CUMBRES BORRASCOSAS

CUMBRES BORRASCOSAS

El enfermo se encuentra en tal estado de postración que no puede moverse de la cama; el médico, rozagante, le ofrece un vaso de agua y le recomienda que salga, haga ejercicios y tome aire fresco: Mire no más lo saludable que está él . Algo falla gravemente en las relaciones de clase del planeta Tierra. El enfermo es una mayoría de los habitantes del globo, amenazados por hambre e infecciones de toda índole. El médico son los países ricos, que le recetan privatizaciones y libre comercio. Y el agua es la ayuda internacional, un vaso cada vez más menguante y sujeto a condiciones.

23 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

El enfermo se encuentra en tal estado de postración que no puede moverse de la cama; el médico, rozagante, le ofrece un vaso de agua y le recomienda que salga, haga ejercicios y tome aire fresco: Mire no más lo saludable que está él . Algo falla gravemente en las relaciones de clase del planeta Tierra. El enfermo es una mayoría de los habitantes del globo, amenazados por hambre e infecciones de toda índole. El médico son los países ricos, que le recetan privatizaciones y libre comercio. Y el agua es la ayuda internacional, un vaso cada vez más menguante y sujeto a condiciones.

Así se ha demostrado en el baile de cumbres mundiales para el desarrollo, la última de las cuales finaliza en Monterrey (México). La ayuda externa del mundo industrializado, en efecto, se queda corta cuando se compara con las dimensiones de la pobreza y la profundidad de la crisis de los países en desarrollo. En el caso de América Latina, esto se apreció por los sombríos vaticinios que los ministros de hacienda del hemisferio escucharon la semana pasada en Fortaleza (Brasil), durante la asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Según aquellos pronósticos, la economía regional seguirá estancada este año y solo tendrá una ligera recuperación en el 2003.

Es difícil llevar las cuentas sobre reuniones de esta y parecida índole. En cambio, sí existe una contabilidad clara sobre las tristes cifras de la ayuda internacional. En 1991, esta suma llegaba a 60.000 millones de dólares; ocho años después, a duras penas arañó los 53.000 millones. Esto significa que el porcentaje promedio del Producto Bruto Interno que dedican los países ricos a los pobres bajó del 0,35 al 0,22 en los años 90. El ejemplo del Africa es patético; diezmado por el hambre, el sida y las guerras, en 1990 recibía 32 dólares per cápita de ayuda; en 1998, había descendido 19, mientras los precios internacionales de sus productos agrícolas se reducían en una cuarta parte.

Las cumbres que no son mezquinas resultan ilusas o engañosas. La famosa Cumbre del Milenio se comprometió a reducir la pobreza a la mitad para el 2005. Los líderes mundiales han aceptado en Monterrey que eso será imposible. Sin embargo, la meta no es imposible. Kofi Annan, secretario general de la ONU, demostró en México que se alcanzará el propósito si las naciones adineradas duplican sus aportes hasta los 50.000 millones de dólares anuales. Lo imposible es pensar que los países ricos hagan semejante sacrificio o abran más sus mercados. Si los países desarrollados redujeran a la mitad las barreras comerciales para productos agrícolas y textiles, los ingresos del mundo en desarrollo aumentarían en más de 200 mil millones de dólares en los próximos 15 años. Cuánto no ayudaría esto a un país como Colombia que, según el BID, tiene hoy los mismos niveles de pobreza de hace 10 años?.

De hecho, en 1970, la ONU planteó como proporción deseable de ayuda externa un 0,7 por ciento del PBI. Treinta años después, solo cinco países -Dinamarca, Holanda, Suecia, Noruega y Luxemburgo- alcanzan este mínimo. El menos generoso es Estados Unidos, cuya ayuda externa cubre apenas el 0,1 por ciento.

Tan penosa cifra inspiró al gobierno de George W. Bush a presentar en Monterrey un improvisado plan para doblar en cuatro años los 10.000 millones de dólares que hoy concede. Pero no será una ayuda desinteresada, pues solo se otorgará a países que observen tres condiciones. Las dos primeras, comprensibles, son evitar que los recursos caigan en el barril sin fondo de la corrupción y la burocracia de los países atrasados, y la prelación a inversiones sociales y educativas. La tercera encierra una carga ideológica que borra todo matiz filantrópico: los beneficiarios deberán promover los valores del capitalismo .

Exactamente cuáles? Los que nos han conducido a un mundo partido en dos, ejemplo de egoísmo e insolidaridad? Los que exigen la globalización de los capitales pero obstruyen la globalización del trabajo? Los que han llevado a un descenso de los fondos de ayuda internacional y a un aumento escandaloso de las ventas de armas a los países menesterosos, como lo denunció en México un delegado británico? La condicionalidad de la ayuda económica a una supuesta certificación en la política tiene un injusto tono intervencionista y podría servir para frenar las ayudas.

Menos cumbres cargadas de retórica y más solidaridad práctica sería la receta adecuada para ayudar a curar los males del pobre mundo pobre.

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