GOLES TRAS LAS REJAS

GOLES TRAS LAS REJAS

Elkin Hormiga hunde sus ansiosas manos en los bolsillos de una impecable sudadera verde. Va a sonar el pitazo inicial para el nuevo partido de fútbol, pero él no jugará. Prefiere el papel de entrenador. A sus espaldas no hay tribuna numerada, ni palco de invitados, ni barras de aficionados sumergidos en el delirio. Un inmenso y frío muro gris de seguridad, con guardianes en cada una de las cinco garitas, le pone punto final a la cancha.

25 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Elkin Hormiga hunde sus ansiosas manos en los bolsillos de una impecable sudadera verde. Va a sonar el pitazo inicial para el nuevo partido de fútbol, pero él no jugará. Prefiere el papel de entrenador. A sus espaldas no hay tribuna numerada, ni palco de invitados, ni barras de aficionados sumergidos en el delirio. Un inmenso y frío muro gris de seguridad, con guardianes en cada una de las cinco garitas, le pone punto final a la cancha.

El partido es el tema del día en la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá. A un lado, los reclusos del ala norte, que se embuten en petos rojos, con Elkin gritando las últimas recomendaciones. Al otro, los del ala sur están de amarillo. Los más suspicaces le meten picante porque en cada uno de los equipos hay presos políticos: tres guerrilleros y cuatro paramilitares. Sólo los jugadores, el árbitro y otros 50 internos sentados detrás de las líneas tienen el fugaz privilegio -son sacados por tandas- de olvidar, por un par de horas, la mole de cemento y rejas.

Comienza el juego con más limitaciones que los baches y desniveles de la cancha. De los 22 titulares sólo 12 calzan guayos y ninguno de los arqueros usa guantes. El árbitro es un gordo, calvo y bonachón, también interno, del ala norte. Se llama Alirio Moreno, dice haber sido árbitro profesional y está sindicado por posesión de droga. Cuenta con un solo juez de línea que, en vez de pantaloneta, usa bluyín y su mano derecha arriba reemplaza la banderola.

El autogol de Elkin.

Pero nada importa cuando el balón rueda y los jugadores dibujan en sus caras la misma felicidad de esos niños que ruegan para que el recreo del colegio jamás llegue a su fin.

Elkin habla rápido y fluido. Está sindicado de secuestro y lleva 22 meses a la espera de su primera audiencia, el próximo 2 de mayo. El pelo corto, los ojos apagados, la nariz aguileña y el bozo encuadran la pequeña cara.

- Fresco hermano, que en estos partidos nunca ha habido riñas ni muertos. Acá en la cancha no hay violencia -dice-. Dentro de un penal puede haber problemas sociales y políticos. Pero gracias al deporte olvidamos esas disputas. En la calle uno actúa sin pensar. En cambio, acá hay mucho tiempo para reflexionar. Acá promuevo el deporte, aunque no lo practico.

Así se toma el deporte. Como una dosis gratis de placer. Un orgasmo cotidiano para una buena parte de los 4.072 internos. Y así lo entiende Elkin, de 25 años, hijo de Barranquilla pero con acento neutro, que decidió ser uno de los coordinadores deportivos del ala norte (conformada por los patios 1 y 2). Llegó a ese puesto hace siete meses luego de ver la convocatoria, aprobar unos tests y reunir el perfil sicológico y liderazgo exigidos por la administración de la prisión. Una rebaja de la pena -si llega a ser condenado- es una de las recompensas por combatir el ocio.

Hormiga sabe que el peor autogol de su vida fue dejarse llevar "por la ambición del dinero fácil". Tiene una hija de 4 años a la que no ve hace dos, desde que se separó de su compañera. Por eso los domingos -cuando hay visitas y caras felices- para él son como los demás días. Las sonrisas las arrancan otros tres internos, disfrazados de payasos, que divierten a los niños mientras se consuman las visitas conyugales en las celestinas celdas.

Elkin no es el único en la tarea deportiva. Es uno de los 15 reclusos -tres por patio- que apoyan al Comité Deportivo Recreativo y Cultural de la Modelo, con sus tres coordinadores (no son internos sino empleados externos): Zulma Cuartas, Mérida Cerquera y Laurencio Blanco.

Sigue el partido. La cosa está tan animada que el mayor retirado Manuel Waldo Ortiz, director de la Modelo, también se confunde entre todos. Lleva ocho meses en el cargo y asegura que el índice de mortalidad se ha reducido gracias al deporte.

- Antes había dos o tres muertos semanales. Pero impusimos un récord: en diciembre pasado no hubo ningún herido los días 8, 24 y 31 de diciembre, que son calientes . En el 2000 hubo 12 muertos el mismo 8 de diciembre, cuatro el 24 y dos más el 31-cuenta con su acento santandereano-.

Zulma lo corrobora:.

- Gracias al Acuerdo 011 de 1994 del Código Penitenciario, la recreación y el deporte surgieron como deber en las prisiones. No es que los directores anteriores no los fomentaran en la Modelo, pero hasta hace un año no se tomó muy en serio este tema. Si los internos están ocupados la agresividad baja -afirma.

Enfermos, al ataque.

Hormiga da órdenes a sus dirigidos:.

- Carlos, ayúdese con José Luis... Mauricio, lo pisan... Memín , suéltela que no es suya...-Luego maldice : Mierda, se fue el balón a la zanja...

