UNA ACTIVIDAD ADMIRABLE EN LA DARÍO ECHANDÍA

UNA ACTIVIDAD ADMIRABLE EN LA DARÍO ECHANDÍA

Al contabilizar la Biblioteca Darío Echandía del Banco de la República 2.500 lectores diarios, 54.000 mensuales y 460 mil al año, se tiene el panorama de una conducta alentadora por ser parte del ejercicio de la juventud desde sus grados escolares hasta el nivel universitario. Todos acuden a beber parte de la información que tienen sus 43.300 volúmenes, sin contar aquí toda la hemeroteca y los centenares de libros, periódicos y revistas que tiene el Centro de Documentación Tolima como especializado en asuntos de la región. Esta biblioteca que tiene ya 18 años de fundada, ha venido dinamizando, desde los días de su primer director, Polidoro Villa, hasta los últimos cuatro años del consagrado escritor y pintor Benhur Sánchez Suárez, toda una política en el campo educativo y cultural que, en particular él, ha sabido colocarle con su entusiasmo desbordado y siempre atento.

03 de septiembre 2002 , 12:00 a.m.

Al contabilizar la Biblioteca Darío Echandía del Banco de la República 2.500 lectores diarios, 54.000 mensuales y 460 mil al año, se tiene el panorama de una conducta alentadora por ser parte del ejercicio de la juventud desde sus grados escolares hasta el nivel universitario. Todos acuden a beber parte de la información que tienen sus 43.300 volúmenes, sin contar aquí toda la hemeroteca y los centenares de libros, periódicos y revistas que tiene el Centro de Documentación Tolima como especializado en asuntos de la región. Esta biblioteca que tiene ya 18 años de fundada, ha venido dinamizando, desde los días de su primer director, Polidoro Villa, hasta los últimos cuatro años del consagrado escritor y pintor Benhur Sánchez Suárez, toda una política en el campo educativo y cultural que, en particular él, ha sabido colocarle con su entusiasmo desbordado y siempre atento.

Todos los días de la semana tienen su encanto en esta biblioteca. El lunes la gente busca la ocasión de escuchar la historia del arte moderno, el martes está dedicado a un taller literario, el miércoles a los conciertos de jóvenes talentos, el jueves es el encuentro con la poesía y el viernes están los narradores en escena con lanzamiento de libros, lecturas de cuentos y conversatorios.

Aquí, por ejemplo, en lo que va corrido del año, se han presentado nada menos que doce libros, lo que indica una cifra récord de dos volúmenes mensuales para cualquier ciudad intermedia. De otro lado, como si fuera poco, en la sala de exposiciones pueden encontrarse muestras antropológicas del Museo de Oro o talleres especializados en bibliotecas públicas, para directores de bandas o cursos de arte que van desde el color, al dibujo o a la anatomía.

Esta necesidad de información y conocimiento que cubre a la juventud o a los adultos que, en calidad de préstamo, pueden llevarse los libros a sus casas, es un ejemplo que seguramente pueden estar imitando las bibliotecas públicas de los barrios o los municipios, los que requieren de mucha atención para servir de manera eficaz a la ciudadanía. Ojalá pretendiéramos acercarnos a los premios internacionales que gana Bogotá, cuyas grandes bibliotecas se multiplican cada día. La alegría de leer no sólo forma sino transforma y la alegría de aprender parece ser de las pocas que quedan en un mundo asfixiado por la injusticia social.

* Escritor

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