LA POESÍA ENTRÓ A LA CÁRCEL BELLAVISTA

LA POESÍA ENTRÓ A LA CÁRCEL BELLAVISTA

Pollos al carbón con sabor a libertad . Así dice el letrero pintado en el muro de un patio de la cárcel Bellavista donde esta semana hizo una parada el XII Festival Internacional de Poesía de Medellín.

28 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Pollos al carbón con sabor a libertad . Así dice el letrero pintado en el muro de un patio de la cárcel Bellavista donde esta semana hizo una parada el XII Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Juvenal Herrera, de Colombia; Neshe Yashin, de Chipre, Natalia Toledo, mujer zapoteca (México) y el argelino Hamid Skif hicieron fila por más de 45 minutos y pasaron de a dos los controles para entrar al centro penitenciario.

Sellos en las manos, huellas digitales, breve requisa, una escarapela naranjada y un número en la memoria para salir.

Al frente de los poetas una fila de cientos de mujeres, todas de falda y la mayoría jóvenes, pasaban a una muy minuciosa requisa.

Adentro un corredor con rejas negras y después del aviso del pollo, rejas azules y paredes blancas. Miradas tranquilas de hombres que esperaban visita.

- Van a predicar La Palabra?, preguntó una mujer mayor. -Son poetas, respondió uno.

La señora se quedó mirando cómo los poetas se perdieron al pasar por una reja que conduce a otra reja.

Momentos después dos cámaras de Bellavista Televisión los recibieron. José Ibáñez, de 33 años, y Arlex Castaño, de 38, enfocaban tras los aparatos, mientras José Fernando Ochoa, un joven con buena pinta, hacía la presentación.

Según dicen, son cerca de 20 los televisores en las cafeterías, sin contar los particulares, todos conectados a la red interna, que transmiten entre 4 y 6 horas diarias producidas por Bellavista T.V.

Uno a uno los poetas leyeron en el interior de la capilla-teatro del penal, frente a 35 internos. Afuera, junto a un jardín y a la entrada de tres patios, caminaban mujeres bonitas y arregladas. Algunas parejas se cogían de la mano. A veces alguna entraba a oír.

En la cárcel la poesía no fue competencia para una visita. Los que asistieron al recital aplaudieron cada poema, sin silbidos, ni exageraciones.

Después de la lectura los poetas fueron a almorzar invitados por algunos reclusos, mientras los demás salieron para cada patio.

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