NIÑOS DESPLAZADOS, DE PASEO

NIÑOS DESPLAZADOS, DE PASEO

Las mamás hicieron una fila a los lados de la calle frente al coliseo Tulio Ospina de Bello, al norte de Medellín, para despedirse de sus hijos con la mano.

22 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Las mamás hicieron una fila a los lados de la calle frente al coliseo Tulio Ospina de Bello, al norte de Medellín, para despedirse de sus hijos con la mano.

Algunos de ellos, niños y niñas de 5 a 14 años, respondían con gran alboroto desde cuatro buses. Adentro se repartían las bombas de colores que colgaban con serpentinas.

Salían de la que desde hace 14 meses -y quién sabe hasta cuándo- es su casa, pero que no es más que un albergue improvisado bajo las graderías del coliseo. Allí fueron a parar después de que la banda de Frank , quemó sus 28 ranchos en el sector conocido como El Esfuerzo.

Pero el miércoles no era día de caras tristes. Los chicos iban de paseo para el Parque Recreativo de Envigado, en el sur del Valle de Aburrá, invitados por 200 jóvenes estudiantes de colegios católicos y universidades que decidieron darles tres días de alegría.

El martes habían ido al zoológico y ya se conocían lo suficiente como para que los más pequeños se dejaran cargar y cogieran de la mano a los mayores.

Regala una Esperanza fue organizado a partir del congreso Convivio en el que jóvenes de noveno a undécimo grado, de colegios católicos nos reunimos para analizar distintos temas del país , explica José Gómez, uno de los organizadores.

Para pagar boletas, comida y transporte cada uno puso 15 mil pesos y consiguió el patrocinio de los niños con la gente en varias parroquias.

Posición frente a la vida.

El tren del parque giraba haciendo sonar la sirena y la campana. Los niños no hacían mucha bulla, pero la fila para el próximo turno era larga.

La rueda de Chicago surtió efectos desastrosos en el estómago de alguno de los mayores y controlar a los pequeños en la zona de brincos fue una tarea ardua para más de uno, pero en general, hasta pasado el mediodía que duró el encuentro, fue divertido.

Convivio es apoyado por una organización católica y algunos integrantes son consagrados es decir, dedican su vida a trabajar con la comunidad. Pero no todos son así.

Camilo Montoya, de 18 años, es estudiante de ingeniería mecánica de la Universidad Pontificia Bolivariana, y luce un arete plateado y un gorro negro de hilo. Para él, lo que hace no tiene nada que ver con la religión, sino con una posición personal.

Unos amigos y yo vamos los sábados al Tulio Ospina. Hacemos vaca y con los niños jugamos con arcilla, fútbol y hacemos aguapanela con pan. También adelantamos algo con los que están estudiando , dice.

Opina que la gente es indiferente con quienes sufren por la violencia. Ellos viven bajo una tribuna. En cada camerino, divididas por unas tablas, viven varias familias. Cocinan con leña. Eso no es una vida digna , dice serio.

Sabe que no cambiará el mundo, pero hace lo suyo.

Cómo ayudo a la mamá del soldado muerto, a la viuda, al huérfano? Uno tiende a pensar que no puede hacer nada, pero liberar a uno solo de un mal, es mucho. Yo puedo enseñarles que hay un mundo fuera de donde viven y enseñarles a afrontar la realidad. Cuando sepan eso, quedo contento , Dice.

Foto:.

Cargar chicos, poner tenis, ir de la mano, reír juntos, fue el programa de grandes y chicos el miércoles en el parque de Envigado, al sur de Medellín. El jueves estuvieron en teatro.

Luis Urrego

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.