CUANDO EL TRÓPICO LLEGÓ A ESTOCOLMO

CUANDO EL TRÓPICO LLEGÓ A ESTOCOLMO

Un día después de la ceremonia de entrega del premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, el diario sueco Dagens Nyheler publicó: Las cosas nunca serán como antes en la Sala Azul del Ayuntamiento. No desde que García Márquez y sus amigos colombianos nos mostraron cómo debe hacerse una fiesta Nobel. Los 60 músicos y bailarines de su país natal hicieron que toda esa sociedad pomposa: rey y reina, doctos o incultos, siguieran el ritmo con las manos .

08 de diciembre 2002 , 12:00 a.m.

La fría Estocolmo recibió por unos minutos el calor del trópico, que es, en el fondo, lo que alimenta la obra de Gabo. Los malos augurios del periodista Roberto Posada García-Peña, D Artagnan -quien viajó como corresponsal de EL TIEMPO- anunciaban que por cuenta de los acordeones y el joropo, Colombia haría el oso internacional más grande de su historia. Pero no se cumplieron y el 10 de diciembre de 1982, la rumba se prendió en la corte sueca.

La Negra Grande, Leonor González Mina, encargada de -nunca mejor dicho- romper el hielo, le regaló al periodista un oso de peluche que todavía conserva. La cantante recuerda lo que fueron esos minutos de tensión. Tuve que abrir el espectáculo y el frío me había enfermado. Así que canté como pude, pero no quedé satisfecha. Lo que sí me alegró fue ver la reacción del público. Porque el nombre de Colombia estaba en juego, era Gabriel García Márquez el que ganaba un premio y había que hacerlo quedar bien. Nosotros teníamos que respaldarlo con nuestro folclor .

La idea de la gran delegación fue de Gabo. El presidente de entonces, Belisario Betancur, le tomó la palabra y la directora de Colcultura, Aura Lucía Mera, se encargó de ejecutarla. El resultado fue un vuelo de Avianca cargado de folclor, que tardó más de 20 horas en llevar a Estocolmo, a artistas como Totó La Momposina , Leonor González Mina, el Grupo de Danzas de Barranquilla, los vallenatos, las Danzas de Ingrumá (grupo de música andina) y Los Copleros del Tranquero (que representaban la música de los Llanos Orientales).

En el vuelo iba Consuelo Araújonoguera La comadre Cacica , que tomaba notas del viaje en las que lamentaba mucho haber dejado que los acordeones se fueran entre el equipaje de carga, puesto que la música vallenata parecía ser el mejor antídoto para el aburrimiento de tanto costeño condenado a más de 20 horas de avión. Sin embargo, la parranda comenzó, había suficientes músicos como para que el vallenato sonara a punta de caja, guacharaca y las voces que interpretaban la música de Escalona. También viajaba el fotógrafo Nereo López, que había ofrecido sus servicios gratuitos a cambio de no perderse el acontecimiento. La delegación se dividió en dos grupos -recuerda Nereo-. Los del conjunto folclórico, que nos alojamos en un viejo barco vikingo, adecuado como hotel de estudiantes, y los allegados a Gabo que se quedaron con él en el Grand Hotel .

De las aventuras del primer grupo, Nereo recuerda que los vallenatos iban convencidos de que las suecas se volcarían sobre ellos, por su carácter de amantes latinos . Recuerda haber oído a Poncho Zuleta quejarse: Hermano, ya llevamos tres días y las suecas no han venido a buscarnos . No solo eso, sino que forrados de pies a cabeza -cuenta el fotógrafo- decían que así era muy difícil conquistar a nadie, porque no se sabía si se trataba de un hombre o una mujer .

Los viajeros insistían en comprobar con su propia experiencia, la fama de libertad sexual y mente abierta que tenían las mujeres del país. Su agenda comprendía presentaciones en varios teatros, pero se las ingeniaron para volarse una noche a ver un streap tease. Nos habían dicho que eran los más fuertes de Europa -agrega- y nos dimos cuenta de que las mujeres del Caribe tenían más picante cuando nos topamos con un espectáculo que parecía hecho por niñas de colegio de monjas .

Mientras tanto, Gabo había convertido las flores amarillas en el símbolo de su presencia. Había anunciado que eran su amuelo de la suerte y que mientras llevara una, las cosas saldrían bien. En las primeras imágenes de su llegada al aeropuerto aparecía con un par de rosas amarillas en la mano. El Grand Hotel lo recibió con una suite adornada con ellas. Las flores de ese color en la solapa se convertirían en el distintivo de los allegados al Nobel de Literatura 1982, a la hora del banquete que sucedió a la ceremonia.

Dos días antes, el 8 de diciembre, Gabo había leído ante la Academia Sueca de las Letras, un discurso de 40 minutos titulado La Soledad de América Latina, que despertó aplausos, pero también grandes críticas por su contenido político. Alvaro Castaño Castillo lo seguía a todas partes, grabadora en mano, para conservar en la cinta esos y los aplausos que recibió en el Palacio del Ayuntamiento, donde se entregaron los premios.

Tanto me aplaudieron? -preguntaba Gabo atónito a Castaño cuando escuchaba la grabación- No puede ser! Mutis, el autor de la zaga de Maqroll y monárquico confeso, tampoco se salvó del anecdotario. En pleno banquete, rodeado de protocolo, convencido de que la reina Silvia no lo entendería, se atrevió a echarle un piropo. Más tardó en decirlo que ella en darse la vuelta y darle, en español, las gracias.

Los dos grupos, el folclórico y el de los amigos de Gabo, se encontraron en el banquete. Era la hora del famoso helado Nobel , que tradicionalmente se acompañaba con música de cámara. Nereo y La Cacica, que se quedaron sin credencial por un inconveniente logístico, logran colarse a última hora, con la ayuda de los bailarines que les prestaron sus atuendos: el sombrero del uno, la camisa del otro, el pañuelo del de más allá. El grupo tenía preparado un show para dos horas y les dieron solo diez minutos recuerda el fotógrafo . Pero, en cuanto sonaron los tambores y cantaron La Negra Grande y Totó La Momposina , Se calentaron esos Suecos y dejaron que el espectáculo se alargara hasta casi una hora! En cuanto terminamos, nos anunciaron que el rey estaba tan contento que nos invitaba a todos a cenar .

El único oso colombiano que hubo en Estocolmo, se dio dos días después, en la fiesta que ofreció la Embajada de Colombia en Estocolmo. Así lo relató Germán Vargas, (q.e.p.d) en sus memorias del viaje, compiladas al año siguiente en el libro Aracataca a Estocolmo: El único oso lo hizo el señor embajador al obsequiar a la entrada a la recepción unos encendedores desechables que por un lado tienen esta inscripción: Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura . Y por el otro: Recuerdo de la Embajada de Colombia. Estocolmo, 12 de diciembre de 1982 . Es decir, la fecha de la recepción, ni siquiera la del premio .

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