UN AÑO MÁS EN EL INFIERNO

UN AÑO MÁS EN EL INFIERNO

Doña Marleny está alistando una remesa. En una caja de cartón trata de acomodar una bolsa de leche en polvo, un paquete de galletas, dos camisetas, unas medias, un jabón de ropa, unas vitaminas y una carta para enviarle a su hijo, secuestrado en la selva.

28 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Doña Marleny está alistando una remesa. En una caja de cartón trata de acomodar una bolsa de leche en polvo, un paquete de galletas, dos camisetas, unas medias, un jabón de ropa, unas vitaminas y una carta para enviarle a su hijo, secuestrado en la selva.

Marleny la amarra con una cabuya y comprueba que no se pase de dos kilos. Ese es el peso que acepta llevar, por secuestrado, la Cruz Roja a los oficiales y suboficiales que todavía hoy están en poder de las Farc.

Hace un año, ella sintió que se moría. Las Farc dejaron en libertad a 242 policías y soldados, pero se quedaron con su hijo por ser suboficial. Igual que él, otros 44 militares y policías, entre oficiales y suboficiales, permanecen en el infierno del cautiverio por la desgracia de tener un grado .

Y no lo dice con rabia, porque él, el cabo Alberto Marín Franco, haya decidido seguir en el Ejército después de prestar el servicio militar. Lo dice porque ese hecho se volvió en su contra el día en que las Farc devolvieron a sus casas a los militares rasos.

En una carta, me contó que la noche anterior a la liberación de los 242 les ordenaron que botaran todo porque se iban; los sacaron del enmallado y los amarraron con lazos para que caminaran en fila india. De pronto, en un sitio los separaron y les dijeron: ustedes se quedan para el canje , cuenta.

Desde ese día, esa pequeña encomienda que envía cada cuatro meses y las cartas que recibe de regreso son los restos de esperanza que la mantienen viva.

Doña Marleny pasa las horas cuidando a los tres hijos del cabo. El 3 de agosto de 1998, cuando él cayó en un retén de las Farc en Pavarandó (Antioquia), su esposa apenas tenía tres meses de embarazo. Hoy, los gemelos Janier y Carlos Mario, aún no entienden que a su padre lo tienen secuestrado unos señores , como les cuenta su abuela cuando ellos y Yurani, de 5 años, le preguntan cuando va a venir su papá a la casa.

Muriendo de a poquito.

Algunos oficiales y suboficiales ya cumplieron cinco años de estar secuestrados. Este es el caso del teniente Warner Tapias y el sargento Pedro José Guarnizo. Marleny Orjuela, coordinadora de la Asociación de familiares de militares y policías retenidos (Asfamipaz), asegura que esta larga espera se ha convertido en un calvario para las familias.

Algunas mamás y papás no han soportado la pena y han muerto, otros están muy enfermos. La mayoría se están muriendo de a poquito , relata.

Con todo, lo único que no ha muerto es la esperanza y las ganas de luchar hasta lograr la libertad de todos. Con las familias de los diputados secuestrados en el Valle, del Gobernador de Antioquia, de los congresistas plagiados y de Yolanda Pulecio, la madre de Ingrid Betancourt, crearon el Comité Nacional de Secuestrados Políticos.

Esa es nuestra ilusión, no los vamos a dejar allá , dice Marleny Orjuela, quien a pesar de que a ella le liberaron a su primo hace un año no ha abandonado la lucha de las demás familias.

Mientras doña Marleny, la madre del suboficial, pasa las horas cuidando a sus nietos en el barrio Patio Bonito, en el sur de Bogotá, unas cuadras más arriba, Susy Arenas, esposa del capitán Edgar Duarte, vive su propio drama contemplando la foto de su marido encadenado.

El retrato fue una prueba de supervivencia que le enviaron del capitán amarrado con una cadena a un árbol.

El era el comandante de la Policía de Doncello (Caquetá) cuando cayó en poder de las Farc, en octubre de 1998. Aunque la Policía las ha apoyado económicamente, a ella y a su hija de 6 años, la incertidumbre y la espera destrozan su esperanza. No sabemos nada de él desde hace un año. La última carta fue escrita a las carreras en un pedazo de hoja de cuaderno en la que me pide que cuide de nuestra hijita y les dé fuerzas a sus viejos , asegura.

Esta agonía es compartida en Cali por Fabiola Monsalve, madre del sargento de la Policía César Augusto Lasso. Para esta mujer han sido casi cuatro años de terrible impotencia. Pasa los días aferrada a un altar que adecuó en un rincón de su casa para pedirle a Dios que le devuelva a su hijo.

Desde que terminó la zona de distensión no volvimos a saber nada. Por eso leo la última carta que me envió con un compañero liberado para hacerme a la idea de que está bien , afirma.

En el Cauca este mismo drama lo viven diez familias y en Nariño aún se espera el regreso de los cabos Lino José Martínez y Pablo Cabrera Moncayo.

Marleny Orjuela dice que la felicidad de la liberación de hace un año se ha opacado porque el Estado abandonó a los militares regulares. Es contradictorio, mientras hay oficina del Gobierno para recibir reinsertados de la guerrilla, para soldados y policías no hay ningún apoyo. Hoy la mayoría de los que volvieron a la libertad están desempleados , dice.

Al menos, estas 45 familias tienen esperanza. Dos más, ya la perdieron, como las de los cabos Norberto Pérez, el padre del niño Andrés Felipe, que en diciembre murió de cáncer esperando a su papá, y Víctor Marulanda, quienes fueron rematados por las Farc cuando intentaron escapar. Las familias de quienes quedan cautivos ruegan para que su agonía no termine de igual forma.

Información del Valle y Cauca con reportería de TIEMPO Cali.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.