EL DOMADOR DE BURROS ESTÁ CANSAO

EL DOMADOR DE BURROS ESTÁ CANSAO

Después de 35 años de recorrer pueblos olvidados y barrios peligrosos, a los que la policía recomienda no entrar después de las 6 de la tarde, el circo Siquis está a punto de recoger su carpa y no abrirla más.

30 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Después de 35 años de recorrer pueblos olvidados y barrios peligrosos, a los que la policía recomienda no entrar después de las 6 de la tarde, el circo Siquis está a punto de recoger su carpa y no abrirla más.

Estos podrían ser los primeros pasos para poner fin a una tradición circense en la Costa Caribe: los espectáculos que los mini circos ofrecen en los barrios pobres y sectores marginales de la región.

En las últimas semanas, al circo Siquis se le vio en Molineros, un corregimiento de Sabanalarga (Atlántico), en donde el inspector suspendió el espectáculo el fin de semana de las elecciones presidenciales, argumentando la Ley Seca que por esos días regía en todo el país.

Debajo de una carpa remendada, estaba su dueño Luis Olascoaga Díaz, un hombre de 60 años al que las tristezas que arrastra no logran trastocarle su sonrisa y amable voz. En tono desconsolado al recordar la noticia del inspector dice: "mijo este negocio lo que trae es paz, pero de ganancias no deja ni aplausos".

El es el jefe de un clan de cirqueros únicos, todos hijos suyos, a quienes les salieron los dientes mirando payasos, malabaristas, trapecistas, bajando y montado carpas y recorriendo caminos de herradura para llegar a pueblos que no aparecen ni en los mapas de la Costa, Santander y parte del Urabá, montando espectáculos en terrenos baldíos.

En estos ocho circos no hay tigres de bengala, leones ni osos, pues el presupuesto no les alcanza. Los Olascoaga se dedican a enseñarles a los burros a saludar, a bañarse , a bailar champeta o el pirulino , a lanzar patadas como karateca o a dar besos a los asistentes (ver recuadro).

Esta familia la integran 16 hijos, 60 nietos y 20 bisnietos y todos están metidos en el negocio. Los niños hacen las veces de contorsionistas, malabaristas, payasos, trapecistas y asistentes de los actos de los adultos, que incluye a los yernos y yernas. Ellos se ocupan de los actos centrales con los burros y las presentaciones de magia, ilusionismo, equilibrio sobre la cuerda floja o se disfrazan de payasos.

Ya repartí la herencia. Les fui montando su carpa a cada uno y enseñándoles a domar los burros , dice el viejo Olascoaga, quien hace un esfuerzo para recordar el nombre de los circos y pueblos donde a veces pasan largas temporadas.

En San Juan (Bolívar) está Hola , que es de Eladio; en Baranoa (Atlántico) Tico , de Mario; en la vía a Lorica (Córdoba) Fray , de Luis; en Cereté (Córdoba) Circo Rodante de Colombia , de Gloria; en la vía a Sincelejo (Sucre) El Triunfo , de Jamer, y en Manatí (Atlántico) Golf , de Golfredo. Los otros se denominan Tico o Hermanos Olascoaga , como se llamaba en un principio el mío", dice.

Se abre el telón.

Luis Olascoaga recuerda que a mediados de los 50 se fue de su casa en Cereté (Córdoba), detrás de un circo en donde se inició como capataz, luego trapecista y acróbata. Ahí fue conocido como Luisín . Hoy añora esos tiempos, su panza pronunciada y los años acabaron con la flexibilidad del gran artista, pero aún se resiste a salir del espectáculo y ahora es el ilusionista de la compañía.

Su esposa Juana Mendoza, que lo acompaña en todas las correrías y con quien se conoció en un circo, en el que ella actuaba como trapecistas, dice que sus 16 hijos nacieron en la carpa, sin ayuda de comadronas: llegaron como Dios los mandó al mundo .

Y es que de las piruetas sexuales después que terminaba la función, según lo afirma Juana, salieron: Gloria Amparo, trapecista, mujer foca y contorsionista; Luis, payaso; Mery, contorsionista; Nemías, equilibrista; Golfredo, hombre foca; Eberth, trapecista y payaso; Mario, payaso; Sandro, malabarista; Miryane, equilibrista; Jorge Luis, payaso; Jáner, trapecista y payaso; Gisela, contorsionista; Juana, equilibrista; Cándida, contorsionista; Ruby, equilibrista y cuerdista, y Jalil, el menor de todos, cuerdista y malabarista.

Juana es la encargada de la boletería, hace tres años que dejó de hacer el trapecio y su número de las trenzas (consistía en elevarlas y girar la cabeza de un lado para otro), para ayudar en la taquilla. Vende golosinas, crispetas que ella misma prepara, y organiza la función. Ya me duele el corazón , dice refiriéndose a una afección cardiaca detectada.

