EL DEPORTE EN TIEMPOS DE GUERRA

EL DEPORTE EN TIEMPOS DE GUERRA

Como todo es botín políticio en el mundo, el país asiste desde la tribuna de su impotencia a sus avatares y mandato. Esta vez, la política en su ropaje de guerra.

10 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Como todo es botín políticio en el mundo, el país asiste desde la tribuna de su impotencia a sus avatares y mandato. Esta vez, la política en su ropaje de guerra.

El próximo miércoles, en Río de Janeiro, una delegación colombiana intentará dar nuevos aires a los Juegos Suramericanos que se realizarán en nuestro país. Si primero fue Argentina, que no vino a la Copa América, ahora es Venezuela, que se niega a venir a los Suramericanos. La guerra, lamentablemente, juega en estos tiempos de local.

A los colombianos se nos hacen exageradas estas deserciones, pero resultan explicables los temores. En los Suramericanos seguramente no habrá nada lamentable. A pesar de que guerrilla y paramilitares desdeñen los hechos políticos y solo atiendan a los hechos militares, el escarnio los pondría frente al mundo en fuera de lugar.

En cuanto al fútbol, una comisión señala que se necesitan reformas estructurales en nuestro medio. Y normas. Anomia, nos lo recuerda el jurista Carlos Gaviria, quiere decir sin normas . Podríamos señalar que esa ausencia de leyes en el país, más por violación que por inexistencia, es algo que no reina, sino ocasionalmente, en la cancha.

Es irónico: en la tribuna un juez venal rabia porque no se pita una falta, un político corrupto exige al árbitro transparencia, un empresario que hecha a sus trabajadores se indigna por la expulsión de un jugador de su equipo. Amamos las normas, sobre todo si son juego.

Ah, los nexos del deporte en la política. Benito Mussolini forzando arbitrajes para que Italia fuera campeón del mundo en 1934, Adolfo Hitler loando a la raza aria en los Olímpicos berlineses de 1936 -aunque un negro llamado Jesse Owens le aguara la fiesta- son algunos botones de muestra.

Quiero pensar que el hecho más importante de este año en la Colombia deportiva, los Juegos Suramericanos, es, más que un escape a la guerra, un territorio de civilidad.

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