BALANCE DE LA JORNADA ELECTORAL

BALANCE DE LA JORNADA ELECTORAL

En medio de tanta violencia y tanto terrorismo, todo el mundo se preguntaba qué habría de resultar de la gran piñata electoral o del avispero político consagrado en la Constitución del 91. Ausentes los partidos como tales de sus aprestos y campañas, el otorgamiento un poco mecánico de sus avales no comprometía sus estructuras en la carísima feria de apetitos y vanidades, sino subsidiaria o secundariamente sus nombres.

12 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

En medio de tanta violencia y tanto terrorismo, todo el mundo se preguntaba qué habría de resultar de la gran piñata electoral o del avispero político consagrado en la Constitución del 91. Ausentes los partidos como tales de sus aprestos y campañas, el otorgamiento un poco mecánico de sus avales no comprometía sus estructuras en la carísima feria de apetitos y vanidades, sino subsidiaria o secundariamente sus nombres.

La escasez de oportunidades de trabajo e ingreso en otros escenarios explica en buena parte la multitud de aspirantes a recibir las dádivas de la olla popular. Rota por virtud del sufragio y definidos sus beneficiarios, surge la inquietud de hacer el recuento de sus afiliaciones a partidos y movimientos, a tendencias y matices.

La primera sensación ha sido la de la victoria de la democracia, civilizada y tranquila, sobre el arbitrario huracán de la barbarie. Aunque la abstención hubiera sido alta, el panorama lo dominó el resuelto desfile de los ciudadanos a depositar sus votos, en conciencia y en claro acto de fe en los destinos de la patria. Los presagios no eran ciertamente buenos, pero pudieron más las previsiones de las autoridades y la erguida voluntad de los colombianos de ambos sexos. En el exterior debieron de sorprenderse de que un país presuntamente en llamas hubiera podido protagonizar semejante certamen de autenticidad, diafanidad y dignidad republicanas.

La satisfacción por el resultado de la jornada no eclipsa la necesidad de una reforma política sustancial, como la que repetidamente se ha frustrado. A nadie se ocultan las fallas de nuestra democracia representativa. Plausible es la aparición de nuevas figuras y nuevas corrientes. Pero flaco servicio presta a la gobernabilidad del país el sistema en el cual los gastos llegan a cifras abrumadoras, prevalece la avispa sin compromisos políticos o sociales, y la microempresa electoral sustituye a los partidos grandes y respetables. Con la consecuencia de que el elevado costo hay que compensarlo luego, recurriendo eventualmente a las sustracciones lícitas o ilícitas del patrimonio público y al reparto de las canonjías burocráticas. No por casualidad todas las vertientes de la opinión coinciden en señalar la urgencia de esta enmienda, aunque diverjan en sus características y alcances.

Colateralmente a la elección de los integrantes de la rama Legislativa del Poder Público (una de las tres del Poder Público), se quiso aprovechar la concurrencia a las urnas para refrendar y protocolizar, en papeleta separada, la transformación del Partido Liberal Colombiano, refiriendo su caudal, vitalidad e ideario a la cantera democrática de que ha pretendido ser reflejo. Anticipar la reforma política con la renovación de sus engranajes y cuadros, en forma que sea, de verdad, el partido del pueblo y no el de clientelas y camarillas.

Del avispero no emergió mal librado. Sin contar fuerzas disidentes, como la notable de Germán Vargas Lleras, confirmó su mayoría orgánica relativa. "Los muertos que vos matais, gozan de cabal salud". Nombres nuevos aparecieron, como el del respetado Carlos Gaviria o el de Gina Parody de la burguesía liberal o el del general Canal contra la violencia en el Valle del Cauca. Otros se consolidaron, como los de Navarro Wolf y Petro, en premio de su labor legislativa y en respaldo de su oposición a los auxilios parlamentarios; o como los de Luis Alfredo Ramos y Samuel Moreno Rojas.

El Partido Liberal, ganador neto, mantiene su preeminencia histórica en Senado y Cámara y, asimismo, su capacidad de congregar a sectores afines, socialdemócratas e independientes. Prematuro por lo menos es considerarlo en declive irremediable, cuando entre tanto caos y tanta confusión ningún otro partido o movimiento logró superarlo. Contra lo previsto, tampoco el conservatismo desapareció de la escena.

Las mayorías parlamentarias relativas o absolutas no definen las candidaturas presidenciales. Ni por su veredicto ni por el arte sibilino de las encuestas el país podrá ahorrarse la elección de Jefe del Estado. A la cabeza se encuentran los candidatos Serpa y Uribe, ambos con gusto por las camisetas rojas: el primero con su base mayoritariamente liberal y su iniciativa de coalición democrática; el segundo, con su bandera multipartidista, sin que Noemí y Lucho Garzón hayan cancelado sus aspiraciones.

Examinadas imparcialmente las cosas, se diría que se han ido formando dos grandes fuerzas: la una de centro-izquierda y la otra de centro-derecha. Coyunturalmente, por lo pronto, con mucho cortejo a los parlamentarios indecisos. La manzana de la discordia no será sólo la de la guerra total o la paz esquiva. También lo será la economía en cuyos predios han vuelto a asomar las orejas los insaciables lobos neoliberales (Hommes y Cía.) que la arruinaron, la sumieron en la pobreza y provocaron el mayor desempleo de la historia.

abdesp@cable.net.co

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