L A O T R A O P I N I O N LA RIQUEZA PÚBLICA

L A O T R A O P I N I O N LA RIQUEZA PÚBLICA

Tuve ocasión de pasar tres semanas deleitables en el Ecuador. Hacía 15 años que no visitaba ese hermoso país que nos llega, fácilmente, al corazón. La gratísima impresión que me causó ha quedado inscrita en la memoria, y seguramente no cabe en el espacio de una columna. En primer término, la cortesía de sus gentes, que es no solamente una norma de la elegancia sino un patrón de elevado comportamiento civil.

13 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

La cortesía no cuesta nada: es gratuita. Y se da con abundancia, como una prueba patente de la falta de violencia de una sociedad que ha podido prosperar en paz. Eso es lo más envidiable: la paz. La total falta de violencia en las relaciones civiles, políticas, personales, impersonales y sociales... El más grande tesoro del Ecuador, la paz civil.

Esto se refleja, en forma notabilísima, en la organización del tráfico. Inteligentemente diseñado por medio de glorietas, el Ecuador se parece, en su planificación urbana, a las mejores ciudades suizas. Avenidas anchísimas y bellas dan testimonio de un elemento que se nos ha perdido a los colombianos: el espacio público. Es evidente que allí todo funciona porque existe la noción latente de la propiedad social. La riqueza pública es motivo de orgullo de los ciudadanos. La ciudad es de todos. La historia es de todos. Los monumentos son una herencia común.

Nadie pita, nadie grita, nadie se salta la cola... El tráfico anda como un relojito suizo, mientras los alcaldes van abriendo cada vez más avenidas, más palmeras, más parques y bosques, enriqueciendo la heredad.

Hasta los tugurios de Quito son un lujo envidiable. Podemos cambiarlos mano a mano por cualquiera de Colombia. Servicios públicos, calles pavimentadas, primorosas casas de invasión...

Nuestro despistado alcalde de Bogotá, tan perturbado por el brillo de la publicidad como el anterior, haría bien en gastarse la plata de los avisos de prensa en unos tiquetes al Ecuador. Con todo su gobierno. Allí está la solución al violento tránsito de Bogotá. La solución se llama riqueza pública. Las calles se nos han privatizado, volviéndose el dominio de los ricos y ambiciosos, mientras el hombre de la calle, el hombre de la ciudad, el ciudadano, carece de derechos...

Con una raza predominantemente indígena, pero eminentemente civilizada, no muy profesional pero sí altamente educada, el Ecuador se hizo con unos poquitos dólares de petróleo, algunas gotas de buen socialismo, varios años de dictadura, y mucho sentido común.

Allí se derrotan todas las teorías conocidas sobre el desarrollo. Este obviamente no proviene de un factor racial. Tampoco de las instituciones políticas. Son el lunar del Ecuador. Caóticas e inorgánicas, como quedarán las nuestras cuando la Constituyente le haga caso a Gaviria en establecer la moción de censura... (Quizás Juan Martín se podría llevar a Gaviria un par de días para que observe cómo la moción de censura le entrega la dignidad del Estado a una gavilla de patanes...). El desarrollo del Ecuador proviene de la disciplina civil, y ese ingrediente es producto de una conciencia histórica que no ha sido acribillada por el socialismo ni por el capitalismo. Todo ecuatoriano es patriota, y ama lo propio. Tienen valores comunes, es decir cultura. Y respeto social, es decir educación.

Rindo homenaje a ese país que me cautivó el corazón.

La Corte renunció Lo que hizo la Corte fue renunciar a su oficio de controlar los resultados de la Constituyente. Libre de todo freno, esta tampoco cuenta ahora con el control constitucional. La Corte Suprema se podría ir toda de paseo al Ecuador, durante dos años, llevándose al Congreso que también quedó cesante. Dos instituciones quedan en pie: la Presidencia y la Constituyente. Ninguna de las dos se controla entre sí. Son dos vehículos sin freno, cuesta abajo, camino del populismo. Nuestros estadistas van todos apeñuscados, al volante, tratando de acelerar...

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