SONIDOS DE UN PASADO VIVO

SONIDOS DE UN PASADO VIVO

Cuando se habla de teatro ritual, muchas veces nos imaginamos la reposición de ceremonias indígenas. Viento Teatro está inmerso en esa corriente que mira al pasado para encontrar las lecturas de nuestro presente. Pero el de ellos, que es un teatro ceremonial, no es indigenista ni antropológico y mucho menos una copia de las formas estéticas del pasado.

18 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Cuando se habla de teatro ritual, muchas veces nos imaginamos la reposición de ceremonias indígenas. Viento Teatro está inmerso en esa corriente que mira al pasado para encontrar las lecturas de nuestro presente. Pero el de ellos, que es un teatro ceremonial, no es indigenista ni antropológico y mucho menos una copia de las formas estéticas del pasado.

El teatro ceremonial no es un teatro precolombino, que por supuesto ya no existe -dice Alberto Torres, integrante del grupo-. No es un teatro indígena que solo puede surgir de la raíz de la cultura indígena. Tampoco es un teatro indigenista que hace la mueca de las costumbres ancestrales imitando y ofendiendo su identidad. El teatro ceremonial establece perspectivas estéticas de aproximación a la cultura de origen para preservar un diálogo de respeto, un sentido de reflexión desde nuestra propia realidad .

Nacida en la soledad, rayando en la marginalidad y respetando los espíritus de los primeros años, Luz Myriam Gutiérrez y Alberto Torres han compuesto Sei-nake haba sintu (tierra negra madre universal); un poema épico que se verá de jueves a sábado, hasta el 6 de abril, en la sala Mallarino del Teatro Colón.

Un pensamiento de los Kogi, de la Sierra Nevada de Santa Marta, es parte de la cosmogonía que la obra transita en cuatro actos: Solo el mar está en todas partes. El mar es la madre universal. Ella es agua y agua por todas partes. La madre no es gente, ni nada, ni cosa alguna. Ella es aluna, espíritu de lo que va a venir, pensamiento y memoria .

Máscaras, elementos naturales y sonidos que remiten a la naturaleza nos van metiendo en una historia que habla de la memoria y de las verdades del corazón y de la tierra.

Nuestro teatro -dicen los artistas-, tiene una responsabilidad ética y estética con la memoria precolombina, a la que no puede dejar al vaivén de los caprichos, de las frivolidades del consumo o de la tiranía de la globalización .

A la par con las funciones, habrá una exposición de pintura y máscaras míticas. Esta obra fue beca del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, en 1999.

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