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ESTO ES COMO PARA MATAR A CUALQUIERA

ESTO ES COMO PARA MATAR A CUALQUIERA

La madrugada en que fue asesinada, la pequeña María de los Angeles Parra estaba triste. Esa noche, antes de ese disparo que le arrebató su corta vida, lloró inconsolablemente porque Walter, su compañero de infancia, le había dejado. En el fondo, relatan sus familiares, ese fue uno de los motivos por los que esa noche, en esa fiesta a la que asistían treinta adolescentes del barrio Bello Horizonte, al suroriente de Bogotá, María de los Angeles no quería bailar.

Ellas salieron a buscar más amigos. A las 11:30 volvieron con Jaqueline, la hermana, y una amiga. Llegó muy triste porque había tenido problemas con el novio, no quería entrar a bailar y nosotros le dijimos que entrara que si se iba a quedar toda la noche ahí , relató ayer Luis Enrique Amaya, uno de sus amigos.

Por eso María de los Angeles prefirió quedarse afuera de la casa de la calle 31B con cra 2a. hasta las 12:30 de la noche, cuando decidió ingresar a la fiesta de cumpleaños que Estella, la inquilina de esa residencia, celebraba a su hijo.

Todo transcurría con normalidad. En la esquina, a cinco metros de la casa de fachada azul en donde era la fiesta, tres hombres bebían Brandy, aguardiente y cerveza.

Dos de ellos eran conocidos como los Gatos del barrio. El primero había sido retirado de la Policía por mala conducta, y el segundo, Luis Eduardo Ramírez Martínez, Cucuy , laboraba en la Dirección de Policía Judicial e Investigación (Dijin).

Entonces ocurrió lo que ese grupo de adolescentes menos esperaba. Los tres hombres, ebrios, decidieron tomarse la fiesta. Subieron al segundo piso un equipo de sonido que cambiaron por la grabadora de los jóvenes para entrar en la celebración.

Los muchachos, jóvenes entre los 15 y 18 años, prefirieron guardar silencio y siguieron bailando. María de los Angeles se sentó entonces en uno de los tres sillones, colocados uno seguido del otro, a hablar con Adriana, una de sus amigas.

Afuera, en el patio de la casa, mientras tanto, los tres hombres continuban bebiendo. Entonces ocurrió algo premonitorio. El Policía Ramírez, en medio de su ebriedad, desenfundó su revólver 38 y le apuntó a uno de los muchachos y dijo: Esto es para matar a cualquiera, vayá y tráigame unos cigarrillos .

Los jóvenes que se encontraban en el patio subieron y se unieron a las parejas de muchachos que bailaban en el segundo piso de la residencia.

Era la 1:30 de la madrugada del domingo pasado. María de los Angeles se encontraba sentada en las piernas de Adriana y seguía hablando. El policía Ramírez se acercó entonces al sillón y sacó a la menor a bailar.

Ella le dijo que no. Entonces le dijo a la niña que estaba al lado que si bailaban y ella le contestó: ni muerta . Entonces él le dijo pues esta noche se va a morir .

Luego del incidente, cuando los jóvenes estaban sentados escuchando vallenatos, algunos jóvenes advirtieron una conducta inusual en el policía. El hermano le decía que no, que no hiciera nada, y él le respondía que lo dejara tranquilo .

Nadie se inmutó pues conocían los antecedentes de los gatos de la calle 31 B con carrera 2a. Siempre buscaban problemas, se creían los dueños del barrio porque eran policías .

Entonces vino aquel disparo seco. Yo estaba al lado derecho, cuando el balazo. Pensé que venía hacia mi y la reacción fue agacharme. Luego vino el hermano y nos gritó que nos fuéramos de la casa .

En la confusión, los muchachos bajaron y ganaron la calle para salvarse. Algunos corrieron, pero otros como Adriana se quedaron allí y empezaron a gritar: Hirieron a María . Jaqueline, su hermana, se desmayó, mientras que Adriana intentaba conseguir un taxi.

Entonces uno de los hombres, el hermano de Ramírez, tomó a María de Los Angeles de un brazo y una pierna y la sacó a la calle. Luego dijo: váyanse que aquí no ha pasado nada , a lo que la inquilina del lugar grito: Cómo que no ha pasado nada, no ve que mataron a una niña .

En la calle María de los Angeles intentó incorporarse, pero cayó al suelo tratando de decir algo que no logró gritar. Cuando llegaron al Hospital San Blas, mi bailarina , como le decía su padre, había muerto.

Tras el crimen Ramírez huyó del lugar y regresó horas más tarde a dormir. Allí fue detenido. Ayer la Dirección General de la Policía lo destituyó mediante la resolución 1486. Ramírez será trasladado hoy a la cárcel Modelo. Se conoció que el policía se encontraba en franquicia y que llevaba once años en la institución.

Así murieron los sueños de María de los Angeles, una joven que jugaba a ser actriz y bailaba con perfección rap en las fiestas del Bello Horizonte...

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