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CUÁNTOS MUERTOS HACEN UNA MASACRE

CUÁNTOS MUERTOS HACEN UNA MASACRE

La prensa describe el ataque de las Farc en Bojayá como una masacre ; el presidente Andrés Pastrana afirma que se trata de un genocidio ; algunos testigos mencionan lo ocurrido como una carnicería .

La prensa describe el ataque de las Farc en Bojayá como una masacre ; el presidente Andrés Pastrana afirma que se trata de un genocidio ; algunos testigos mencionan lo ocurrido como una carnicería .

Algo similar, pero referido a las cifras, sucede con los actos de Israel en Palestina. Algunos lectores se quejan de que en esta columna se haya hablado de 400 muertos en Yenín. Y citan cifras tan buenas, tan malas o tan dudosas como las que, reconozco, puedo yo dar: que más de mil, que menos de 300, que menos de 100, que unas pocas docenas .

Tanto el episodio de Bojayá como el de Yenín amenazan con disolverse en una discusión semántica o aritmética. Reuniendo las dos perversiones, el viceprimer ministro israelí, Natan Sharansky, señala que en Yenín sólo fueron derribadas 95 de 1.100 casas. Es esto una masacre? , pregunta con sorna.

Ignoro si el Derecho Internacional Humanitario ofrece definiciones para las diversas atrocidades que los seres humanos somos capaces de cometer. Podría pensarse que una carnicería es un combate o ataque en el cual se produce un elevado saldo de víctimas mortales. Cuántas? Está por verse. Y que una matanza es una carnicería en la cual una parte lleva ventaja notoria sobre la otra. Y que una masacre es una matanza en la cual se agrega a la desproporción de fuerzas la violación flagrante de elementales normas de consideración y un espíritu contumaz de destrucción. Y que un genocidio es un plan deliberado de aniquilación de un pueblo o una etnia.

De todos modos, se trata de crímenes colectivos infames y repudiables. Eso es lo que importa.

Es peligroso reducir estos hechos a una cuestión de cifras; con semejante recurso se ha pretendido escamotear muchos de los más escalofriantes despropósitos de la Historia. Las cifras acaban por convertirse en comodín para enfriar, exagerar o absolver. Los neonazis aseguran que en el Holocausto no murieron 6,5 millones de judíos, sino apenas un par de millones, como si eso lo hiciera menos espantable. Hace décadas, cuando se desató en la URSS el antisemitismo, algunos patriotas alegaban que en la II Guerra habían muerto 25 millones de soviéticos, lo cual les confería una especie de superioridad moral sobre los judíos, que habían perdido solo una cuarta parte de ellos. Pasado medio siglo, el líder francés neonazi Jean Marie Le Pen afirma que lo de los judíos y los hornos crematorios fue una mera anécdota . Hay, incluso, quienes niegan el Holocausto y lo atribuyen a propaganda sionista .

La aritmética exculpadora de Yenín ofrece el mismo riesgo. El alcalde de la ciudad afirma que el número de muertos puede llegar a l.000 (El País, 20 de abril) y algunos líderes palestinos calculan que murieron por lo menos 500 (The Washington Post, 20 de abril). En el campo contrario, los israelíes barajan cifras contradictorias. El 13 de abril eran 100 muertos palestinos, según el Ejército, y 200, según funcionarios oficiales (The New York Times); pocos días después, el Ejército seguía resucitando muertos: ya solo habían sido 45 (The New York Times, 19 de abril).

Periodistas, observadores internacionales y delegados de ONG tenían una idea distinta. Según un enviado especial español, murieron unos 250 palestinos y -confirmado por todos- 23 soldados israelíes (ABC, 13 de abril). La Comisión de Derechos Humanos de la ONU habló el 15 de abril de cientos de civiles palestinos muertos, incluyendo hombres y mujeres , y el director de la agencia de la ONU para Refugiados Palestinos esquivó los números y optó por la semántica: Estamos ante una matanza . Es difícil precisar el número de muertos, por lo cual 400 puede ser tan exagerado como 200 puede ser corto.

La sustancia del problema no está en la aritmética, ni en la denominación del atropello, sino en los hechos vividos, el espíritu de aniquilación que imperó, los abusos contra civiles y los medios empleados para conseguir el fin militar propuesto. Lo indudable -sostiene The Economist- es que una semana después de la invasión, el barrio de refugiados es un escenario de devastación sin antecedentes en los 34 años de ocupación de Israel .

Los testimonios hablan de jóvenes y mujeres utilizados en Yenín como escudos humanos, civiles asesinados a sangre fría, enfermeras abaleadas cuando atendían a heridos, ambulancias a las que se impidió el paso, niños abatidos cuando llevaban algo de comida a casa, un hombre en silla de ruedas aplastado por un tanque... (The Independent, The New York Times). Toda la verdad no se sabrá nunca, máxime porque Ariel Sharon boicoteó la comisión internacional que iba a investigar los hechos.

Aunque poco interesen a la prensa internacional, los relatos de Bojayá no son menos patéticos.

Todos estos son crímenes miserables (como lo son también los actos de terrorismo palestinos); todos atacan directamente principios elementales de convivencia y dignidad humana; todos merecen el repudio vigoroso de quienes creemos que no hay simpatía política, convicción religiosa, solidaridad racial, excusa semántica ni ecuación aritmética que los atenúe o justifique.

cambalache@mail.ddnet.es

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