Esta es la tragedia común en cada partido: que el balón siga de largo cuando sale por los costados y no haya tiempo de impedir que caiga en las fosas de siete metros de profundidad, excavadas al lado de ambas bandas laterales.

- Hace varios meses fueron descubiertos unos túneles de fuga en la cancha y decidieron abrir las fosas para que no hicieran otros -cuenta Hormiga.

Pero mientras se rescata uno de los balones, se usa uno de los otros dos de reemplazo. Un corpulento negro se detiene al lado de Elkin. Es Freddy Murillo, conocido como Bryant . Es el monitor de deportes de la Unidad de Salud Mental de la cárcel y está sindicado de hurto agravado y calificado. Va en busca de seis enfermos sentados al lado del tiro de esquina, todos identificados por vestir un overol verde.

Bryant sonríe tímidamente. Su inmensa mano amenaza con estripar a la que saluda. Bajo su mando tiene a 22 deportistas.

- El enfermo mental no tiene destreza física y se cohíbe con los deportes de contacto. Su desarrollo muscular es mucho menor. Ajedrez, baloncesto y voleibol son los deportes que más practicamos dice, antes de perderse por la línea del tiro de esquina.

No todos tienen vista a la cancha. Es un privilegio sólo de los que están al otro lado de la reja que separa el fútbol de los fríos pasillos. Por televisión también se pueden seguir transmisiones deportivas. El comercio legal interno de la cárcel permite que se compren televisores blanco y negro. Los más baratos cuestan 30 mil pesos. A Hormiga le tocó comprar uno nuevo cuando perdió su aparato el pasado 10 de enero en un raqueteo , como se les dice a las requisas.

Los otros presos.

Pero los guardias no son problema.

- Para mí la guardia es otro interno más. Pagan la misma cana que uno -dice Hormiga.

Al otro lado de la cancha, uno de los dragoneantes lo confirma:.

- Este año no sacamos equipo de fútbol de la guardia. Nuestros turnos son de 24 horas, por lo que se hace duro. El tiempo de descanso lo aprovechamos para estar con la familia y dormir. El deporte es bueno porque hace parte del plan de resocialización, baja la tensión y ayuda a la tolerancia.

Antes de acabar el partido Elkin respira profundamente y sonríe.

- Sí nota que el aire acá es distinto? En los pasillos huele a encierro y a marihuana. Incluso las celdas también tienen un aire pesado. La gente que pide salir a la cancha no solamente lo hace para jugar fútbol.

No miente. Algunos internos trotan y otros caminan o se acuestan en el único pedazo de pasto.

Allá, en los patios, también hay recreación. En el 1 y 2, asignados a guerrilleros, presos sociales y negros, hay espacio para jugar parqués chino. Los reclusos apuestan monedas de un peso en cada cazada. El lema es la economía ante todo. A un costado, Elmer Ramírez, un físicoculturista, se lamenta porque el gimnasio no está en las mejores condiciones.

- Estoy sindicado por Ley 30 (tráfico de estupefacientes). No he podido traer mis implementos a entrenar. No he encontrado ningún apoyo. Sólo hago abdominales. Afuera montaba bicicleta y jugaba squash.

Hay más: cada patio tiene su multideportivo , compuesto por una cancha de microfútbol y tableros de baloncesto acondicionados encima de cada portería. En realidad sólo funciona uno.

- El año pasado, en otro raqueteo , un guardia lo arruinó de un balazo, de puro malo dice un interno que prefiere el anonimato.

Unos metros más allá, detrás de las paredes, saluda el patio 3, con 180 internos. Es descrestante y evidencia que la diferencia de estratos también se siente en la cárcel. Cuatro mesas de billar impecables, dos más de pool, y un gimnasio con elementos multifuerza saltan a la vista. Nada que envidiarle a un buen club. Aquí, además de otros presos sociales , como se llama a los prisioneros comunes, están los paramilitares. La cancha de microfútbol es la misma de otros patios, pero se le adecuó una de tenis. Una perfecta malla divide en dos el limpio suelo de cemento. Nada que ver con la pobreza de los dos patios anteriores. Uno de los coordinadores es Julio Llerena. Confiesa que hubo hasta 20 equipos de fútbol en un momento dado en la cárcel, pero el traslado y la libertad de los compañeros acabó con buenas nóminas.

De nuevo a la cancha. El pitazo del árbitro indica el fin del juego y todos se abrazan. 2-1 para los del ala sur. Dejan a un lado los petos y se pierden de nuevo en los pasillos y patios. El frío, que entra como un cuchillo, ya se siente cuando cae la tarde. Elkin Hormiga, el entrenador del equipo perdedor, volverá a su celda.

Allí sacará los frijoles que guardó del almuerzo para recalentarlos más tarde, verá por la noche las noticias en su televisor blanco y negro, rezará algún pasaje de la Biblia con sus ocho compañeros -como lo hace diariamente durante 40 minutos- y luego hablará con ellos del tema del día: el partido entre los dos equipos. Uno con algunos guerrilleros y otro con varios paras , que no saldan sus diferencias a bala sino con goles.

FOTO/Milton Daz EL TIEMPO.

1- Algunos de los jugadores de los equipos de ftbol de la crcel Modelo posan juntos. Entre ellos hay guerrilleros, paramilitares y presos comunes.

2- Elkin Hormiga, uno de los 15 coordinadores deportivos de la prisin, masajea el pie de un jugador de su equipo.

3- Guerrilleros, negritudes y presos comunes del patio uno juega fuchi , pateando la bolita de tela llena de arroz.

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