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HOY, HOMENAJE A JOHANA

HOY, HOMENAJE A JOHANA

La tragedia que dejó la explosión, ocurrida el viernes, de una bicibomba en el restaurante Josefa de la carrera 33 con calle 48C sur, en el barrio Fátima, no termina.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de enero 2002 , 12:00 a. m.

La tragedia que dejó la explosión, ocurrida el viernes, de una bicibomba en el restaurante Josefa de la carrera 33 con calle 48C sur, en el barrio Fátima, no termina.

Por un lado, los familiares de los heridos esperaban impacientes el parte médico en los hospitales El Tunal, El Carmen y La Misericordia. Por el otro, las familias de quienes murieron en el atentado, lloraban en Medicina Legal, mientras les entregaron los cadáveres de sus seres queridos.

En el barrio donde ocurrió la explosión, el drama era otro: el de la reparación, el de la reposición de ventanales, arreglo de puertas y levantamiento de escombros. No faltaron los curiosos que se acercaron a lo que quedó del restaurante para reconocer el lugar.

Así transcurrió la mañana, de ayer. En la tarde, los escenarios fueron bien distintos. Familiares y amigos de los cuatro patrulleros de la Policía Fiscal y Aduanera y la Escuela General Santander, que resultaron muertos el viernes, se reunieron en el Centro Religioso de la Policía en un acto litúrgico de despedida al que asistieron el ministro de Defensa, Gustavo Bell; el director de la Policía, general Luis Ernesto Gilibert, y el alcalde de Bogotá, Antanas Mockus.

Gilibert recordó el juramento, que hace todo agente, de entregar la vida si es necesario, en el ejercicio de sus deberes. No es la primera vez que la Policía es víctima de la violencia, pero debemos apostarle a la paz , agregó.

Mockus, por su parte dijo que la guerrilla, que ha demostrado que puede hacer daño, ahora debe demostrar que puede hacer el bien .

Mientras tanto, en el sur de la ciudad, a la sala de velación Monte Carmelo, fueron llegando compañeritos de colegio y familiares de Johana Zárete, la niña de 5 años que también perdió la vida en la explosión.

Para hoy, a las 2:30 de la tarde, cuando se realicen las exequias de la pequeña, los vecinos del barrio Fátima tienen preparada una jornada de protesta silenciosa con pañuelos blancos. Johana será sepultada en el Cementerio del Sur.

Al sepelio de la niña no podrán asistir sus familiares más cercanos: su mamá Gladys y sus hermanos Alejandro y Andrea.

La mujer está en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital El Tunal y su pronóstico sigue siendo reservado. Sobre el estado de salud de Andrea, la hermana mayor de Johana, el centro asistencial no dio información.

En el hospital de La Misericordia se encuentra Alejandro, el otro hermanito de la pequeña asesinada. Según los médicos, su estado es crítico pues sufrió trauma craneoencefálico severo y quemaduras graves en el 20 por ciento de su cuerpo.

Retratos hablados.

La Policía Metropolitana, que continúa con las investigaciones sobre la ola terrorista en Bogotá, dio a conocer los retratos hablados de los presuntos autores del ataque.

De acuerdo con la información de las autoridades, el sospechoso de haber puesto la bicibomba frente al restaurante Josefa tiene entre 19 y 20 años; mide entre 1,65 y 1,70 metros de estatura y su contextura es delgada.

Además, sus ojos son claros, la frente amplia, la nariz recta y el cabello ondulado. Según testigos, el día de la explosión vestía pantalón y botas blancas. Llegó al restaurante en la bicicleta, ofreciendo pan.

En el caso del carrito de mercado que fue dejado en la calle 32 con carrera 128, de Fontibón, y que tenía con ocho kilos de explosivos que alcanzaron a ser desactivados, las autoridades informaron que se trata de una mujer de 40 años que mide entre 1,65 y 1,70 metros de estatura. Tiene el cabello ondulado, las cejas escasas y la frente amplia.

Con ayuda de los testimonios de la gente, se logró establecer que el viernes en la tarde ella tenía una balaca y vestía falda de colores.

La Policía dijo que no tiene características específicas sobre el hombre que dejó la bicibomba en la Estación de San Fernando.

Fotos.

- Andrea Lara Daza llora inconsolable ante el féretro del patrullero Luis Gabriel Martínez, quien poco tiempo iba a convertirse en su esposo.

John Wilson Vizcaíno / EL TIEMPO.

- Los vecinos del barrio Fátima dedicaron parte del día a reponer los ventanales rotos.

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