LAS DOS CARAS DEL REGRESO

LAS DOS CARAS DEL REGRESO

Lo primero que vio Eliécer Ortiz, de 60 años, al regresar ayer a su casa fueron los carteles de bienvenida que que sus nietos le tenían preparados.

09 de septiembre 2002 , 12:00 a.m.

Lo primero que vio Eliécer Ortiz, de 60 años, al regresar ayer a su casa fueron los carteles de bienvenida que que sus nietos le tenían preparados.

El sábado pasado, su esposa Alba Ordóñez se enfermó cuando vio por televisión al gobernador del Valle, Germán Villegas, anunciando la pronta liberación de los plagiados. La incertidumbre fue tan grande que me indispuse porque durante estos 20 días no hemos recibido noticias sobre ellos , dijo.

Ortiz se jubiló hace 10 años de la Tesorería del municipio, sufre de asma y necesita tratamiento. Por eso su familia sufría aún más.

Pero ante el anuncio de la liberación, la familia Ortiz decidió estampar más camisetas con la foto del abuelo deportista , como lo llama su nieta Dayana Lizeth Arango, de 12 años.

La alegría estalló cuando se confirmó la noticia sobre la liberación del jubilado, y en su casa se llenó de amigos vecinos y familiares que celebraron el regreso de Ortiz.

Bien distinto fue el final que ayer se vivió la casa del pensionado de la Alcaldía de esta capital Jaime Sánchez, de 51 años, pues la fiesta de bienvenida, con arroz y langostinos, quedó aplazada.

Paola, hija de Sánchez, habló con el gestor de Paz, Fabio Cardozo, horas antes de que este viajara con otros miembros de la Comisión Humanitaria al sitio de encuentro con la guerrilla para gestionar la liberación del primer grupo de 10 los 27 plagiados por el Eln en la ensenada de Utría (Chocó), el pasado 20 de agosto.

Tras la partida de la comisión, la joven, de 22 años y psicóloga de la Universidad de San Buenaventura, alistó todos los ingredientes para el arroz que tanto le gusta a su padre, como también realizó carteleras y un pasacalle.

Las horas avanzaban, y Paola no dejaba lucir contenta aunque no tenía la certeza de que su papá hiciera parte del primer grupo de liberados.

La esperanza es lo último que se pierde. No sabemos si papá viene con la comisión, pero ya es seguro que estará de vuelta , manifestó la profesional que animaba a estar contenta a su mamá.

Su hermano menor, Jorge tampoco perdía las esperanzas de ver entrar a su padre por la puerta de la casa.

Pero, tras varias horas de espera, el jefe del hogar no llegó y la fiesta quedó aplazada.

Las mismas escenas se repitieron en los hogares de los otros 16 plagiados cuya liberación es incierta a esta hora.

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