LA COMISIÓN QUE NO MURIÓ

LA COMISIÓN QUE NO MURIÓ

Con un entierro de pobre concluyó en la Cámara de Representantes el largo y agitado trámite del acto legislativo que pretendía eliminar o reformar la Comisión Nacional de Televisión. No es la primera vez que un tema de enorme importancia pública sufre tal suerte debido a la inercia de los congresistas, pues no de otro modo puede llamarse la actitud de aquellos que a última hora se declararon impedidos para votar sobre el tema y así hundieron el proyecto. Es increíble que solo descubrieran su impedimento cuando iba a completarse la segunda vuelta de la reforma constitucional, que por su naturaleza requería ocho debates.

22 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Con un entierro de pobre concluyó en la Cámara de Representantes el largo y agitado trámite del acto legislativo que pretendía eliminar o reformar la Comisión Nacional de Televisión. No es la primera vez que un tema de enorme importancia pública sufre tal suerte debido a la inercia de los congresistas, pues no de otro modo puede llamarse la actitud de aquellos que a última hora se declararon impedidos para votar sobre el tema y así hundieron el proyecto. Es increíble que solo descubrieran su impedimento cuando iba a completarse la segunda vuelta de la reforma constitucional, que por su naturaleza requería ocho debates.

Pero lo anterior no significa que el país deba resignarse a la subsistencia, en sus condiciones actuales, de un organismo que ha mostrado ser inútil, ineficiente, costoso y, sobre todo, ajeno a la misión que le asignó la Constitución de 1991, cuando dispuso que la dirección de la política estatal en materia de televisión estaría a cargo de una entidad autónoma del Estado; o que deba someterse nuevamente y particularmente al sector de la televisión al proceso de dos años, sin certeza de sus resultados, del trámite de un nuevo acto legislativo para acabar con este organismo. Ante la actual coyuntura, parecería que lo que conviene no es modificar aquella norma, que en buena hora buscó independizar la televisión de la politiquería, sino buscar el modo de que se cumpla cabalmente.

En el curso de los debates que concluyeron tan lánguidamente se probó hasta la saciedad que la CNTV no ha cumplido sus funciones en lo técnico, lo financiero, lo legal y ni siquiera en lo administrativo. La corrección de los vicios de la Comisión, su reemplazo por otra entidad, la forma de elección de sus miembros y lo relativo a su organización y funcionamiento se pueden resolver por ley. Ojalá esta sea propuesta, con la urgencia que merece, al comenzar las sesiones del próximo Congreso, el 20 de julio. Porque la televisión requiere un manejo independiente, que la libre de los múltiples intereses políticos y económicos que se mueven alrededor de ella, y que responda a las necesidades de educación, cultura y entretenimiento del pueblo colombiano.

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