades entrevistaron a algunos de los tripulantes del buque, quienes se hundieron en un mar de contradicciones que sacaron a flote las dudas de los investigadores colombianos y de ese país acerca de la legalidad de la travesía del Otterloo .

Por ejemplo, el jefe de Máquinas del barco, Jesús Ernesto Yejún Rodríguez, de nacionalidad mexicana, relató que en el itinerario entre Veracruz y Colombia nunca recogieron carga y que en Nicaragua solo pararon para reparar el barco.

Por el contrario, Jaime Humberto Pacheco López, marino timonel del Otterloo y también mexicano, afirmó que en Nicaragua cargaron el barco con 14 contenedores.

Sobre este caso, el director de la Policía de Panamá, Carlos Barés, no respondió las cinco llamadas telefónicas que le hizo EL TIEMPO.

En diciembre pasado, Miguel Antonio Bernal, ex asesor presidencial de Mireya Moscoso, la mandataria panameña, cuestionó que a la Policía se le hubiera autorizado la compra de cerca de 5 millones de dólares en armas. Según él, el material se adquirió pero no se sabe a quién y si en realidad llegó a ese país. La Policía también guardó silencio en esa ocasión.

Actualmente, las autoridades colombianas siguen realizando tareas de inteligencia para establecer quién o cuál grupo tiene las armas y la munición, avaluadas en 32.500 millones de pesos. Puede que el arsenal lo tenga la guerrilla, las autodefensas o un traficante internacional que lo guardó como estación de tránsito a otro lugar , aseguró un investigador.

En ninguno de los países hay detenidos por este multimillonario contrabando de armas, pues de los fusiles y de las balas no hay rastro.

Lo cierto es que hasta el momento, en los decomisos de material de guerra que se han hecho en el país, ninguno de los fusiles AK-47 encontrados corresponden a los traídos en el Otterloo , que sigue haciendo trayectos por aguas colombianas.

Incluso, la semana pasada su bandera volvió a agitarse en el mar barranquillero.

VIGIAS DE PUERTOS.

Una vez se conoció el caso de Otterloo , la autoridades colombinas redoblaron la vigilancia en los puertos nacionales para evitar que sean ingresadas más armas, pues informaciones de inteligencia apunta a que se realizarán más desplazamientos de arsenales por la misma ruta que utilizo ese barco.

Un informe de inteligencia que la Policía de Panamá entregó a Colombia, de cuenta de cinco compañías, entre ellas la propietaria del Otterloo , realizaron continuos movimientos de armas desde Nicaragua hacia diferentes países. Ante esto, la Policía colombiana intensificó las medidas de control en las naves que llegan, especialmente a las empresas que son investigadas.

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