TU ES PETRUS!

TU ES PETRUS!

Continúo mi peregrinación de Jerusalén a Roma; de Tierra Santa a San Pedro, antes de llegar a la meta final de mi viaje: la ciudad de Gijón, al norte de España, a orillas del Cantábrico, donde tendrá lugar el II Congreso Internacional de la SIBI, es decir, la Sociedad Internacional de Bioética, fundada por el profesor Marcelo Palacios, de quien recibí la invitación para participar en el Congreso.

15 de septiembre 2002 , 12:00 a.m.

Continúo mi peregrinación de Jerusalén a Roma; de Tierra Santa a San Pedro, antes de llegar a la meta final de mi viaje: la ciudad de Gijón, al norte de España, a orillas del Cantábrico, donde tendrá lugar el II Congreso Internacional de la SIBI, es decir, la Sociedad Internacional de Bioética, fundada por el profesor Marcelo Palacios, de quien recibí la invitación para participar en el Congreso.

Pero volvamos a Roma y, en ella, situémonos, como creyentes en Jesucristo, en la presencia del Papa Juan Pablo II, legítimo sucesor de san Pedro. Recordemos algo de Historia.

San Mateo nos narra en el capítulo 16 de su Evangelio el siguiente hecho histórico, acontecido hace ya veinte siglos. Se encontraba Jesús con sus doce apóstoles en los límites del Norte de Palestina, en la región de Cesarea. Jesús tenía en mente poner al frente de su Iglesia a su apóstol Pedro, a quien precisamente le había cambiado su nombre de Simón por el de Pedro o Piedra, en arameo, ya que ambos significados tenía la palabra Kefas. Quiso Jesús hacer de la fe de Pedro en él, el fundamento de la continuidad y firmeza de la fe de su Iglesia. "Tú eres Pedro, le dice, y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia". Pedro acababa de confesar la divinidad de Jesucristo, diciéndole: "Tú eres el Ungido, el Hijo de Dios".

Y como lo prometió Jesús, así lo cumplió. Dos años más tarde, Jesús ya había muerto y había sido exaltado a la Gloria del Padre. Se apareció a sus discípulos a orillas del lago Tiberíades, en el sitio hoy conocido con el nombre de Tabna, muy cerca de Cafarnaún, el centro de operaciones de las actividades de Jesús. Este pasaje nos lo cuenta san Juan en su Evangelio.

"Después de haber comido, le pregunta Jesús a Pedro: Pedro, me amas? . Sin vacilar responde Pedro. Sí, Señor, tú sabes que te amo. Le dice Jesús: "Apacienta mis corderos". Vuelve a preguntarle Jesús: "Pedro, me amas?". Responde Pedro por segunda vez: Señor, tú sabes que te quiero. Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas". Jesús insiste y le pregunta por tercera vez: "Pedro, me amas más que éstos?". Se entristeció Pedro, viendo que Jesús le preguntaba por tercera vez: Me amas? Y le replicó: "Señor, tú lo sabes todo. Tú bien sabes que te amo". (No añadió: más que estos. Ya había progresado en prudencia). Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas", expresión semita, tomada de la vida agraria, con la cual Jesús le quería conferir la potestad de gobernar a su Iglesia, la comunidad de los creyentes en él. Jesús, antes de morir, se cuida de advertirle a Pedro: "Vigila, Pedro, tus pasos. El Diablo te va a tentar. Con todo, yo he orado por ti para que no desfallezca tu fe. Así, cuando la superes, tú, a tu vez, confirma a tus hermanos".

Es justo y necesario venir a Roma para confesar, a los pies de san Pedro, la misma fe en Jesucristo que el apóstol profesara hace veinte siglos junto al lago de Tiberíades, y que hoy confiesa su legítimo sucesor, el Papa Juan Pablo II.

La fe cristiana es católica vale decir, universal, porque es ofrecida y destinada a todos los hombres y mujeres del mundo , en virtud de su Cabeza, Jesucristo, el Hijo del Hombre e Hijo de Dios. Pero la continuidad y la firmeza de tal fe católica le viene a la Iglesia no sólo por la persona de Cristo, sino por la confesión de fe de san Pedro y de sus legítimos sucesores, allí donde estuviese Pedro como Cabeza y obispo. La legitimidad le viene a Juan Pablo II no por su ubicación en Roma se trataría de una dependencia geopolítica, propia de otras Iglesias, del todo ajena a la Iglesia católica , sino por ser legítimos sucesores de san Pedro.

Lo que hace grande a la Iglesia Católica no son los ciclópeos muros y las columnas salomónicas de la Basílica de San Pedro, sino la presencia real aunque invisible de Cristo, como la fe, también real aunque invisible de los Papas.

Tu es Petrus... Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré mi Iglesia.

Creo en el Jesucristo predicado por Pedro y sus sucesores.

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