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SIN CUESTIONAMIENTOS

SIN CUESTIONAMIENTOS

El presidente Bill Clinton, en medio de la acelerada pérdida de su popularidad, ha tenido al parecer poca fortuna en la selección de candidatos para cargos de importancia, como la Fiscalía General de su país y las vacantes en la Corte Suprema de Justicia. Ahora mismo tuvo que desechar a su primer candidato a una silla vitalicia en la Corte, el juez de apelaciones de Boston Stephen Breyer, y ha dispuesto postular en cambio a la juez de apelaciones del Distrito de Columbia, la abogada Ruth Ginsburg. Ya a comienzos del año había enfrentado una situación similar con la abogada Zoe Baird, a quien no pudo llevar, como era su anhelo inicial, de la Fiscalía General.

Pero no es que el presidente Clinton haya estado errático, o de malas como se dice, sino que ha tenido que poner en juego el celo de sus responsabilidades como postulante para esos cargos. Ocurre que los nombramientos tienen que someterse a la aprobación del Senado, en donde se revisa escrupulosamente su hoja de vida. Y tanto la señora Baird como el juez Breyer han incurrido en algunas fallas legales, como la de no pagar oportunamente las cuotas de seguridad social para el servicio doméstico. Sería más grave que el Senado rechazara sus candidatos por esa causa.

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