ATAÚDES DE DRÁCULA, A E.U.

ATAÚDES DE DRÁCULA, A E.U.

En Barranquilla se dice que los Rodríguez sí tienen donde caerse muertos.

13 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

En Barranquilla se dice que los Rodríguez sí tienen donde caerse muertos.

Y tienen razón, pues esta familia fundó hace 31 años la empresa Proexequias del Caribe, para fabricar ataúdes de lujo, y les ha ido tan bien que ya tienen pedidos de Estados Unidos, Aruba y Curazao.

Actualmente, surten las funerarias Jardines del Recuerdo y Jardines de la Eternidad, las más tradicionales de la capital del Atlántico, y tienen negocios con otras de Cartagena, Santa Marta y Plato (Magdalena).

A esta familia barranquillera, conformado por los esposos Luis Javier Rodríguez Jiménez y María Cenobía Martínez, a la que apodan como los Monster, porque tienen ataúdes hasta en la sala de su casa, le premiaron su ingenio para fabricar cajas mortuorias. Eso fue lo que llamó la atención de las funerarias extranjeras, con quien están gestionando los trámites de exportación.

Uno de los modelos más extraños es el que los empleados bautizaron como el ataúd del vampiro Drácula , que en los catálogos aparece con el nombre de italiano. Tiene cortes lineales rectos, una sola moldura, una cruz en la tapa, tapizado en piel de ángel (tela parecida al terciopelo blanco) y su decoración no lleva ni una puntilla. Este es el que más les gusta a los ricos de la Costa.

También, fabrican el ataúd imperial, uno de los más vendidos y económicos, que tiene una línea medieval, con ventanas laterales; el egipcio, un modelo nuevo que no ha salido al mercado, que tiene cúpula, herrajes de aluminio, tapizado en piel de ángel, y el Luis XV, un cajón de lujo, con una madera que simula al mármol (blanco o negro) y con doble tapa.

El más costo es uno llamado colonial, que puede pasar del millón de pesos, ya que es tallado a mano y sus esquinas son torneadas en madera de cedro.

En el mercado gringo , al que enviarán el primer cargamento antes de junio, los que más han llamado la atención son el Luis XV y el Colonial, por ser tallado, pero se enviarán de todos los modelos.

Lo que tendrán que variar para poder exportarlos son las medidas, ya que el promedio de estatura de los estadounidenses es mayor al nacional. Tendrán que hacerlos de unos 2,10 metros de largo por 67 centímetros, de ancho.

Una artesana.

Los diseños de los ataúdes varían de acuerdo con la época. "Hay que volver atrás por los estilos que vuelven y se ponen de moda. Tengo unos 60 diseños propios de diferentes líneas", dice Luis Rodríguez.

Para la fabricación de los cajones utiliza una madera prensada, que se le conoce con el nombre de MDF, que es importada de Chile y Ecuador. Solo se usan tres máquinas manuales para el corte, pulido y pintura, lo demás es totalmente a mano.

"Es una verdadera obra de artesanía", explica el dueño, que tiene empleados a ocho familiares.

Los ataúdes tienen fama en la región. Más de un comentario favorable oyeron en los multitudinarios sepelios de reconocidos personajes costeños como el cantante de vallenatos Rafael Orozco, el periodista Fabio Poveda Márquez y el ex gobernador del Atlántico y ex alcalde de Barranquilla Pedro Martín Leyes.

"Aunque el muerto no sabe de gustos, los dolientes quieren que las cajas donde descansará el familiar estén bien adornadas y luzcan bien acabadas, por eso aquí trabajamos con calidad", dice Rodríguez, quien diseña los ataúdes, mientras su mujer los adorna y su hija Doralba Rodríguez, una joven administradora de empresas, se encarga de la comercialización y venta.

Juan Rodríguez, el carpintero, quien lleva 11 años en la empresa, dice que donde pone el ojo pone el clavo y por eso pone mucho cuidado en su trabajo. Semanalmente hace 12 cajas y es quien plasma en la madera los diseños.

Para la familia este es un trabajo como otros. Cenobia Rodríguez, encargada de preparar en el garaje de su casa del barrio Nuevo Horizonte, en el norte de Barranquilla, una sala de exhibición, se ha acostumbrado tanto a su trabajo que cuando va a un funeral lo que primero detalla es la caja fúnebre y la califica si es buena o mala.

Luis Rodríguez dice que no desea que nadie se muera, pero sí que su negocio prospere, y que le sigan haciendo muchos pedidos del exterior.

FOTO/Carlos Capella EL TIEMPO.

La familia Rodrguez, a quien apodan los Monster, fabrica desde hace 31 años ataúdes, que pueden pasar del millón de pesos.

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