BRASIL, SELVA Y MALOCA

BRASIL, SELVA Y MALOCA

Selva adentro Las gotas de sudor tibio, como brotando de un grifo abierto, me inundaban los ojos ya heridos por tanta humedad. La boca reseca me sabía a sal. El cuerpo, tratando de retener líquidos para no deshidratarse, estaba hinchado. Tenía sed, gran ironía en esa, la Amazonía, la selva húmeda tropical más salvaje del planeta, donde llueve cuatro mil milímetros al año. (VER MAPA)

07 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Selva adentro.

Las gotas de sudor tibio, como brotando de un grifo abierto, me inundaban los ojos ya heridos por tanta humedad. La boca reseca me sabía a sal. El cuerpo, tratando de retener líquidos para no deshidratarse, estaba hinchado. Tenía sed, gran ironía en esa, la Amazonía, la selva húmeda tropical más salvaje del planeta, donde llueve cuatro mil milímetros al año.

(VER MAPA).

La atmósfera pesada y el aire escaso sumados al sopor constante de esta expedición que arrancó desde Tabatinga (Brasil), hacía que cada paso sobre esa alfombra de naturaleza muerta fuera un calvario.

Las 16 personas, incluidos cinco niños, que integramos la expedición, navegamos durante 8 horas por el río Javarí hasta llegar a Palmarí, refugio ecológico y centro de investigaciones que se convirtió en la base de este periplo.

Nos internamos en la selva desde la salida del sol y decidimos parar a descansar. Lo hicimos al pie de un árbol de mata-matá, el teléfono de los indígenas del Alto Javarí, que al golpearlo con un palo responde con un eco que se escucha a kilómetros.

Recostado contra el tronco del árbol y tratando de esquivar hormigas congas que sueltan un ácido al contacto, sentí un picotazo en la nuca que en cuestión de segundos se convirtió en un ardor insoportable. Alirio! -le grité al guía, un indígena ticuna nacido en Macedonia (Amazonas colombiano)-, algo con hambre me esta devorando , mientras trataba de quitarme lo que fuera que tenía enredado.

Alirio se acercó sin afán y de un pastorejo lanzó al aire una oruga amarilla y negra del tamaño de un dedo gordo. Le saldrán ampollas y le quedará una negra un par de semanas. Estuvo con suerte por que si hubiera sido una talla X ó un jergón estaría delirando, en un rato inconsciente y al cabo de una hora pasaría a mejor vida Alirio no estaba exagerando.

El lugar tenía un pozo de agua cristalina iluminado por unos rayos de luz que escasamente atravesaban el denso follaje. Los cinco niños que hacían parte de la expedición se colgaban de las lianas imitando el rugido del hombre de la selva mientras nosotros llenábamos las cantimploras de agua y acomodábamos los morrales. Comenzó a llover a cántaros, como todos los días.

Caminamos. Ya con agua de sobra en el cuerpo y a medida que nos internamos en lo desconocido encontramos las chagras utilizadas para el cultivo de yuca, ají, marco y macambo. Los colonos, los indígenas y los cabocios talan la selva a punta de machete, con fuego, la despejan de flora y fauna viva y siembran apenas una cosecha porque la falta de nutrientes esenciales de la tierra, el exceso de aluminio y la minúscula capa vegetal la hacen inservible. El año entrante en otro lado. Nunca vimos tapires, osos palmeros, cafuches o lapas.

Refugio de mitos.

Las malocas son grandes viviendas comunitarias que albergan tradiciones culturales milenarias para los ticunas, cunas y huitotos. Para ellos la maloca es un pequeño refugio donde se representan los mitos y principios de sus culturas.

La maloca representa el cuerpo de la madre ancestral en posición de dar a luz. Por la puerta de enfrente nace la humanidad hacia el patio de la creación; en el interior cuatro grandes postes simbolizan a los iniciadores de las cuatro grandes tribus de la creación y sobre estos está la cumbrera que contiene el rostro de la madre.

Cada parte del cuerpo de la madre tiene una referencia en la maloca. La palma con que está construido el techo es la piel, los estantillos las costillas, las lianas con que la amarran son sus venas y sus nervios. En la puerta principal los dos grandes abuelos como dioses sostienen la viga de la cultura. La puerta trasera es por donde entran solo las mujeres.

Llegamos a la gran maloca de los indios marubos después de un almuerzo que consistía en jugo de copo acú (copoazul), una fruta similar a la calabaza con pulpa de color café, sancocho de cucha, plato típico de la región preparado por María Falla, la cocinera y un dulce del árbol de chicle, parecido a la siringa que extraen del árbol de caucho.

