LOS QUE NO QUIEREN CAMBIAR

LOS QUE NO QUIEREN CAMBIAR

Por la mínima diferencia de un voto, y a pesar de tener una juiciosa ponencia favorable preparada por el senador José Luis Mendoza, la Comisión Séptima del Senado hundió el proyecto de ley de facultades para reformar el fútbol, que había sido presentado por el Gobierno siguiendo las recomendaciones de la Comisión de Notables convocada para tal propósito.

27 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Por la mínima diferencia de un voto, y a pesar de tener una juiciosa ponencia favorable preparada por el senador José Luis Mendoza, la Comisión Séptima del Senado hundió el proyecto de ley de facultades para reformar el fútbol, que había sido presentado por el Gobierno siguiendo las recomendaciones de la Comisión de Notables convocada para tal propósito.

Esa es una mala noticia, que reciben con tristeza millones de aficionados que esperaban una muestra clara del compromiso del Congreso con la depuración y recuperación del fútbol en nuestro país. Sin titubeos, es necesario advertir sobre las fuerzas oscuras y los intereses mezquinos que se oponen a la renovación del fútbol, y que no fueron ajenos, tampoco, a este último episodio.

Comentario especial merecen los cuestionamientos que el ministro de Educación, Francisco José Lloreda, formuló sobre la intervención abierta de un senador en el debate sin reparar en sus impedimentos y en su particular vínculo con un equipo del fútbol profesional que, a la postre, colocó su investidura al servicio de la defensa de su propio patrimonio. Estos hechos- ha dicho el Ministro- deben ser investigados en profundidad.

No obstante, también es justo reconocer, en medio de este clima enrarecido, el coraje de dirigentes gallardos y buenos aficionados, que no están dispuestos a abandonar su empeño de dignificar el fútbol, democratizar la propiedad de los clubes, restablecer la dignidad deportiva y empresarial en todos los equipos, recuperar el juego limpio en los distintos frentes, proteger a los deportistas y alcanzar nuevamente el nivel técnico y competitivo necesario para que no sigamos viudos de cupo en los mundiales, condenados a solidarizarnos con el Senegal o el Ecuador de turno, en ausencia de nuestra propia selección.

Es posible que el clima atropellado de fin de legislatura y cambio de gobierno no hubiera sido el más propicio para tramitar facultades extraordinarias en esta materia. Gusta poco el Congreso de brindar este tipo de facultades que, en efecto, deben ser más la excepción que la norma.

Así las cosas, debe ser a la par reto y compromiso del próximo gobierno volver a presentar el proyecto original de la Comisión, insistiendo en las facultades, eliminando los elementos distractores que se introdujeron en el texto en su tránsito hacia el Congreso y rescatando los buenos aportes de la ponencia favorable. Bueno sería que la Comisión se mantuviera convocada para estos efectos y que se estudiaran las posibilidades de armonización de las facultades solicitadas con el articulado del proyecto de ley general del deporte, que empezó su tramitación en la Cámara de Representantes. Las dos iniciativas son necesarias y no son excluyentes.

El Ministro de Educación, quien cumplió con su palabra, dijo que el fútbol colombiano perdió una batalla, pero no la guerra. Añadiríamos que la batalla tampoco se ha perdido. Que se aplazó para la próxima legislatura, enriquecida con este aprendizaje para enfrentar a quienes se empeñan en impedir un cambio constructivo en el fútbol colombiano.

Baste, para concluir, retomar el doloroso historial de Millonarios, cuyo epílogo aún no se conoce después de varios capítulos tortuosos, que han recorrido desde el narcotráfico hasta irregularidades deportivas y administrativas de diversa índole. Hoy, cuando un grupo de gentes de bien ha decidido poner su propia cuota de sacrificio para lograr la recuperación del equipo, se anuncian nuevos zarpazos, amparados en incisos y artículos del laberinto jurídico que demuestra, una vez más, la imperiosa necesidad de conceder al Ejecutivo las facultades en cuestión.

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