En estos momentos trabajan en el circo Siquis , los dos hijos menores, uno de ellos se encarga de la burra Lolita , la estrella, y 8 nietos. La entrada para niños cuesta 700 pesos y la de los adultos, 1.000. Pero hay días en que toca hacer promoción y bajarla a 500 pesos. En un día bueno consiguen hasta 80 mil pesos.

Luego de la función, la carpa se convierte en el hogar de los Olascoaga. Allí los niños hacen tareas, que ellos mismos les ponen, juegan y duermen, mientras que Juana cocina y Luis saca cuentas y planea cual será el nuevo pueblo que visitarán.

Los hombres o mujeres que se han fijado en un Olascoaga Mendoza, tarde o temprano, terminan como ellos: convertidos en artistas, viviendo en uno de los circos y recorriendo pueblos olvidados hasta de la mano de Dios.

Es la historia de Blas Pacheco Díaz, quien lleva casado 26 años con Gloria, y siete en la actuación. El hombre se ríe cuando asegura que sus nueve hijos, entre ellos cinco niñas, garantizarán espectáculo circense para rato, tal como lo hizo su suegro.

Aunque sobre el futuro no todos son tan optimistas, pues por la crisis económica y el orden público ya no pueden movilizarse por todas partes y sienten el cierre muy cerca.

Los últimos días.

Los esposos Olascoaga ya están cansados. "Sigo en el circo porque con esta cantidad de familia no sé qué más hacer", dice Luis, mientras mira a sus nietos corretear dentro de la carpa.

Los miembros del circo Siquis no cuentan con ninguna seguridad social y duermen en el pueblo que los coja la noche buscando el cariño de la gente.

Con tantos problemas de violencia ya la gente no ríe, todo el mundo tiene miedo y hay personas que no nos quieren porque somos maromeros ", dice el veterano.

Su anhelo es conseguir una casa donde pueda recogerse con su esposa, terminar de criar a sus dos últimos hijos y a los ocho nietos que tiene a su cargo.

A veces siente que sus fuerzas flaquean y que se acerca el día de su retiro, pero los pensamientos sombríos se alejan cuando el viejo mira los rostros de los niños esperando ansiosos la aparición de los burros que bailan y los trucos de magia del ilusionista. En esos momentos sabe que no podrá dejar de lado lo único que ha hecho en los últimos 35 años de su vida.

EL BURRO ESCAMOSO.

Lo que más atrae a la gente de Manatí (Atlántico) de la función del circo Golf es la presentación de Pedro el escamoso , el burro que baila el pirulino , champeta, tira patadas como karateca y besos a los asistentes. Todo esto por 500 pesos.

Golfredo Olascoaga Mendoza, dueño del circo dice que Pedro es hoy la estrella, lo compró por 10 mil pesos cuando el animal iba rumbo al matadero clandestino de equinos.

El viejo Luis Olascoaga, padre de Golfredo, dice que adiestrar burros es tedioso, pues es un trabajo que necesita dos o tres meses a solas con el animal, hasta que aprende a tirar patadas de karateca. Y para enseñarle a bailar champeta toca encerrarse en la carpa, poner música y menearse con el burro.

Lo demás lo aprende a punta de varitas y estímulos , dice Olascoaga, quien ha entrenado a la mayoría de los burros que hay en los circos de sus hijos.

Los niños y adultos en Manatí hacen fila para ver el número especial de Pedro , quien en cada función es presentado como toda una estrella: Lleeegaaaa... el buuurrooo escamoso! . Y la lluvia de aplausos no se hace esperar. "Ya comenzó el circo", dice Luisa Cadavid, una profesora que vive a dos cuadras de donde está la carpa, pero desde donde se escuchan los aplausos y gritos de los niños.

El animal camina lentamente al lado de Isaías, vestido esta vez de payaso. Salude al respetable y Pedro levanta su pata delantera derecha. Una muestra de karate , le ordenan y estira la pata trasera derecha. A buscar al que no pagó la boleta y entonces va y se acerca al espectador que se coló .

Luego, suena el pirulino o champeta y comienza el baile en dos patas, apoyado en su parejo. Nuevamente la histeria se apodera del público y la profesora solo atina a decir: Ya comenzó el burro a bailar .

FOTO/Alfonso Cervantes EL TIEMPO.

1- Luis Olascoaga y su esposa Juana Mendoza dieron origen a la familia más numerosa de cirqueros de la Costa Caribe.

2- El mayor atractivo del circo Golf , es el burro que baila champeta y el el pirulino .

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