LA IZQUIERDA DESARMADA

LA IZQUIERDA DESARMADA

Cuando el bipartidismo colombiano entró en la pendiente del descrédito, muchos de sus dirigentes se simularon independientes y se lanzaron al mercado electoral a vender un producto nuevo fabricado con materiales de derribo. Se empezaron a parecer a aquellos jóvenes que siguen viviendo en casa, donde los alojan y alimentan. Son independientes subsidiados, exigentes y altaneros, aunque sigan parasitando a la sombra de los privilegios familiares.

07 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Cuando el bipartidismo colombiano entró en la pendiente del descrédito, muchos de sus dirigentes se simularon independientes y se lanzaron al mercado electoral a vender un producto nuevo fabricado con materiales de derribo. Se empezaron a parecer a aquellos jóvenes que siguen viviendo en casa, donde los alojan y alimentan. Son independientes subsidiados, exigentes y altaneros, aunque sigan parasitando a la sombra de los privilegios familiares.

Estos independientes nunca se independizaron. Han demostrado que son hábiles en el transfuguismo: van dando tumbos y vuelven a casa cuando les conviene, como los jóvenes burgueses de El Inútil. No rompen el cordón umbilical que los amarra a las raíces maternas del bipartidismo. Algunos coquetean con la socialdemocracia, habiendo sido complacientes con el modelo despótico del mercado: lo implantaron y sostuvieron hasta que colapsó. Lo prohijaron ayer, hoy quieren enterrarlo. Como en la confesión, pecan, rezan y empatan.

Ahora, cuando la oferta electoral se parece a un gran bazar donde se ofrecen muchas baratijas y pocas piedras preciosas, los únicos independientes de verdad son aquellos que nunca han sido artífices ni cómplices del bipartidismo o que, viniendo de este, lo han abandonado por sus limitaciones. Una nueva izquierda, tolerante, generosa y crítica, trata de abrirse espacio en un mapa dominado por las viejas prácticas clientelistas, herido a muerte por la corrupción administrativa y ensangrentado por una guerra en la que las fuerzas extremas ofrecen de lo mismo con propósitos distintos.

La izquierda armada ha desalojado a la izquierda desarmada. Ha obstaculizado su existencia. Si no es armada, es reaccionaria o le hace el juego al sistema. Desde el bipartidismo, esta izquierda democrática ha sido estigmatizada, confundida mentirosamente con la izquierda armada. Esto dio argumentos para sacarla del camino en metódicas cruzadas de exterminio.

La nueva izquierda democrática, la que representan hombres lúcidos, combativos y honestos como Luis Eduardo Garzón, Carlos Gaviria, Luis Carlos Avellaneda y sus respectivas fórmulas entre otros es una de las escasas aunque no únicas propuestas independientes del presente proceso electoral. Vienen de la academia, donde se reflexiona, o del sindicalismo, donde se lucha. La democracia necesita esta presencia, como necesita que algunos independientes decidan si se van o se quedan en la vieja casa del bipartidismo.

La izquierda democrática que ahora se perfila tiene antecedentes históricos: María Cano, Gaitán, Antonio García, Diego Montaña Cuéllar, Gerardo Molina, Jorge Zalamea, Orlando Fals Borda, Estanislao Zuleta. Bloqueada por el Frente Nacional, confundida por las organizaciones armadas, esta es la izquierda creativa en un país que se transforma o se hunde. Puede convivir con conservatismo y liberalismo, donde existen mujeres y hombres honrados, pero a condición de que estos empiecen a sacudirse de sus malas compañías.

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