EMOCIÓN PARA LA GUERRA O PARA LA PAZ

EMOCIÓN PARA LA GUERRA O PARA LA PAZ

Sería interesante para un sociólogo analizar el comportamiento de los colombianos frente al tema de la paz y la guerra. En este tópico, como en otros, hay un elemento común: la emoción por encima de la razón y del sentido de la historia.

07 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Sería interesante para un sociólogo analizar el comportamiento de los colombianos frente al tema de la paz y la guerra. En este tópico, como en otros, hay un elemento común: la emoción por encima de la razón y del sentido de la historia.

Las últimas encuestas electorales pueden ser una de las manifestaciones de este fenómeno. Después de haber vivido la euforia de la paz durante los dos primeros años de la administración Pastrana, los colombianos parecen inclinarse hoy por la propuesta de Alvaro Uribe, que implica escoger principalmente la opción militar antes que la negociación política para la solución del conflicto armado.

En la campaña de 1998, la gente imaginaba que el candidato Horacio Serpa adelantaría conversaciones de paz con la guerrilla, dados sus antecedentes como luchador incansable por la paz. Tal vez se recordaba su papel de abanderado de la paz como parlamentario, ministro de Barco y negociador durante la administración Gaviria. Como lo ha escrito Mauricio Vargas, para el candidato Andrés Pastrana el tema de la paz solo vino a ser prioritario después de su derrota en la primera vuelta. Entonces el país, de manera emocional, consideró que la paz estaba a la vuelta de la esquina, dada la química conservadora entre el candidato y Tirofijo .

El proceso de paz tenía el pecado original de haber surgido al fragor de un proceso electoral como estrategia para ganar la Presidencia. No era el resultado de una política de Estado orientada a buscar una salida a lo que impropiamente se llama el conflicto . Por ese mismo pecado original le surgieron al proceso inconvenientes insalvables. La gente confundió la paz con el proceso de paz , tal como lo ha recordado el ex presidente López.

Nunca se precisó la naturaleza del conflicto. No hay motivos religiosos, raciales, territoriales, ni siquiera políticos para justificar la acción violenta y criminal de la guerrilla. No hay una parte de la ciudadanía que esté militarmente enfrentada a otra. Hay una serie de actos violentos de la subversión armada contra toda la población, y particularmente contra la gente más pobre del país.

El proceso por parte de todos, incluidos los medios de comunicación, se manejó básicamente de manera espectacular . Lo importante no era lo que se discutía, ni el destino de las discusiones, sino la imagen de la guerrillera pasándole el poncho al presidente Pastrana para evitar que se resfriara, el encuentro casual con la herradura o la imagen de la silla vacía del 7 de enero de 1999.

Hubo una evidente ambiguedad, tanto en el lenguaje como en las actitudes de empresarios, periodistas, dirigentes políticos y el pueblo en general: para el Presidente y sus comisionados de paz, los guerrilleros eran hasta entonces insurgentes alzados en armas, y para los altos mandos militares eran bandidos, narcoterroristas, asesinos, secuestradores, etc. Podría decirse que no hubo unidad de mando entre el poder civil y el poder militar, por lo menos a nivel semántico.

Y los mismos dirigentes, que con razón se quejaban del mal uso de la zona de distensión, cada vez que se presentaba la posibilidad de la ruptura (por ejemplo, a propósito del asesinato de Consuelo Araújo) con malabarismos idiomáticos corrían a pedirle al Jefe del Estado que continuara con el proceso de paz. Las mismas fuerzas y dirigentes que eligieron al actual Presidente están impulsando hoy una salida política que implica el rechazo absoluto a todo lo que éste hizo en el proceso de paz. Y a este proyecto político se están sumando amigos y ex funcionarios de la administración Pastrana. Y los que predican la guerra total, se han preguntado con qué recursos materiales y humanos? Se puede llamar a la guerra pensando que esta va a hacerse con los impuestos de la clase media y con los hijos de los pobres?.

Es el país emocional. El que lloró a Luis Carlos Galán, asesinado principalmente por su apoyo a la extradición de nacionales, y el mismo país que unos meses después estaba celebrando con la misma emoción (después de la arremetida terrorista de Pablo Escobar) la decisión de la Asamblea Nacional Constituyente de prohibir la extradición de colombianos. Era la bandera de los narcos.

Si los narcotraficantes hubiesen remotamente imaginado que en un gobierno de Galán se les iba a quitar la extradición de encima, no se hubiese cometido el crimen de Soacha y hoy tendríamos vivo al líder liberal.

(*) Ex Fiscal General de la Nación

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.