INDIGENTES, A LA DERIVA

INDIGENTES, A LA DERIVA

En los dos corredores húmedos y oscuros que siempre estuvieron abiertos a los indigentes, que llegaban para consumir vicio en esa zona del centro de la ciudad, hoy se levantan cuatro rejas con barrotes de hierro. Adentro, todo desapareció bajo los golpes del taladro, el cincel y la almadana.

23 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

En los dos corredores húmedos y oscuros que siempre estuvieron abiertos a los indigentes, que llegaban para consumir vicio en esa zona del centro de la ciudad, hoy se levantan cuatro rejas con barrotes de hierro. Adentro, todo desapareció bajo los golpes del taladro, el cincel y la almadana.

Eso es lo que queda de Las Cuevas , el inquilinato ubicado en Barrio Triste, de donde fueron sacados hace tres meses más de 250 indigentes que encontraban allí refugio para darle rienda suelta a su adicción a las drogas.

Pero el desalojo y la demolición trajeron consigo un nuevo problema. Los indigentes que frecuentaban el lugar permanecen en la orilla del río Medellín, frente a la plaza de toros La Macarena, y la administración municipal no ha logrado reubicarlos, como dijo que iba a hacerlo el alcalde Luis Pérez, cuando anunció el fin de Las Cuevas .

El Municipio firmó un convenio por 130 millones de pesos para la atención de 250 indigentes durante cinco meses y seis días, con la Granja Comunitaria Santa Teresa. El primer grupo de indigentes fue llevado allí el día en que el Ministro del Interior, Armando Estrada Villa, visitó la ciudad para asistir a la Feria de La Macarena, el pasado 16 de febrero.

En la Granja, según el secretario de Solidaridad Social, Jorge Mario Mesa, se mantienen 105 de las 150 personas que fueron llevadas inicialmente. Sin embargo no hay claridad sobre este número, debido a que según el fundador de la institución, Jaime Alonso Velásquez, las personas estables son 180 y cada semana el Municipio está comprometido con llevar a 50 más.

Ellos son inestables.

Es que el manejo de esta población es muy difícil, porque no podemos mantenerlos allí por la fuerza y ellos son inestables, se quedan dos o tres días y luego se van, pero la idea es darles lo mejor, buscando su rehabilitación, que estén en condiciones dignas , afirma Mesa.

Sin embargo hay cuestionamientos sobre la comida, la estructura física y el tipo de tratamiento que están recibiendo los indigentes en esta granja, cuya sede es un antiguo almacén, ubicado en un costado de la variante de Caldas, en el sur del Valle de Aburrá.

Reciben un tratamiento bueno. Nosotros los concientizamos de que la droga los está matando, que vivir sucios, que vivir sin bañarse, es antihigiénico, que se van a enfermar y a morir de vivir así en esas calles , asegura Carlos William Restrepo, director de la Granja en Caldas.

Según Velásquez, los 52 millones de pesos que se acordaron en el contrato como anticipo apenas fueron pagados por el Municipio ayer y, por lo tanto, la institución les ha brindado apenas lo que tiene.

Por su parte, Mesa anunció que consultará con la interventoría si la parte terapéutica y de resocialización se está cumpliendo, porque el hecho de que sean indigentes no significa que se les pueda atender sin cumplir con los requisitos del contrato, pero hasta que se conozca el informe de interventoría, no se pueden hacer señalamientos .

FOTO/Julio César Herrera EL TIEMPO.

Arroz, migas de tostada y un pocillo con aguapanela fue el desayuno que recibieron los indigentes el martes pasado.

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