U N A N U E V A V I S I O EL CIRCO DEL

U N A N U E V A V I S I O EL CIRCO DEL

Es mejor alimentar hombres que fieras , afirma Guy Laliberté, un canadiense de 31 años a quien le dio por hacer un circo nuevo, sin animales ni payasos. Se llama Le Cirque du Soleil y como la Sinfónica que Charles Dutoit ha llevado a tal perfección, estas dos instituciones le han dado prestigio mundial a Montreal. La moda del circo hoy, al menos en Estados Unidos, es trabajar bajo techo propio fabricado al efecto. Laliberté prefiere la carpa tradicional, y debajo de ella, modelo de materiales y diseño, sienta a dos mil personas. Hace un par de meses la plantó a orillas del Támesis en Londres y su espectáculo es simplemente fantástico. El circo se ha vuelto en sus manos teatro, ballet, magia de la acrobacia, ritual juglaresco y casi happening . Toda su gente anda por su edad y fue reunida por este genio del espectáculo hace seis años entre actores callejeros, danzarines, ministrales y los oficiantes más diversos del Canadá.

15 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

El Circo del Sol pasa ante los ojos como un sueño largo donde el cuerpo humano violenta todas las leyes naturales, en un ballet aéreo, en trampolín o bicicleta donde la destreza más increíble se suma a la belleza plástica. Y un sueño sin pesadillas, porque desde niño a uno lo aterra la idea del tigre o el león que ha visto de día enjaulado y de noche traspasa aros envueltos en fuego. Y nada de payasos en El Circo del Sol , a no ser por finos juglares medievales que recitan historias de ahora y arman, reciben artefactos, templan cuerdas y organizan la pista con una poética continuidad en la fábrica de su magia.

Cuando le comenté a Ronald Ingram, uno de mis buenos amigos ingleses, esta impresión, me dijo que era un lástima circo sin animales y que por fin él había visto en Moscú hacía poco al Circo Ruso por vez primera con un gato amaestrado. Es sabido de todos la naturaleza díscola y caprichosa de estos felinos, pero Ronald los encontrará más que domesticados, haciendo a Shakespeare que tanto quiere.

El director Armando Acosta presentó a mitad de septiembre, en el Festival de Cine de Venecia, un Romeo y Julieta del todo gatuno. Unos 150 felinos representan al Bardo en celuloide, con voces dobladas por veteranos como Vanessa Redgrave y John Hurt. María , un angora blanco de singular belleza es la Julieta y Blue Boy , Romeo. No hemos visto lo que harán Montescos y Capuletos en su felina traba pero Acosta parece que ha logrado otra sorprendente gatomaquia.

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