11 - S

11 - S

La semana pasada fue luctuosa y, al mismo tiempo, rica en toda clase de reflexiones y análisis sobre un episodio que partió la historia contemporánea y, en la práctica, trazó los rumbos de lo que nos deparará el tercer milenio.

16 de septiembre 2002 , 12:00 a.m.

La semana pasada fue luctuosa y, al mismo tiempo, rica en toda clase de reflexiones y análisis sobre un episodio que partió la historia contemporánea y, en la práctica, trazó los rumbos de lo que nos deparará el tercer milenio.

Hace un año estrenamos una nueva referencia no solo cronológica sino geopolítica, económica y cultural: antes y después del 11-S. Tanto que ya muy pocos ignoran su significado y menos su influencia en la constitución de un nuevo orden mundial . Además, nos notificó que sigue viva la fábula según la cual un escorpión puede derribar un elefante y, por consiguiente, el llamado sueño americano y su mastodóntica fortaleza eran vulnerables y con mucho barro en sus pies. Y, también, que su tabla de valores, su hegemonía y sus proyectos planetarios ya no serán los mismos.

La realidad ha enseñado a Occidente que los bombardeos espaciales , los rayos láser, la facultad de alterar el tiempo meteorológico y, tener por lo tanto, control espacial del mundo pueden convertirse de pronto en meras cenizas. Bastó la decisión fundamentalista de un puñado de pilotos suicidas para que tuviese viabilidad una reedición, pero monstruosa, de David y Goliat. Porque eso es el terrorismo: una amenza asimétrica para decirlo en el lenguaje de los militares.

En términos más trascendentales podría afirmarse que el 11-S planteó una ecuación muy diferente a la tradicional -poderosos versus indefensos- consistente en un enfrentamiento hasta hoy desconocido: teología contra tecnología. William Cohen, Secretario de Defensa de Clinton, no ha vacilado en graficar la alarma: tal vez el próximo ataque incluya un agente biológico contagioso transportado hasta nuestro suelo o nuestro espacio aéreo en una maleta o una botella . En adelante todas las catástrofes serán posibles.

Simplificar sus graves consecuencias es actitud torpe y peligrosa si se hace con criterio inmediatista como si fuese una guerra entre buenos y malos que finiquitaría con solo borrar del mapa a los ejes del mal . Es absurdo seguir agitando la tesis imperial del Presidente Bush quienes no están con nosotros, son terroristas . Más aconsejable, acudir a los enfoques de quienes por ser pensadores de la más alta categoría nos pueden servir de guía, sin sentirnos estorbados con sus respectivas matrículas ideológicas. Veamos: Francis Fukuyama opina que Osama, Al Qaeda, los talibanes y su islamismo radical representan desafíos ideológicos más duros que los ofrecidos en su momento por el comunismo. Según Umberto Eco, Occidente ha dedicado fondos y energías para estudiar usos y costumbres de los otros pero nunca nadie ha consentido interesar realmente a los otros a estudiar los usos y costumbre de Occidente . Alain Touraine considera que todos tenemos la responsabilidad de evitar un enfrentamiento cada vez más catastrófico entre un poder absoluto y unos desarraigados sin esperanza .

Mientras se conmemora este trágico aniversario el panorama de Occidente se combustiona y fragmenta. La Alianza parece flaquear. Europa cuenta con una larga lista de reclamos al comportamiento injustificable de Estados Unidos referentes, por ejemplo, al Protocolo de Kyoto, la no ratificación del Pacto de Río sobre diversidad, su retiro del Tratado Antimisiles, su oposición a la prohibición de minas terrestres, su tratamiento a los prisioneros de Guantánamo, Corte Penal Internacional, su rechazo a tomar nuevas medidas en la Convención de la guerra biológica.

Confiemos en que la guerra preventiva propuesta por el gobernante de la hiperpotencia se quede en amenaza y retome el camino de la disuasión.

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