CLIMA, EN PIE DE GUERRA

CLIMA, EN PIE DE GUERRA

Dictaba la sabiduría popular que no existía señal más certera de la proximidad de lluvias que una ranita de San Antonio acomodada entre las ramas bajas de un árbol. Por el contrario, si el animal descansaba en alguna copa lejana del suelo, el buen tiempo acompañaría al caminante.

11 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Dictaba la sabiduría popular que no existía señal más certera de la proximidad de lluvias que una ranita de San Antonio acomodada entre las ramas bajas de un árbol. Por el contrario, si el animal descansaba en alguna copa lejana del suelo, el buen tiempo acompañaría al caminante.

Al menos, se trataba de una premonición infalible hace algunas décadas, cuando también era seguro que el sol no aparecería en el centro de Colombia entre mayo y junio y cuando los vientos llegaban puntuales en agosto.

Sin embargo, ni siquiera la confiable rana pudo pronosticar el arribo de la violenta ola invernal que, desde mayo, azota a buena parte del territorio nacional. Hoy, cuando los viejos calendarios de lluvias parecen haber quedado obsoletos, son necesarias modernas redes de observación para predecir el devenir del clima.

Según Carlos Castaño, director del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam); estas herramientas han permitido observar, durante los últimos tiempos, la forma en que diversos eventos meteorológicos alteran los ciclos atmosféricos y crean condiciones tan anormales como la intensa sequía que castigó al país entre 1997 y 1998.

Se trata en algunos casos, dice Castaño, de fenómenos bien conocidos, como El Niño (ver recuadro) y La Niña, que se manifiestan regularmente desde hace siglos.

De otro lado, agrega Jorge Zea, subdirector encargado de meteorología del Ideam, se ha descubierto la existencia de factores menores que controlan el clima nacional y que dificultan adelantarse a los caprichos de la atmósfera.

Situación compleja.

Precisamente, según Castaño, una inusual combinación de estas anomalías es la culpable del invierno que hoy pone en aprietos a los organismos de emergencia.

En primer lugar, señala Humberto González, jefe del centro de vigilancia, pronóstico y alerta del Ideam; mayo y junio se caracterizan por ser los meses en los que la denominada zona de convergencia intertropical ejerce su mayor influencia.

Este fenómeno recorre América Latina, de sur a norte, hasta alcanzar México a mediados del año, cuando regresa a su punto de partida. Al pasar por Colombia (entre mayo y junio de ida, y entre septiembre y octubre de regreso) da origen a las estaciones lluviosas del país.

Por otra parte, una serie de ondas húmedas, provenientes de Africa, atraviesa actualmente el Atlántico para estrellarse contra la zona de convergencia justamente sobre el territorio nacional.

Finalmente, un sistema de baja presión, conocido como Vaguada, permanece casi inmóvil en el Mar Caribe, desde donde refuerza el proceso continuo de formación de nubes de lluvia en Colombia y Centroamérica.

Por si fuera poco, el aumento de temperatura en el Océano Pacífico y el debilitamiento de los Vientos Alisios hacen pensar que el fenómeno de El Niño atacará de nuevo a finales del año.

En todo caso, sostiene Castaño, la manifestación de dicha anomalía no será tan fuerte como la de 1997.

Meses mojados.

Así las cosas, el estudio de los datos obtenidos por el Ideam permite pronosticar que las masas húmedas, localizadas ahora en la zona andina, se desplazarán en los próximos días a la región Pacífica.

Para el periodo comprendido entre septiembre y noviembre próximos, se estima que las características cálidas de El Niño alterarán el comportamiento de la segunda temporada de lluvias.

En particular, el Ideam considera que la pluviosidad descenderá levemente con respecto a su valor normal y que su temperatura será un poco más alta que el promedio histórico.

Por esa razón, y con el fin de prevenir nuevas catástrofes, la entidad informó que mantendrá los avisos de posibles crecientes súbitas en la Sierra Nevada de Santa Marta, el alto San Jorge y el alto Sinú; así como en la Orinoquia y la región andina.

Las condiciones climáticas a largo plazo, finaliza Castaño, siempre serán difíciles de predecir. No obstante, gracias a la integración de nuevas tecnologías, y al estudio del estado atmosférico de años anteriores, es factible incrementar los niveles de seguridad ambiental de muchos colombianos.

Sin duda, algo que una ranita nunca habría podido hacer.

Qué es El Niño?.

Se denomina El Niño a un fenómeno meteorológico originado en el Océano Pacífico ecuatorial que altera la relación física entre el mar y la atmósfera, y que aparece cada cierto tiempo (entre cinco y 20 años) entre diciembre y marzo.

En términos generales, El Niño se produce por el calentamiento oceánico y del aire cerca de las costas de Australia e Indonesia, lo que genera un cambio en la presión atmosférica de la región, capaz de modificar la dirección y velocidad de ciertos vientos.

Esta circunstancia termina por cambiar la ubicación normal de las zonas tropicales de lluvia para causar condiciones climáticas anormales, como sequías en algunos lugares históricamente húmedos o lluvias en sitios secos y cálidos.

Generalmente, los vientos Alisios enfrían la superficie del Pacífico y disminuyen los riesgos de que El Niño aparezca. Cuando estos vientos se debilitan, aumentan las probabilidades de formación del fenómeno.

Este comportamiento había sido observado por los marinos suramericanos siglos atrás, quienes le dieron el nombre de El Niño, al descubrir que su llegada coincidía con la celebración del nacimiento del niño Dios.

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