ROSARIO DE PERLAS

La tesis de que al idioma sólo deben incorporarse vocablos foráneos ante carencias irremediables en el propio, que he defendido y seguiré defendiendo en esta columna, desde luego no es mía, sino producto de la lógica linguística más elemental.

22 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

La tesis de que al idioma sólo deben incorporarse vocablos foráneos ante carencias irremediables en el propio, que he defendido y seguiré defendiendo en esta columna, desde luego no es mía, sino producto de la lógica linguística más elemental.

Recuerdo que en cierta ocasión, hace ya muchos años, el profesor Luis López de Mesa pidió reemplazar el bulldozer por la topadora. Nadie le hizo caso y entre nosotros se le siguió dando la denominación inglesa al potente aparato demoledor. Y el ilustre profesor se ganó una alegre mamadera de gallo, dado el renombre que se había ganado por su lenguaje algo peregrino y ampuloso. Contaba el inolvidable Klim que en una fiesta de bodas, en la que el invitado de honor era López de Mesa, le fue ofrecida la primera lonja de ponqué y el Profesor de manera galante la rechazó con estas palabras: "Naturalmente la primera tajada de torta es para que "la deglutan los nuptos". Todo fue confusión y desconcierto entre los concurrentes hasta que algún invitado erudito les explicó que lo que el Profesor había querido decir era que la primera rebanada de torta estaba destinada a que la comieran los contrayentes.

Pero volviendo a nuestro asunto, el sabio Profesor tenía razón. Tanta, que en las últimas ediciones del DRAE viene topador o topadora en la acepción de "Pala mecánica acoplada frontalmente a un tractor de oruga que se emplea en tareas de desmonte y nivelación de terrenos". Y agrega con muy buen criterio la vigésima primera edición: "Por extensión, el tractor mismo". Con ello está claro que en castellano nos sobra el bulldozer. Sin embargo, vean ustedes, queridos lectores, las inconsistencias de la venerable Academia. En la vigésima segunda edición, la topadora es únicamente la pala delantera. Y en cambio, mete de manera innecesaria la voz bulldozer, advirtiendo, por supuesto, que es inglesa, y dando la definición del aparato completo: "Máquina automóvil de gran potencia, provista de una pieza delantera móvil, de acero, que le permite abrirse paso removiendo obstáculos".

Para la próxima edición, señores académicos, bastará que engloben las dos definiciones de topadora que están en la vigésima primera y así podrán desterrar definitivamente el bulldozer de las páginas del DRAE.

* * * *.

Y sigamos con el DRAE. Incluyó el casete en sus páginas. Será muy problemático que los hispanohablantes nos quedemos con la grabación y la cinta?

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