YO PISARÉ LAS CALLES NUEVAMENTE

YO PISARÉ LAS CALLES NUEVAMENTE

En el primer aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre, no deja de llamar la atención la ansiedad que produce el tema en los debates que se publican en Nueva York.

10 de septiembre 2002 , 12:00 a.m.

En el primer aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre, no deja de llamar la atención la ansiedad que produce el tema en los debates que se publican en Nueva York.

Un punto interesante es el que concierne a las imágenes que han de transmitir las principales cadenas televisivas en Estados Unidos. Cuántas veces ha de aparecer la imagen del segundo avión chocando contra la torre sur del World Trade Center? Cuántas imágenes del colapso de las torres? Cuántos bomberos y policías cubiertos en ceniza? Cuántas viudas desoladas? Un presupuesto básico de los productores de los programas es que las imágenes son esenciales porque hay que revivir el horror. Aparentemente, la gente ha olvidado ya lo que sucedió.

Aquí no es posible sino pensar que hay un fuerte desencuentro entre lo que la gente recuerda y lo que se desea que recuerde. Y tal vez una diferencia marcada entre los que estaban en la ciudad ese día y los que vieron todo por televisión. Mi impresión es que para muchos habitantes de Nueva York este año ha llevado una carga adicional: no sólo sucedió todo en nuestras propias narices, sino que hemos tenido que hacer un esfuerzo monumental para recuperar el recuerdo personal de entre las capas y capas de mensajes oficiales sobre cómo deberíamos recordar.

Con justificado resentimiento, una mujer hispana señalaba en marzo, durante las conmemoraciones de medio año, que todo el acto se había preparado como si de verdad se pudiera olvidar de lo que sucedió el 11 de septiembre. La situación extraña es que el recuerdo personal parezca tan fantasmático, como si no hubiera sucedido realmente, como si el evento real estuviera por fuera de la experiencia. Lo que ha sucedido, claramente, es que las múltiples dimensiones de la experiencia han sido bruscamente excluidas del relato oficial de la memoria.

No sé cómo se estará preparando el resto del mundo para mañana. Busco en la ciudad de Nueva York los datos que me puedan dar pistas sobre lo que sienten los neoyorkinos. En la librería Barnes and Noble, de Astor Place, a treinta cuadras de la zona cero, hay una mesa llena de libros oportunistas sobre el 11 de septiembre. Y en un rinconcito, una mesa muy especial: lo que lee la gente del barrio (lo saben porque a la hora de pagar piden la zona postal). Según esto, se leen el libro de Noam Chomsky sobre los eventos de ese día y las consecuencias políticas que han tenido.

Aquí se agotó el libro del periodista australiano John Pilger sobre los nuevos amos del mundo. Quizás en mi barrio hay demasiados extranjeros, demasiados académicos, artistas e intelectuales. No es la media de la población. Pero me da la sensación de que hay experiencias personales que no se dejan fácilmente absorber por los mensajes oficiales.

No deja de ser significativo que en el Film Forum, el teatro especializado en cine alternativo, mañana se estrene el documental del chileno Patricio Guzmán sobre el juicio a Pinochet, el señor aquel que se tomó el poder en Chile ese otro 11 de septiembre de 1973. Por lo visto, hay quienes sienten que hay profundas conexiones entre estos eventos.

La explotación obscena de los sucesos de aquel día y la consecuente espectacularización masmediática han conseguido lo contrario de lo que esperaban. En algunos sectores, por minoritarios que sean, se percibe un llamado a la decencia y al respeto. Quizás no todo fue en vano.

* evonderw@yahoo.com

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