EL CUENTERO DE BOGOTÁ

EL CUENTERO DE BOGOTÁ

Vamos a comenzar la clase de historia , dice Carlos J. Vega mientras se acomoda el sombrero. Con 73 años, este ex locutor se convirtió en el cuentero de Bogotá, de esa ciudad que reposa en la memoria de los viejos cachacos. Su salón de clases: el Parque Lourdes, en Chapinero. El tema de cada encuentro: la formación de los barrios, los personajes típicos, relatos de historia patria e historia sagrada.

15 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Vamos a comenzar la clase de historia , dice Carlos J. Vega mientras se acomoda el sombrero. Con 73 años, este ex locutor se convirtió en el cuentero de Bogotá, de esa ciudad que reposa en la memoria de los viejos cachacos. Su salón de clases: el Parque Lourdes, en Chapinero. El tema de cada encuentro: la formación de los barrios, los personajes típicos, relatos de historia patria e historia sagrada.

El 27 de febrero pasado, el día de su cumpleaños, fue la primera vez que se enfrentó con los transeúntes de la plaza chapineruna. Semanas antes, un azar del destino lo hizo pasearse melancólico y solo por el sector.

Llevaba mucho tiempo sin trabajo, sin plata para comer y viviendo en la Casa del Artista, ese rincón que el Círculo Colombiano de Artistas ha destinado para viejas glorias del arte colombiano que ahora sufren el olvido.

Una cura.

Llegó un momento en que la desesperación me estaba consumiendo -cuenta-. Me creció la barba y me descubrí arrastrando los pies . Entonces se acercó al tumulto que se había formado alrededor de un muchacho: El primer cuento que escuché fue el de un unicornio azul. Me cambió la vida y empecé a venir cada tarde a buscar mi unicornio azul .

Durante dos meses se sentó en las gradas de la iglesia, a escuchar los relatos y a ver pasar el tiempo.

El bolsillo lo tenía cargado con monedas de cien pesos que les daba a los cuenteros cada que pasaban el sombrero: Para que no fueran a decir ese viejo viejo viene a escuchar y no paga .

Un día, por esa terquedad que lo ha hecho intentar múltiples oficios (ha sido también apuntador y actor) y no dejarse vencer por las ideas suicidas que en los momentos críticos lo han rondado, se acercó al narrador que lideraba el grupo de Lourdes y le dijo con seguridad: Yo soy capaz de contar .

Al ruedo.

Roberto Niels, un chileno que dirige el colectivo, lo miró con desconfianza pero le permitió que se aventurara en eso que para Vega era pan comido .

El primer enfrentamiento con la gente fue un fracaso. Echó chistes, y de las 50 personas que empezaron a escucharlo se marcharon más de 40. La angustia lo asaltó y lloró camino a casa. Luego entendió que los cuenteros no son cuentachistes y decidió aprender de los 10 muchachos del grupo que lo adoptaron como a un abuelo.

Hoy, aunque recuerda con nostalgia los tiempos en que fue la voz estrella del noticiero radial Contrapunto (1958), y habla con agrado de sus compañeros de labores (Jaime Soto, Eduardo y Lucas Caballero Calderón), otros sueños lo hacen sonreír.

Estos muchachos me han hecho rejuvenecer , añade refiriéndose a sus compañeros de cuentería.

Los tiempos tristes parecen haberse ido. Carlos J. Vega tiene una cita cada tarde, a las 3:30, para relatar apartes fantásticos de la historia nacional y bogotana a un público al que llama mis alumnos .

Su fama se ha extendido y ya lo han invitado a contar en seis universidades. La plaza de la cuentería de la Nacional llamada La Perolam ha sido su espacio de graduación: Unos 400 muchachos me aplaudieron de pie , expone con orgullo.

Nuevas ilusiones.

Este es mi sueldo , dice señalando el sombrero en el que no solo recoge monedas. Y añade: Estas pulseras -muestra su muñeca derecha- me las han dado en diferentes lugares .

Siempre de traje, Carlos J. Vega es sin duda el cuentero más elegante de la ciudad. Un gabán beige y un sombrero oscuro son su uniforme.

En las noches, en su cuarto de la Casa del Artista ya no hay llanto. Ahora, los desvelos son buscando historias entre viejos libros o esculcando en su memoria: El hombre envejece cuando se le arrugan las ilusiones. Ahora tengo ilusiones , dice.

FOTO/Martín García EL TIEMPO.

1- Todos los días, a las 3:30 de la tarde, Carlos J. Vega tiene una cita con el público al que llama sus alumnos .

2- Este es mi sueldo , dice mostrando lo recogido en su sombrero después de cada presentación.

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