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LA VUELTA DEL BOBO

LA VUELTA DEL BOBO

Es como Alicia en el País de las Maravillas: por fin encontramos la solución, pero ese no era el problema. El problema era el desvío de fondos públicos al bolsillo de los políticos. En cambio encontramos el modo de seguir financiando los hospitales, las academias y los orfanatos. Claro que no fue fácil armar ni desarmar este otro lío: - Armarlo tomó una Constitución redactada tan aprisa que olvidó el Plan de Desarrollo hasta 1994. Y un Consejo de Estado que toma cada artículo al pie de la letra: mientras no haya Plan, no puede haber apoyo para las entidades privadas sin ánimo de lucro.

- Para desarmar el lío, se convocó a un concurso de ingenios, hasta lograr que la Constitución dijera lo que había olvidado. Primero el Gobierno trató de hacer valer como Plan lo que no era el Plan. En el Decreto 393 valía como tal cualquier decisión del CONPES o aun la propia Ley de Presupuesto. En el Decreto 777, su sucesor, el permiso del CONPES hacía las veces del dichoso Plan.

Tumbado el 777, vino el shower de recetas. Unas serias, como que el Artículo 355 sólo puede regir a partir del próximo Gobierno, o que cabe tramitar un plan de inversiones en vez del Plan de Desarrollo. Otras ligeras, como que se cuelgue un mico a esta o aquella ley en trámite, que se declare la Emergencia Económica, o que el Estado forme una entidad mixta con cada hospital. Y otras bufas, como sería decretar que los orfanatos ahora tendrán ánimo de lucro, que se adelante el año como se adelantó la hora, que Gaviria renuncie para que pueda haber Plan de Desarrollo, o que en los hospitales, como en las academias, todos sean cuerpos gloriosos.

Hubo pues sudor de los ingenios y lágrimas de los orfanatos (de sangre, ni hablar en los hospitales). Hasta que alguien dio en la idea elemental de reformar el 355 para que las entidades sin ánimo de lucro puedan seguir gozando de sus magros auxilios.

Y los políticos aquellos? Pues con otro tris de ingenio, también seguirán gozando de los auxilios. Los más vivos habían ido a la notaría el 5 de julio de 1991 para crear su entidad pirata con ánimo de lucro. Los más lerdos se resignaron a esperar hasta que, según la nueva Constitución, el Estado pueda contratar entidades sin ánimo de lucro que reúnan dos condiciones: reconocida idoneidad , y actividad acorde con el Plan Nacional y los planes seccionales de desarrollo . Al fin y al cabo la vieja Constitución bajo la cual gozaron 23 años de auxilios les exigía exactamente lo mismo: una entidad digna de estímulo y apoyo , y una estricta sujeción a los planes de desarrollo (Artículo 76).

Que el Artículo 355 prohíbe cualquier donación del Estado? Pues ahora las llamaremos contratos . Que el 137 impide al Congreso Decretar... auxilios... que no estén destinados a satisfacer... derechos reconocidos...? Pues lo mismo impedía, letra por letra, el Artículo 78 de la vieja Constitución.

Que la Carta del 91 tapó los resquicios para que un político le meta uña al presupuesto? Pues aquí van tres: a) Los auxilios departamentales, que antes aprobaba la Asamblea (Art. 186) ahora corresponden al gobernador (Art. 306); b) La financiación de los partidos puede acabar en ayudas a los miembros o candidatos , como dice con descaro el Proyecto de Ley; c) Cualquiera entidad pública puede ahora subsidiar a personas de menores ingresos para el pago de sus servicios públicos domiciliarios (Art. 368).

Así que tuvimos una revuelta civil contra los auxilios, que se llamó la Constituyente. Y como en el verso aquel de don Rafael Pombo, abrimos huecos para votar la tierra que iba sobrando.

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