En la maloca nos recibió un indígena que se rebusca la vida pintando tatuajes a base de huito quien traducía las órdenes que impartía el chamán, un tipo siniestro, menudo y más joven de lo que yo esperaba, que infundía cierto respeto. El chamán nos presentó su comunidad -las mujeres no se dejan ver- y nos invitó al ritual del rapé dentro de la sección que él tenia asignada dentro de la maloca.

El tabaco molido se sopla con fuerza a través de la rama hueca de bambú directo a la nariz de los invitados. Puse mi nariz a merced del chamán y lo único que sentí fueron unas náuseas profundas que duraron un par de horas. Te estás limpiando tu cuerpo , traducía el de los tatuajes pero yo solo quería regresar al refugio y que la maldita maluquera me pasara.

Al regresar a Palmarí, abriendo trocha por la jungla vimos a un técnico de alguna universidad haciendo dozel, un enrredijo de lazos y cabos y arneses que sube a los científicos y turistas a las copas de los árboles (capony) 40 metros arriba. Llegan a una plataforma de madera que sirve para estudiar los insectos y aves que habitan que habitan la selva.

De paso por la aldea.

Paumarí es la aldea más cercana al refugio donde nos estábamos alojando, un lugar distante seis horas en lancha desde Tabatinga. Conocimos al profesor de la escuela, un personaje instruido, damnificado por el sistema educativo brasileño y abandonado a su suerte en una lejura. En un mismo salón con paredes de palma de pona rayadora y techo de palma de caraná, le enseña a leer y a escribir a 40 niños entre 4 y 18 años.

Durante una vuelta por la aldea nos mostró un mico amarrado que les fascinaba el jugo de arazá, la crianza y ceba de tortugas morrocoy en establos de madera, los cultivos de pescado en estanques y cómo le daban a un pequeño indígena gotas de zurba, un antidiarréico extraído de un árbol.

Nos contó de las plantas que se utilizan como veneno; barbasco bejuco y curare; de plantas psicotrópicas como el samango, sangretotoro y borrachero y de las medicionales; achiote, chuchuhuasa, platanillo y sasafrás. En la tienda donde todo el pueblo se abastecía pedimos Antarctica helada para todos, la cerveza por excelencia, pero el tendero contó que el hielo no llegaba a Paumarí desde hacía 3 meses.

El calor ascendía a 40 grados centígrados, la humedad estaba por encima del ciento por ciento y nos resignamos a un jugo de carambolo muy al clima.

La última aventura.

La última noche en Palmarí salimos con Alirio y dos guías a caimanear que no es otra cosa que: tratar de coger el animal por la cola sin que te arranque un brazo, subirlo al bote sin que te muerda una pierna, tomarle una foto si alcanzas y luego dejarlo en libertad . En la embarcación estábamos todos armados de paciencia, linternas, cámaras, cañas de bambú y carnada -esta vez carne de res, ideal para la pesca de pirañas-. Los caimanes estaban dormidos porque no vimos ni uno. Apenas vimos un par de ojos rojos. Sacamos tijunos, maparás, maparantos y pirañas y los delfines rosados nos entretuvieron largo rato.

De regreso, el sol se ocultaba detrás de esa inmensidad de selva que enmarcaba la línea del horizonte con un torrente de verdes y ocres, la selva que nos había mostrado tanto de la vida y tanto de la muerte.

Como pincelazos de un gran maestro aparecieron en el cielo, en el cielo infinito tres atardeceres al mismo tiempo y un solo sol. Uno hacia el oeste, uno al norte y otro al sur. Tres atardeceres enormes llenos de fuego, de fuerza. Un regalo de despedida como el que jamás ninguno había recibido. En la selva todo es así, nunca se sabe dónde termina la fantasía y empieza el delirio. Y Alirio seguía remando.

SI USTED VA.

- Bogotá - Leticia: AeroRepública vuela lunes, miércoles, viernes, sábados y domingos: $457.000 (ida y regreso).

- Tabatinga: Es el punto de entrada al Brasil, muy cercano a Leticia. Allí se hace el trámite de inmigración. Se requiere el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla y el pasaporte vigente.

- Plan Reserva Natural Palmarí: US$ 300 dólares por persona (3 días, 2 noches, la tarifa varía de acuerdo con el número de personas que viajen), incluye transporte desde Tabatinga, excursiones, alimentación, alojamiento, y otros servicios.

- Qué llevar: Una sola maleta o morral, dos mudas de manga larga y cachucha o sombrero, linterna potente con pilas nuevas, repelente de insectos y protector solar, botas pantaneras de caucho e impermeable, binóculos y cámara fotográfica, medicación profiláctica contra malaria en los meses de mediados de julio hasta fines de septiembre.

- Más informes: Reserva Natural Palmarí www.palmari.org Estado del Amazonas Brasileño.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.