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SIETE PRINCIPIOS DEL BUEN CIUDADANO

SIETE PRINCIPIOS DEL BUEN CIUDADANO

El cachaco Juan Agustín Carrizosa decía que los bogotanos somos una especie en vía de extinción. Y está en lo cierto. Pero si no nos hemos extinguido, porque todavía quedan semillas cachacas que se reproducen, sí hemos perdido la voz y el interés por una ciudad que ya no nos pertenece; ni les pertenece a los millones de residentes que se vinieron de la Costa, de las montañas antioqueñas, del occidente, del oriente, de las selvas amazónicas, de la zona cafetera. Se establecieron aquí, hicieron un nombre, forjaron un futuro, se enriquecieron, sin haber pensado en Bogotá como una ciudad acogedora, sin haberla mirado con los ojos del corazón. Esos los dejaron en su terruño, a donde corren a refugiarse periódicamente, para escampar del horror en que se ha convertido Bogotá, un hervidero de problemas que se multiplican de continuo, porque no cesa el éxodo de la provincia hacia la capital en busca de oportunidades que aquí, desde hace rato, escasean porque la demanda centuplica la oferta.

A simple vista la campaña puede parecer elemental o impracticable, dada nuestra habitual falta de voluntad para ser solidarios; pero si las autoridades se empeñan y las empresas públicas apoyan con sus patrocinios el despertar del espíritu cívico, la ciudadanía terminará sensibilizándose, en beneficio propio. Como ha sucedido otras veces cuando el alcalde de turno ha repicado duro. Como lo hizo, por ejemplo, el doctor Virgilio Barco, quien tuvo que preparar la ciudad para la visita del Papa Paulo VI. El eslogan de entonces, cuando toca, toca tocó la sensibilidad de los ciudadanos; y creo que cada cual hizo algo para que la ciudad estuviera presentable en ocasión tan memorable.

Hoy, por desgracia, la situación es más difícil, no hay presupuesto para obras, la corrupción germina como maleza en todas las esferas y el desencanto, la desconfianza y la frustración de los ciudadanos son casi imposibles de vencer.

Pero habrá que empezar a hacer algo; debemos contagiarnos de esperanzas para combatir este ambiente tan angustioso y tan negativo. Si Medellín, en peores condiciones, lo pudo, por qué no movilizarnos también aquí?

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