CORTÁZAR Y SUS ARMAS SECRETAS

CORTÁZAR Y SUS ARMAS SECRETAS

Para numerosos lectores, lo más perdurable en la obra narrativa de Julio Cortázar (1914-1984) son sus libros de cuentos. Una simplificación injusta, como toda simplificación: los cuentos penetran el cuerpo de sus novelas y se convierten en piezas de un rompecabezas que se hace y deshace constantemente. Constituyen un modelo para armar que exige la participación creativa del lector. Juega e invita al juego. El lector, cómplice de esta aventura creativa, escribe a su manera el texto que le propone el escritor. Siempre hay una puerta abierta para que se deslicen sus conjeturas.

20 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Para numerosos lectores, lo más perdurable en la obra narrativa de Julio Cortázar (1914-1984) son sus libros de cuentos. Una simplificación injusta, como toda simplificación: los cuentos penetran el cuerpo de sus novelas y se convierten en piezas de un rompecabezas que se hace y deshace constantemente. Constituyen un modelo para armar que exige la participación creativa del lector. Juega e invita al juego. El lector, cómplice de esta aventura creativa, escribe a su manera el texto que le propone el escritor. Siempre hay una puerta abierta para que se deslicen sus conjeturas.

Desde la publicación de Bestiario (1951) asistimos a la celebración de un universo que se prolonga en Las armas secretas, Final del juego, Todos los fuegos el fuego, Alguien que anda por ahí, Un tal Lucas y Queremos tanto a Glenda, entre otros libros. Estos cuentos nos devolvieron a Jorge Luis Borges, Roberto Arlt y Felisberto Hernández, pero también a las vanguardias históricas (dadaísmo y surrealismo, sobre todo) que nutrieron la formación del escritor. Nos devolvieron a sus más ilustres y altos predecesores y nos introdujeron en un mundo inequívocamente cortazariano: lo imaginario como simulacro de lo real. En Cortázar, como en Mallarmée, un golpe de dados no suprimirá el azar.

Julio Cortázar se enlaza con la tradición de Lewis Carrol y Raymond Roussel, el non sense y el artefacto poético. Toda la obra cuentística de Cortázar parece un tributo al asombro. Lo inverosímil se vuelve verosímil, lo extraordinario, cotidiano. No en vano, fue el oportuno traductor de Edgar Allan Poe y el admirado lector de Lovekraft.

No hubo en la literatura latinoamericana escritor más vanguardista que Cortázar: se sumergió siempre en lo desconocido para encontrar lo nuevo. En sus cuentos y novelas el jazz se encuentra con el tango y Marcel Duchamp con la música de SchDesde París se tiende un puente que comunica con Buenos Aires. En la totalidad de su obra, los gestos cotidianos se revelan insólitos y la lógica es desmentida por el azar; el tiempo no es una sucesión lineal de acontecimientos sino una experiencia de la conciencia. En fin, la realidad no es lo que entendemos por realidad sino aquello que contiene de extraordinario. La prosa narrativa fluye en cadencias musicales, desafía las expectativas del lector y lo conduce por caminos inesperados e inéditos.

Las armas secretas (1959) contiene apenas una parte del universo cortazariano. El amante desconcertado por las resistencias de la amante, el amor limitado por la insatisfacción incomprensible del deseo. El cuento que da título al volumen nos narra una historia que pasa por la trivialidad de los actos cotidianos y desemboca en el signo trágico de una experiencia traumática. El fantasma de la inhibición sexual tiene sus raíces en la patología.

El fotógrafo que capta unas imágenes callejeras y se obsesiona con ellas, es al final la víctima perpleja de sus obsesiones. La ampliación última de las imágenes reveladas se convierten en un imprevisible cuadro viviente. Recordemos que el misterio de Las babas del diablo dio con razón origen a otro bello misterio: Blow Up, la película acaso más enigmática de Michelangelo Antonioni.

