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POEMAS PREMIADOS

POEMAS PREMIADOS

HORACIO BENAVIDEZ Poemas del libro Sin razón florecer Tu sonrisa cuando amas Subo por tu sonrisa como por la escala de Jacob Tu sonrisa que bate alas en el aire quieto Busco en la oscuridad la doble llama de tus labios el ángel de tus dientes Me baño en tu sonrisa como en el mar

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de enero 2002 , 12:00 a. m.

HORACIO BENAVIDEZ.

Poemas del libro `Sin razón florecer.

Tu sonrisa cuando amas.

Subo por tu sonrisa.

como por la escala de Jacob.

Tu sonrisa que bate alas.

en el aire quieto.

Busco en la oscuridad.

la doble llama de tus labios.

el ángel de tus dientes.

Me baño en tu sonrisa.

como en el mar.

**.

El amor que nos redime.

Días de soledad.

y he aquí que se aproxima el amor.

con sus ojos de fuego.

El amor y su sombra:.

Sansón ciego.

débil como un niño de brazos.

Estamos a tiempo.

aplastemos su cabeza.

No importa que con su cabeza.

se vaya la nuestra.

**.

Cerca lo lejos.

Lejos, en Saturno.

los amantes que junto a nosotros.

han tejido su tela de araña.

Por la floresta de sus espejos.

tomadas de la mano.

sus soledades gemelas.

De pronto uno de ellos.

levanta la cabeza,.

en sus ojos la avenida.

como la vía láctea.

Mas el tiempo.

como el grito de una madre.

los sacará de su juego.

y sólo tendrán el consuelo.

del recuerdo.

y el punzante deseo.

de un nuevo encuentro.

***.

PREMIO DEL CONCURSO `UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA , 2001.

JUAN ANTONIO MALAVER RODRGUEZ.

Poema del libro `Monólogo de las ausencias .

La voz de un fantasma.

Aún vivo entre la luna,.

Tras los pliegues de una cortina,.

En el trigal que piquetea los ojos de los pájaros.

Es abril amor,.

rompe los sueños el escarabajo,.

rompen sus ojos libres contra la tarde ebria.

y el cielo se llena de migajas oscuras.

Me han contado del mar que no conocí,.

de sus vapores azules,.

de sus partidas acompañadas por gaviotas.

al cruzar las fronteras de la memoria.

Aún vivo en el silencio de la casa derrumbada.

En la ventana envejecida que dejó ver su luz en mi vida.

Aún vivo en las sombras de unas cenizas,.

Cenizas que preguntan por el fuego de mi cuerpo.

***.

Poemas del libro `La música de las horas.

Palabra que no dice.

No dice la palabra,.

no dice como lo hace quien dice:.

"No tengo dinero, no hay para una limosna",.

la callada palabra no dice hoy: "Me debes",.

y que no diga es una bendición.

La palabra no dice, no canta en el centro del plató,.

la palabra está sola, limpia su cara y se atusa el bigote,.

está ahí, gordita, esperando para entrar en el baño.

La palabra salterio, la fantasiosa, la inteligente y estentórea,.

no nos ha concedido una cita, no se muestra para nosotros.

Adormilados, acariciamos sin ganas la palabra cotidiana.

y ésta sí nos cobija, cómo nos quiere sin que lo notemos.

La palabra cocina un potaje de amor.

y es mamá regresando de comprar pastelitos para su amado perro negro,.

nuestra ropa dejada a merced de la espuma en un platón con agua,.

el tenedor que se enredó en las sábanas,.

la mancha asimilada a un rostro en la ventana.

sta, la palabra que no exorna un yelmo.

y es aceite turbio en el mesón de la cocina.

y telaraña en el descansillo de una escalera.

y trepidación de un insecto en medio de la noche,.

esa llave que nada abre y conservamos por si acaso.

es, ahora, la palabra.

(Pequeña camarada que aprende con nosotros a contar el tiempo, a dividirlo y multiplicarlo y sumarlo y restarlo de lo que nos queda).

**.

Luz en la tarde.

Para lvaro, mi hermano.

Por la imagen que para ti no tuve,.

por esa manía vieja de querer un tiempo sin olvido,.

me siento en esta mesa.

e invento atardeceres de violencia.

y rumores lejanos de otro día.

(mi mamá llamándome a almorzar cuando Matías Sandorf dejaba el puerto).

Salgo a dar una vuelta de amigos por el parque.

y estoy tranquilo con el destino que me ha sido dado.

Miro más allá de la ventana y soy alegre y digno.

y estoy pleno de mí mismo.

al recordar a Leonardo.

pintando cabritos cerca del Arno.

**.

Muchacha del baño público.

Seguramente no veré con estos ojos mortales.

la historia de esta muchacha que imagino clara y afectuosa.

Seguramente sonreirá con descaro.

y tocará las espaldas de los que esperan frente a la estación.

Habría deseado contemplar.

su lento detenerse en callejuelas.

y la forma como se prende de la solapa de un marino.

Nada de esto conoceré, no podré disfrutar un estofado de pescado junto a ella contemplando el undoso río.

Sin embargo, parece que la conozco de siempre.

cuando imagino esta tarde el regreso a casa.

(deteniéndome por dulces y pan y miel).

para intentar convocar su cuerpo, su presencia.

de bailarina a destiempo,.

de amiga entre abrojos.

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