ANTONIO MEUCCI, EL INVENTOR DESCONOCIDO

ANTONIO MEUCCI, EL INVENTOR DESCONOCIDO

Nadie sabe para quien trabaja, dice el refrán que se puede aplicar a la invención del teléfono. Y es que porque no tenía diez dólares para patentar el invento, el italiano Antonio Meucci murió amargado y pobre en Staten Island (Nueva York), mientras el escocés Alexander Graham Bell se llevaba los honores, los dividendos y aparecía en los libros históricos como uno de los más importantes científicos del mundo.

22 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Nadie sabe para quien trabaja, dice el refrán que se puede aplicar a la invención del teléfono. Y es que porque no tenía diez dólares para patentar el invento, el italiano Antonio Meucci murió amargado y pobre en Staten Island (Nueva York), mientras el escocés Alexander Graham Bell se llevaba los honores, los dividendos y aparecía en los libros históricos como uno de los más importantes científicos del mundo.

En 1849, cuando Bell solo tenía dos años, Meucci hacía el primer gran experimento de comunicación telefónica en La Habana (Cuba). El italiano llevaba 14 años en la isla caribeña. Allí había llegado como tramoyista del Gran Teatro de Tacón hoy Gran Teatro de La Habana y su esposa, Ester, era la vestuarista.

Bell patentó el teléfono el 14 de febrero de 1876 y solo esta semana el Congreso de Estados Unidos dio fin a una prolongada querella que desconocía los trabajos de Meucci. El italiano presentó su invento en 1860 en el diario neoyorquino L Eco d Italia -dijo durante la ponencia el diputado republicano Vito Fosella- y 11 años más tarde hizo una petición provisional de patente que no pudo pagar y que expiró en 1874 . Dos años antes del reconocimiento al escocés.

Los titulares más agresivos calificaron como robo a la adjudicación que se le hizo a Bell, pues se dice que este último trabajó en el mismo laboratorio donde Meucci había dejado su material .

Otras publicaciones aseguran que Bell se aprovechó de las necesidades económicas del italiano y le pagó una suma irrisoria con tal de patentar el aparato que hoy tiene más de mil millones de abonados en el mundo.

El precursor.

La casualidad fue la que llevó a Meucci a escuchar los primeros sonidos transmitidos por vía electrónica. En 1835, a los 27 años, llegó a La Habana con 80 miembros de la Opera Italiana. De noviembre a abril se ocupaba de la temporada y el resto del tiempo se dedicaba a reparar los equipos del teatro y a estudiar los últimos experimentos de la entonces nueva ciencia de la electricidad.

Entre sus experimentos estaba la electroterapia, que consistía en usar descargas eléctricas para aliviar dolores de amigos y artistas del teatro. Se dice que le salvó la vida a una conocida cantante llamada Consuelo Ispahan, cuando la aplicó estimulación cardíaca para atacar su parálisis.

Alo, Alo.

Por eso, uno de sus empleados le pidió que lo librase de los dolores que le producía el reumatismo en la cabeza. Meucci le hizo sostener en la mano el mango de corcho de un instrumento con lengueta de cobre e introducirse en la boca otra lengueta similar para pasarle corriente a través del cuerpo. El aparato estaba unido a un banco de pilas.

Meucci tenía un instrumento igual al del paciente para medir la intensidad de la corriente suministrada. La sacudida de 114 voltios hizo que el paciente pegara un grito. Meucci se quedó atónito al escuchar el sonido a través del alambre. El paciente se convirtió en colaborador. El italiano usó conos de cartón y aumentar la distancia de la transmisión. Este es el telégrafo parlante , dijo.

Luego, a comienzos de los 50 se trasladó a Clifton (cerca de Nueva York) y no solo ayudó al independentista italiano Giuseppe Garibaldi alojándolo en su casa sino que usó recursos de la fábrica de velas que montó para colaborar con la lucha que este hizo en Europa contra los ejércitos austriacos.

Casa-museo.

Meucci murió a los 81 años; mientras en los estrados estadounidenses se decidía si se reconocía su demanda contra Alexander Graham Bell. La suerte de Bell parece no tener precedentes, pues no solo ganó esta sino las otras 600 demandas que reclamaban la invención del teléfono, incluida la de Elisa Gray, otro científico que llegó a la oficina de patentes dos horas después de Bell.

Por estos días, en la avenida Tompkins, Rosebank, en Staten Island de Nueva York, la afluencia de público aumenta. La casa museo Garibaldi-Meucci tiene las puertas abiertas para que los visitantes den un tardío reconocimiento al inventor de La llave del nuevo mundo .

Los cambios.

Meucci South, Meucci Labs, Pacific Meucci y Meucci Canada podrían ser las nuevas marcas de multinacionales de comunicaciones que tienen la palabra Bell en sus nombres. Sin embargo eso no va a pasar, según dijo uno de los funcionarios de una empresa telefónica que opera en el país.

Lo que sí ocurrirá, según confirmó Carlos William Gómez -director editorial de Voluntad-, es el cambio en la próxima edición de textos escolares que dan cuenta del invento del teléfono. Actualmente, esa editorial tiene en el mercado 80.000 libros de ciencias y sociales de primaria y secundaria en los que se menciona a Alexander Graham Bell.

Según Gómez, se harán las correcciones para la próxima edición, contarán la anécdota y tratarán de educar en contra de la deshonestidad; pues lo que hizo Bell fue aprovecharse del conocimiento de Meucci .

Cambiar los libros que están en el comercio o introducir anexos representaría unos 20 millones de pesos para Voluntad. Hicimos un sondeo con maestros y ellos nos colaborarán pues en la actual crisis no se pueden botar a la basura tantos libros , agregó Gómez. La nueva edición circulará en septiembre del año próximo.

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