Secciones
Síguenos en:
FALLECIÓ EL FLACO ARENAS

FALLECIÓ EL FLACO ARENAS

Al día siguiente de cumplir 50 años, una foto de Ismael Enrique Arenas Serrano apareció en la primera página de EL TIEMPO. Y él, con el humor que siempre lo caracterizó, exclamó: Huy, se murió el Flaco Arenas . Eso fue en 1984.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de enero 2002 , 12:00 a. m.

Al día siguiente de cumplir 50 años, una foto de Ismael Enrique Arenas Serrano apareció en la primera página de EL TIEMPO. Y él, con el humor que siempre lo caracterizó, exclamó: Huy, se murió el Flaco Arenas . Eso fue en 1984.

Y lo dijo porque como periodista que había dedicado toda su vida a cubrir informaciones judiciales y a escribir crónicas rojas estaba acostumbrado a ver su firma en un lugar tan destacado del diario, pero no su fotografía.

Hoy su foto aparece de nuevo en la primera, pero no por una buena nueva. A los 87 años de edad, este hombre que trabajó durante 56 años y seis meses en EL TIEMPO, y que llegó a codearse con los magistrados de las altas cortes del Estado, murió ayer por la mañana en Bogotá.

Por cariño siempre le dijeron Flaco . Y con ese nombre vivió no solo su más de medio siglo de periodista, sino otros más como pensionado. Pensionado y no jubilado, porque él nunca descansó.

Era tan delgado que un día, Daniel Samper llevó a sus hijas hasta el escritorio de Arenas en la redacción de EL TIEMPO y les dijo: Si no se toman la sopa, van a quedar como él, flacas y secas .

En 1936 salió de Zapatoca, su ciudad natal en Santander, con rumbo a Bogotá. Llegó a este diario con una carta de recomendación de su hermano mayor, Antonio Vicente Arenas, en ese entonces director del diario Vanguardia Liberal, de Bucaramanga.

Desde ese día se matriculó con las noticias judiciales, campo en el que se destacó por usar técnicas ingeniosas y macabras. Una vez Arenas hizo un contrato verbal con una vecina del Salto de Tequendama. Ella presenciaba todos los suicidios en el lugar, tomaba apuntes, recogía elementos dejados por los desesperados y se los llevaba al redactor.

Y no se quedó ahí. Se hizo experto en cubrir noticias de los juzgados, los tribunales, el Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia. Su habilidad era tal que se adelantaba a las sentencias, olfateaba lo que iba a pasar antes de que los jueces se pronunciaran, y los cuestionaba cuando, a su juicio, se quedaban solo en la letra menuda y no le ofrecían ningún beneficio al país.

Los reporteros decían que el Flaco era un gran maestro. Enseñaba más con el ejemplo que si se sentara a explicarnos todo , recuerda Edgar Torres, hoy editor de Mesa Central de EL TIEMPO.

Arenas era un bohemio, de traje de paño, tirantas y paraguas, que usaba unas enormes gafas semioscuras y era fumador empedernido. Para tratar de dejar el vicio, fumaba un solo cigarrillo durante todo el día. Lo apagaba y lo volvía a prender.

No le gustaba compartir su máquina de escribir. Por eso la dejaba con candado o se llevaba el rodillo para que nadie más la utilizara.

Después del cierre de edición, cada noche, se reunía con sus amigos y compañeros de trabajo ya fuera en el restaurante Internacional o en el Bolo San Francisco. Es que él era un gran aficionado a los bolos y muy frecuentemente regresaba a casa con varios trofeos.

En ese mismo Bolo San Francisco nació la idea de crear el Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB), del que fue además de fundador, jurado e incansable motor, tanto que el CPB ocupó la mitad de su corazón.

La otra mitad era para su familia: Sofía, su esposa, con quien tuvo cuatro hijos: Luis Fernando, Ismael Enrique, María Margarita y Sofi; sus nueras y sus seis nietos.

Falleció en la madrugada del sábado a causa de un paro cardiorrespiratorio, pero según afirmó su hijo Luis Fernando, con el mismo humor de su padre, él padecía de todos los males: tenía insuficiencia cardiaca, efisema pulmonar, bloqueo arterial, en fin era como un huevo batido .

Premios? Se pierde la cuenta. Tal vez el que más lo enorgulleció aunque muy en silencio porque temía parecer uno de esos lagartos que siempre aborreció- fue la Medalla Guillermo Cano, que le otorgó el CPB a la vida y obra de un periodista.

Sus exequias serán hoy a la 1 de la tarde en la iglesia de Santa Clara (carrera 8 No. 98-31) y luego será cremado en los Jardines del Recuerdo.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.