NI SOMBRA DE TU SOMBRA

NI SOMBRA DE TU SOMBRA

Ya no queda ni sombra de las telenovelas de Caracol. Después de Caballo viejo un extraño fucú se apoderó de ellas. Cuando intentaron hacer una novela de aventuras, todo terminó en un capitán que sintomáticamente se llamaba Olvido; cuando quisieron revivir el porro, paseándolo por varias regiones del país, el asunto desembocó en un tour de orquesta de caseta. Ahora, en Sombra de tu sombra se han reunido todos los desastres de otras épocas. Para comenzar, la historia da vueltas como uno de sus protagonistas que duró perdido en La Chagua semanas interminables. La líneas dramáticas ( acaso existen?) nacieron desmirriadas, como por ejemplo, la de la maestra Rebeca, flojamente interpretada por Virginia Vallejo quien transcurre su monotonía entre el fantasma de su marido, los cálculos para el tren de su hijo y las pócimas del médico del pueblo. Ni qué decir de Don Ceferino, esa especie de explorador africano con diente de oro que es el malo del cuento y que comete tantas y tan absurdas

11 de agosto 1991 , 12:00 a.m.

Casi todos los personajes son tremendamente fofos, y los libretistas han renunciado totalmente a ubicar la historia en un contexto enriquecido. Los errores del casting son evidentes. Dar el peso del protagonismo a dos actores inmaduros y sin ninguna variedad interpretativa Guillermo Vives y Ana Lucía Callejas era un riesgo que se podía haber evitado. Ni por haber hecho bien un papel ni por ser reina de belleza se garantiza una adecuada interpretación. Constanza Duque trata de sacar adelante su personaje con poco éxito, una mezcla de teniente del Fhrer e institutriz victoriana.

Se constata en la obra una marcada ausencia de dirección de actores mientras que el lenguaje visual transcurre con tropiezos e innecesarios engolosinamientos.

Cuando se suelen hacer críticas a las telenovelas, sus productores, con una falta de reflexión sorprendente, enseña sus índices de audiencia. Los sofistas harían lo mismo. Porque se sabe que actualmente hablar de ratings en una telenovela es una falacia. No tienen enfrentados.

Desde el primero de enero del año entrante cambiarán notablemente las reglas de juego. En época de libre mercado la competencia será despiadada. Los únicos novatos en el género son los de JES, quienes sin embargo ya probaron el fracaso en las dos únicas salidas que han tenido en dramatizados: Huracán y Camila aún se recuerdan por sus tremendos desaciertos.

No es un fucú el culpable de tantas fallas en las últimas telenovelas de Caracol. Se trata de un asunto de enfoque. Porque se han adoptado una serie de estereotipos combinándolos como en una coctelera enloquecida. El resultado de semejantes menjurjes no se deja esperar: puros tragos amargos. En efecto, ha sobrado música, viajes de una región a otra, actores improvisados y ha faltado algo esencial: contar bien el cuento.

Atrás quedaron infortunadamente los tiempos en que las gentes cambiaban sus rituales cotidianos para sentarse con una inmensa alegría a seguir los amores ideales de Monsieur Falla, la golosa del Padre Pío o las procesiones en que llevaban en andas la cama doble de la memorable Tía Cena. Mucho de eso, la misma programadora lo ha vuelto a lograr en su magnífica serie Escalona .

Se ha perdido la potencia narrativa, la intensidad de los personajes. Por lo menos de las telenovelas de esos buenos tiempos ya no queda ni sombra de su sombra.

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