GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

Hay un consenso sobre la situación de Colombia: su Estado es débil. Hay una crisis de gobernabilidad. Hay debilidad del Estado, del Gobierno y de la sociedad civil. Proclamar a todos los vientos solo la del Gobierno proyecta una visión recortada del problema. Queremos gobernabilidad democrática, o sea protección de las personas. Ese es el primerísimo deber.

25 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Hay un consenso sobre la situación de Colombia: su Estado es débil. Hay una crisis de gobernabilidad. Hay debilidad del Estado, del Gobierno y de la sociedad civil. Proclamar a todos los vientos solo la del Gobierno proyecta una visión recortada del problema. Queremos gobernabilidad democrática, o sea protección de las personas. Ese es el primerísimo deber.

Solamente una visión integral sobre cómo afrontar esta crisis de gobernabilidad convocará la participación de todos (los colombianos y la comunidad internacional) en la urgentísima tarea de superar tanta impotencia. Esa estrategia integral no implica olvidar las prioridades, pero sí exige no reducir seguridad democrática a represión. Por ahí no es la cosa. Colombia requiere una estrategia política, social, económica, militar y humanitaria para recuperar el orden público. Hay una dimensión internacional en cada uno de esos temas. Cualquier aproximación fragmentada distorsiona el programa de gobierno y desata suspicacias y resistencias innecesarias.

La Constitución de l991- que requiere ajustes- tiene herramientas que deben traducirse en formulaciones legislativas apropiadas. Los gobiernos se han equivocado en interpretarla y no la han desarrollado plenamente. Varias sentencias de la Corte Constitucional indican el camino, aun en materia de seguridad. En ningún caso lo cierran.

Ya hubo impotencia bajo el imperio cuasipermanente del Estado de Sitio. Y a su sombra crecieron todos los factores que han hecho aún más débil la gobernabilidad. Para fortalecer el Estado, el Gobierno y la Sociedad se requiere una Fuerza Pública dotada de todos los elementos (incluyendo los jurídicos) que la hagan eficaz, transparente y admirada por los ciudadanos y la comunidad internacional.

Y, por supuesto, más respeto a los Derechos Humanos y no menos; más respeto a las libertades públicas y no menos; más respeto a la libertad de expresión y no menos; más respeto al imperio de la ley y no menos. Más empleo, menos pobreza, más cobertura social en educación, salud, recreación; más acceso a la administración de justicia, más participación ciudadana, más sociedad civil. Y cero corrupción. La tarea es una: proteger a todos en sus derechos a la vida, a la libertad y a un mínimo de bienestar. Así entiendo el Manifiesto Democrático de Alvaro Uribe.

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