CAE EL CASTILLO DE EL CARTUCHO

CAE EL CASTILLO DE EL CARTUCHO

- Son bien, pura humildad. Que suban.

19 de enero 2002 , 12:00 a.m.

- Son bien, pura humildad. Que suban.

Y empezamos a subir por un socavón. Peldaños altos, escalera estrecha, aire amargo y húmedo. Al final, en la penumbra, se presentía que las gradas podían tomar cualquier rumbo. Un tabique de madera puesto a la izquierda podía ser la continuación de este socavón invertido, pero no pudimos saberlo. Seguimos a la derecha hasta un estar que conducía a los demás dormitorios de El Castillo.

Antes de que nosotros subiéramos por esa garganta estrecha, había bajado en forma de ciclón la orden de Uriel de abandonar el lugar, no sin antes desmantelarlo hasta dejar, si acaso, sólo el cascarón.

Los que aún tenían un par de sentidos arrasaban con todo, los otros, arropados con el calor de sus perros fieles, apenas se habían enterado de que la operación estrategia del caracol había empezado por encima de ellos, debajo de ellos.

El barrio de Santa Inés aparece ya en el primer mapa que se hace de la capital del Nuevo Reino de Granada en 1772. En este Santa Inés queda El Cartucho y en El Cartucho, nombre que recibe por su forma, queda El Castillo, o mejor dicho, quedaba El Castillo, edificio emblemático de una de las zonas más conflictivas y aisladas de todo Colombia.

Casa republicana de dos pisos y un sótano, que de acuerdo con Uriel, su mesonero, tenía un circuito de túneles que llegaban hasta el mismísimo palacio presidencial, ubicado a tan sólo 246 pasos largos del drama social más vergonzoso de Bogotá.

La leyenda cuenta que en los salones de esta casa -que al convertirse en uno de los ejes del Cartucho actual pasó a ser El Castillo- Bolívar y Santander bebieron trago y sus caballos amarrados frente al portón bebieron agua. El sótano hizo las veces de mazmorra española, y cuando Uriel y sus amigos ñeros se hicieron dueños del lugar, encontraron entre las humedades del socavón cepos y hasta cinturones de castidad. Montaje ingenuo al cual se recurrió de afán con el fin de exorcizar la orden de demolición luego de un largo proceso de concertación, tratando de convertir el Castillo en monumento nacional, y museo. Es cierto que entre las veintitantas manzanas que conforman el área total que debe ser transformada en parque, hay muchas historias ocultas de Bogotá., pero tampoco tantas como a todos nos hubiera gustado.

Santa Inés y El Cartucho fueron originalmente asentamientos similares a La Candelaria. Barrios que mutaron al caer sus habitantes originales, en los peligrosos juegos de la especulación de tierras al norte de la ciudad. Al abandono del centro se sumó, a mitad del siglo XX, la violencia con sus desplazados, que fueron afincándose en las casas a la deriva. El Cartucho se ha fortalecido en las últimas cinco décadas gracias a la indolencia de todos los gobiernos, indolencia o desidia. Sólo en las dos últimas administraciones distritales se le ha puesto la mano al problema. La última de las acciones fue la demolición de El Castillo, que hace menos de 24 horas iba a ser, y sería, la más grande y esperada.

Cuando sus habitantes se dieron cuenta de que ya no había nada qué hacer, organizaron, a su manera, una nueva estrategia del caracol . Desmantelaron, demolieron, abandonaron el edificio por su cuenta y riesgo, planearon una pancarta similar a la de la película de Sergio Cabrera (que nunca llegó a aparecer), y en el sótano quedaron abandonados al paso de las retroexcavadoras unos treinta gatos gordos, quizás los únicos seres gordos de El Cartucho. Dicen que algunos alcanzaron a salir a tiempo, desbandada que los unió con sus antagonistas eternos, aquí el barco no hacía aguas, pero si se doblaba el estratégico cascarón.

Atrás quedó El Castillo, que no llegó a ser museo ni monumento nacional, sino simple socavón invertido, con las paredes cubiertas de la costra grasosa que dejó tantos años de convivencia entre líderes, ñeros, recicladores, unos al lado de los otros, unos encima de los otros, separados por los tabiques que hacían de una habitación mil habitaciones, como las de cualquier noble residencia. La caída de El Castillo nos acerca, como nunca, al fin de El Cartucho y a la recuperación del centro de Bogotá.

FOTO/Milton Díaz EL TIEMPO.

El Castillo era la última construcción que quedaba en pie en la zona de El Cartucho donde se hará un parque.

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