No son pocos los lectores que consideran El perseguidor uno de los cuentos más perfectos de Cortázar. Perfectos y equilibrados. La historia de Johnny Carter, en la que se ha querido ver un homenaje explícito a Charly Parker, no es sólo la historia de un gran músico sino la recreación imaginaria de las elevaciones y caídas del genio creador. Los hallazgos y fracasos del artista nos introducen en el infierno de la locura, pero, patético y sublime, Johnny también suscita en el lector tanta piedad como admiración.

Y no es distinta la piedad que provoca el cuento Cartas de mamá. Buenos Aires y París, el pasado y el presente. Este parecía ser el movimiento pendular de las narraciones cortazarianas. La madre que envejece y habla del hijo muerto como si viviera. La vida de Luis que sigue su curso, el desconcierto de esa carta en la que la madre se confunde altera para siempre la conciencia del personaje. Un solo detalle nimio desata la trama del relato. Trampas del envejecimiento, trampas mortales de la memoria debilitada. De nuevo, la vida de cada día en su tremenda vulgaridad. Y la conciencia que es llevada a los extremos de la confusión y la ambiguedad. Se vive también como se imagina, parece recordarnos Cortázar en este y otros relatos.

El mecanismo de la ficción se apoya siempre en las apariencias de la realidad. Como en Los buenos servicios, donde la vida de una empleada de servicio doméstico pone en evidencia servidumbres y miserias del entorno. Madame Francinet es destinada al humillante cuidado de unos perros en una elegante fiesta burguesa. Nada extraordinario, ni siquiera el hecho de que sea invitada a beber con los señores. Lo inusitado es la propuesta de un servicio que altera toda norma. La simulación y la hipocresía van de la mano. Nuevamente, estamos ante uno de esos ritos sociales que ponen al descubierto rasgos escondidos de la naturaleza humana. Pero la anécdota del cuento no basta. Siempre hay un algo más por revelar.

Lo que maravilla en Cortázar es la manera como el escritor penetra en el lado oscuro y oculto de la realidad. Lo imaginario adopta entonces formas convincentes de realidad. El lector, atrapado en la tela de araña de la ficción, se deja seducir por ésta. En cualquier momento y desde cualquier renglón puede surgir la vuelta que por una vez y para siempre trastocará lo anticipado ha escrito Saúl Yurkievich. Muchos de sus textos apuntan hacia espacios recónditos que son sometidos a lo inesperado, a lo racionalmente inaudito.

Jorge Luis Borges, lector privilegiado y editor de algunos de los primeros cuentos de Cortázar, señaló: Nadie puede contar el argumento de un cuento de Cortázar; cada texto consta de determinadas palabras en un determinado orden. Si tratamos de resumirlo, verificamos que algo precioso se ha perdido . Tratar pues de recontar estos cuentos equivale a suprimir la emoción que nos provoca cada nueva revelación, el asombro casi milagroso que experimentamos en sus finales.

Si se exigiera una actitud, una disponibilidad al lector de estos y demás cuentos de Cortázar, lo recomendable sería cierto estado de inocencia. Abrirse sin prejuicios a lo que narra, aceptarlo como verdadero e incluso como real. El lenguaje, en oleadas sinuosas, va construyendo la historia, ofreciendo asombros. En este viaje sin destino, se puede llegar a cualquier parte. Una constante poética del azar, que en Rayuela determina encuentros y desencuentros, nos recuerda siempre que el territorio de la literatura es el territorio de la libertad de donde nace el juego creativo.

JULIO CORTAZAR.

1914.

Nació el 26 de agosto, en Bruselas (Bélgica). Sus padres eran diplomáticos argentinos.

1951.

Salió su primer libro de cuentos, Bestiario, que pasó inadvertido. Consiguió una beca para estudiar en París, allí trabajó como traductor de la Unesco. Dos años más tarde, se casó con Aurora Bernárdez.

1962.

Publicó Historias de cronopios y de famas y, un año después, Rayuela, novela que vendió 5.000 ejemplares en el primer año.

1973.

Gracias al Libro de Manuel ganó el Premio Médicis en París.

1983.

El autor realizó un último viaje a su país de origen. En Buenos Aires fue recibido por sus compatriotas. Poco después recibiría la nacionalidad francesa.

1984.

Murió el 12 de febrero, en París, a causa de leucemia.

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