Secciones
Síguenos en:
EL MAR DE BABAS

EL MAR DE BABAS

Sin historia no hay país , le reveló en estos días un personaje veterano a este notígrafo. Testigo de un episodio importante, no quiso sin embargo escribir sobre él por razones respetables, no obstante tener material para varios libros . Caso frecuente y lamentable. Desinteresados en contribuir a una tradición propia, de pronto modestos o en exceso atareados, muchos colombianos que han vivido sucesos notables dejan su experiencia sepultada en charlas intrascendentes. En sus memorias, además, las publicadas incluso, lo predominante son la personalización, el ajuste de cuentas pero sobre todo la superficialidad sobre sucesos que se quedan entonces sin trasfondo.

En este sentido varias épocas colombianas vagan en el limbo. La reconstrucción de otras está en obra negra. Alguien serio afirma que Colombia carece de interpretaciones globales que adivinen la nacionalidad, en la hipótesis de que tal cosa exista. No tiene más de medio siglo la investigación para rescatarla de una emotividad primitiva. Gracias a la antropología, demografía, economía y otras ciencias aquí incipientes, el país sale de la bruma.

Esas ciencias y otras como etnografía, estadística, psicología, por ejemplo, aclararían su fisonomía regional, racial, su geografía humana, por mucho tiempo recluidas en anecdotarios. Más se nota la que falta, en la medida en que aparece nueva historiografía. Sin referirse, para no desesperar a su divulgación, enseñanza y discusión.

Puede ser que sin historia no haya país. Ni base para la convivencia. Pero sí explicación para el desconcierto desastroso de la vida pública nacional. Que consiste no solo en lo que sucede sino en cómo se le interpreta. Se transige con la necedad. La opinión navega por un mar de baba. Prosperan rusticidad y provincianismo. Se admira la mediocridad.

O más concretamente, la escandalera sobre la marihuana de un funcionario. De droga no se debería opinar sin lo que se ha aprendido al respecto, o por lo menos sin los 30 años transcurridos entre la pendejada de la psicodelia y la tragedia espantable de ahora. La droga ya no es juego.

O como cuando se espera vanamente de quienes pretenden dirigir la nación un discurso, que además de lo inmediato le de perspectiva a la patología social, o que frente a la internacionalización examine la estructura comercial y económica mundial. Cosas así. Pero es que lo común ahora, en gente con responsabilidad, es su ignorancia sobre cosas así. La indigencia conceptual acumulada por la inconciencia histórica. Lo que dijo el político. Tal vez no hay país porque no hay historia. Aunque con el nacionalismo pueda que pase lo que con tanta cosa que descubrimos cuando ya se ha acabado en otras partes.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.