A LA SOMBRA DEL ALCALDE

A LA SOMBRA DEL ALCALDE

El cielo plateado comienza a dibujarse en la punta de los cerros y los últimos copos de una densa neblina se desprenden de la montaña como jirones de algodón. A los pies de esas empinadas cumbres que bordean a la ciudad, una casa, marcada con el 4-27 y propiedad del linguista John Landaburo, despierta a punta de teléfono. El primer repicar del aparato le recuerda al inquilino Antanas Mockus que acaba de comenzar su día número 529 como Alcalde Mayor. Cuarenta mil manzanas de ciudad y siete millones de personas lo esperan.

16 de junio 2002 , 12:00 a. m.

El cielo plateado comienza a dibujarse en la punta de los cerros y los últimos copos de una densa neblina se desprenden de la montaña como jirones de algodón. A los pies de esas empinadas cumbres que bordean a la ciudad, una casa, marcada con el 4-27 y propiedad del linguista John Landaburo, despierta a punta de teléfono. El primer repicar del aparato le recuerda al inquilino Antanas Mockus que acaba de comenzar su día número 529 como Alcalde Mayor. Cuarenta mil manzanas de ciudad y siete millones de personas lo esperan.

Había dormido cinco horas pero su cabeza ya tenía las preocupaciones del día: personas que seguían enterradas bajo tierra en protesta por falta de servicios; la salida de su Secretaria de Educación; una reunión con alemanes; un niño de 4 años asesinado por sus padres la noche anterior. Para todo tenía que tener una respuesta apropiada. Pero por ahora, la prioridad de Mockus es cambiarle el pañal a su hija menor.

Apura un jugo de naranja. Revisa la agenda del día. No mira el periódico, ya no hay tiempo. De dos zancadas llega a la cocina y detiene a Luz, la empleada, que viene con una bolsa cargada de pan francés caliente. Mockus saca uno y devora la mitad. Aparecen sus hijas Laima y Dala. A la primera le pregunta si el oído le siguió doliendo. La segunda se quiere ir con él. A las 8:34 a.m., en medio de las protestas de Dala, Mockus reparte besos y adioses antes de perderse entre media docena de escoltas.

Ya estoy enterado.

En la entrada de la oficina lo esperan, hace 15 minutos, los delegados de la KFW alemana, con quienes firmará un convenio por 4 millones de euros para inversión social. Mockus aprovecha para contarles la historia de los enterrados de Usme, de las angustias económicas de la ciudad y de cómo no entiende por qué quienes más se oponen a los impuestos son los que más lo necesitan. Al final se excusa, pues la reunión termina convertida en una especie de diván donde él se confiesa. Risas.

A las 10:10 a.m. sale para El Recreo, proyecto de Metrovivienda destinado a personas de bajos ingresos. Andrés Escobar, su gerente, aprovecha los casi 30 minutos de recorrido hasta la localidad de Bosa para contarle en qué va el programa. Le da cifras, número de lotes, le habla de vías y le advierte que encontrará un grupo de vecinos que protestan para que les instalen un colegio. Nada serio . Entre tanto, Mockus revisa documentos, atiende una llamada y pregunta si ya está listo el comunicado de respuesta para los enterrados de Usme.

En la calle, la gente se esfuerza por reconocer a quien en esa enorme camioneta verde escoltada por policías que se abren paso entre las estrechas vías, algunas en buen estado y repletas de barro y charcos; otras que son verdaderas trochas. De vez en cuando, el Alcalde mira al exterior y guarda silencio, como si recordara los tiempos en que, en bicicleta, rebuscaba el hierro viejo para el taller artístico de la familia. Tenía una fijación por los andenes desportillados o el césped mal cortado. Ahora lo sorprende ver a la gente ensimismada a pesar de las transformaciones de la ciudad. No nota las tres tapas de alcantarillas que se han robado, los carros sobre el andén, ni la imprudencia de los peatones.

No tenemos colegio, nos prometieron mucho y no dieron nada... Así lo reciben en Bosa. El saluda y responde: Ya estoy enterado . Pero no se detiene, pues ahora la urgencia es un baño. Son las 11:05 de la mañana. La lluvia arrecia y el hambre acosa. Mockus bosteza, ojea la mesa que tiene enfrente y comprueba que todo lo que existe es un vaso de agua. No hay remedio. Le echa mano.

A la hora del discurso, el mensaje pedagógico aflora y se enfila hacia quienes insisten en ubicar sus viviendas en las rondas de los ríos. La filosofía debe ser: me ubico en la ronda, pero con la seguridad de que el Estado no me va a ayudar . Termina y un enjambre de periodistas le pregunta de todo: la inundación, el avión fantasma que sobrevuela Bogotá, la Secretaria de Educación...

Alcalde por qué no habla con la comunidad , le gritan humildes vecinos desde el otro lado de una cerca de alambres. Ya me informé , vuelve a contestar. Pero antes de abordar su vehículo, una pareja y tres niños del barrio consiguen llegar a él. Alcalde, somos una comunidad pacífica, atiéndanos , le dicen. Ya estoy enterado, no se preocupen , insiste.

Congreso sin almuerzo.

La próxima cita: el Congreso. Lo esperan para un debate sobre la descapitalización de Codensa. Dónde está Navarro? , pregunta. Le contestan que en la Comisión. Navarro el subgerente de la Empresa de Energía, que le tiene un resumen sobre el tema. Se tranquiliza. Una periodista ha conseguido subirse en el carro oficial y aprovecha para entrevistarlo. Son las 12:20. Mockus se alegra porque su jefe de escoltas, el mayor Serrano, le ha guardado un sanduche y un jugo entre la guantera del carro.

A la 1:40 de la tarde, ingresa al Congreso. Sube los 73 escalones hasta el sexto piso. Allí encuentra a Navarro, que en media cuartilla de hoja le ha resumido las ideas principales. Mockus absorbe el documento de un vistazo. El debate dura cuatro horas. En la cuarta fila del recinto está Gustavo Petro, el ex guerrillero que en 1994 le propuso lanzarse para la Alcaldía por primera vez.

A las 4:20 regresa a su despacho y el almuerzo aparece dispuesto en un improvisado comedor: sopa de auyama, pescado, yuca frita y ensalada. Mientras almuerza, una periodista prepara cámaras y luces. Otra entrevista. Otra vez los mismos temas: los enterrados de Usme, la inundación, la falta de plata, las obras que no tienen mantenimiento...

Con su gente.

A las 5 entra a la sala de juntas. Lo espera su gabinete en pleno. El tema? El anuncio de la nueva estrategia de comunicaciones de la Alcaldía.

Es un momento para la confrontación de ideas, para la discusión, para los argumentos y contra-argumentos. Mockus está en su salsa. Es su tema. Es su pensamiento. Es su ideario político y pedagógico puesto en práctica, repleto de símbolos y significados. Una frase, dramática, lo confirma: Si algún día me quieren matar los violentos, que lo hagan simbólicamente . El gabinete guarda silencio, un silencio que se rompe a los pocos minutos cuando la sala se llena de murmullos. Mockus se ve obligado a interrumpir: Bueno, es mejor informarles para que no siga el ruido: la doctora Barco será la nueva Canciller y María Consuelo, va a Cultura . Sorpresa general.

El retorno.

A las 7:55 termina la reunión. Mockus se queda solo. Revisa más documentos: homicidios en Tisquesusa, estudios de seguridad, información para el gobierno nacional; firma otros que le ha preparado su secretaria general, Liliana Caballero. En 15 horas ininterrumpidas de trabajo, el Alcalde no ha podido hablar con su esposa ni se ha quitado el saco. Llega la hora de volver a casa. Adriana me llama a los encantos de la casa y Liliana a los encantos de las instituciones , dice y suelta una carcajada.

Antes de abandonar la oficina intenta una reflexión sobre lo que significa ser alcalde de Bogotá: Uno es como una especie de mini máquina de decisiones pequeñas y grandes , dice. Su condición de pedagogo lo enfrenta diariamente a la angustia de que lo que comprenda en teoría pueda llevarlo a la práctica. Reconoce que su trabajo es como un péndulo que se mueve entre lo macro y lo micro: por muy importante que sea un documento, lo primero que detallo es el error de ortografía . Como el andén desportillado, tal vez.

La llegada a casa es igual de aparatosa: tres camionetas, dos motos, hombres de la seguridad... A las 9 y 30 de la noche, parte de la familia sigue en pie. El saluda. Cruza un par de frases y de repente abraza a su esposa con afecto: es para demostrarle que a esa hora nada es más importante que el consuelo para quien acaba de confesarle que perdió un examen final en la Universidad Nacional.

FOTO/Martín García y Carlos Julio Martínez EL TIEMPO y Carlos Barbosa/Código de Acceso.

1- 8:25 a.m. El pan nuestro de cada día.

2- 9:00 a.m. Convenio con la KFW de Alemania.

3- 11:15 a.m. Le preocupa el sobrevuelo de naves ilegales?.

4- 11:50 a.m. Vecinos de Bosa protestan por promesas incumplidas .

5- La apretada agenda no es disculpa para evitar la cepillada después del almuerzo.

6- 12:20 La gloria: de la guantera del carro apareció un sanduche y un jugo.

7- 4:30 p.m. Un almuerzo a toda carrera, el reloj acosa, la prensa también.

8- 4:45 p.m. Y los periodistas ahí...

9- 8:10 p.m. Faltan documentos por revisar.

10- 9:30 p.m. Reencuentro después de 18 horas.

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