IGLESIA, ENTRE LA FE Y EL MIEDO

IGLESIA, ENTRE LA FE Y EL MIEDO

Todas las mañanas, el padre Miguel Angel Salazar, director de la Pastoral Social de la Diócesis Sonsón-Rionegro, en el oriente de Antioquia, baja hasta la iglesia de Jesús Nazareno con la esperanza de encontrar su parroquia llena de fieles.

26 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

Todas las mañanas, el padre Miguel Angel Salazar, director de la Pastoral Social de la Diócesis Sonsón-Rionegro, en el oriente de Antioquia, baja hasta la iglesia de Jesús Nazareno con la esperanza de encontrar su parroquia llena de fieles.

No lo hace porque piense que a los pobladores les falta devoción cristiana, sino para comprobar que la fe ha logrado derrotar al miedo. Es que en esta región la violencia es tan brava, que la gente tiene temor hasta de venir a misa , dice el sacerdote, que durante los últimos años ha visto como los campesinos, acosados por la guerrilla y los paramilitares, se han alejado de los templos.

El oriente de Antioquia es una zona bajo fuego. Casi a diario se ve gente que huye de las balas cruzadas de los insurgentes, los paras y el Ejército. Atraviesa despavorida la cordillera y se refugia en los albergues para desplazados de Vida, Justicia y Paz, un programa de la Iglesia Católica.

El padre Salazar corre a recibirlos, mientras monseñor Flavio Calle, el obispo de la Diócesis, u otro sacerdote, acompaña a los familiares de alguna persona secuestrada a pedir su liberación.

La Iglesia como paño de lágrimas y como mediadora no es un caso exclusivo del oriente antioqueño. En todos los rincones del territorio nacional los sacerdotes se han convertido, también, en garantes del retorno de desplazados y en consuelo de huérfanos y viudas de la guerra.

El padre Leonidas Moreno, director de la Pastoral Social de la Diócesis de Apartadó, en el Urabá antioqueño, ha acompañado el retorno de 49 comunidades del Urabá chocoano.

La Iglesia no se quedó en la denuncia y ayudó a sacarlos del destierro, para que volvieran a defender sus parcelas, su cultura y su identidad , afirma el sacerdote.

En Urabá, la Iglesia también trabaja, con otras organizaciones, en el mejoramiento de vivienda, proyectos productivos, educación y en el centro Compartir, un programa de atención a las viudas y los huérfanos, del que se benefician más de 1.500 personas.

El director de la Pastoral Social en esa región está convencido de que la misión fundamental de la Iglesia es defender la vida. No estamos en la lógica de la guerra, estamos construyendo el reino de Dios, que es de justicia y paz , afirma. Durante muchos años él vio caer a los trabajadores bananeros en medio del odio de paras y guerrilla.

La violencia nunca mermó la valentía de este sacerdote y de los demás religiosos que trabajan en la zona. Como Iglesia estamos comprometidos con la esperanza de la gente , asegura.

Nadie es llamado enemigo.

En Barrancabermeja, en el Magdalena Medio, se levanta otro proyecto de vida en el que la Iglesia ha metido el hombro.

Para hacerlo ha tenido que acordar unas reglas de juego con los grupos armados y la comunidad. A eso debe parte del éxito de su trabajo pastoral.

No se considera enemigo a nadie, ni de izquierda ni de derecha. Se les mira como a personas con las que se tienen discrepancias políticas. No más , afirma el sacerdote Mario Rivera, del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio.

En este proyecto, además de Barrancabermeja, están incluidos 28 municipios de Santander, Antioquia, Bolívar y Cesar.

La clave de quienes han trabajado en él durante seis años ha sido no enfrentar a los actores armados, sino convocarlos para que trabajen por el desarrollo de la región.

Tenemos discrepancias profundas porque para nosotros la violencia no tiene ninguna justificación, pero trabajamos por la reconciliación y el respeto a la vida , señala el sacerdote.

La neutralidad de la Iglesia, sin embargo, muchas veces no les gusta a los violentos.

Ellos quieren que todos tomemos partido, pero nosotros nos mantenemos en contra de la agresión , afirma el padre Rivera.

Además del acompañamiento en las regiones, en los últimos años la Iglesia Católica participó directamente en los diálogos con la guerrilla.

Monseñor Alberto Giraldo, presidente de la Conferencia Episcopal, estuvo sentado como negociador en la Mesa de Diálogo del Gobierno y las Farc. Fue uno de los que trabajó hasta el final para salvar el proceso de paz.

También los pastores.

En apartadas regiones de Colombia, o donde otras religiones distintas a la católica han colonizado corazones, campesinos, indígenas o negritudes se apoyan, por ejemplo, en pastores evangélicos.

Ellos y los sacerdotes católicos coinciden en que entre más arrecia la violencia, la gente más busca a Dios.

El problema es que se asusta y prefiere quedarse en su casa. Entonces vamos hasta allá a hablarles de salvación y vida , afirma Esperanza Peñuela, guía espiritual de la Iglesia Evangélica de Proyección Internacional.

Lo cierto es que sacerdotes católicos como el padre Salazar, en el oriente de Antioquia, el padre Moreno, en el eje bananero de Urabá, y el padre Rivera, en Barrancabermeja, son hoy dignos representantes del lema de la Iglesia en las zonas de conflicto: defender, por encima de todo, la vida.

MAS COMPROMISO SOCIAL.

Sobre el importante papel que está cumpliendo la Iglesia en medio de la guerra hay diversas explicaciones.

El profesor de historia de la Universidad Javeriana Oscar Saldarriaga dice que después de la violencia de mediados del siglo pasado, la Iglesia salió bastante desprestigiada por su participación partidista contra el liberalismo, el protestantismo y el comunismo .

Afirma que estuvo muy vinculada al fanatismo político, pero con la firma del plebiscito de 1957 perdió el apoyo del Partido Conservador y comenzó a caminar sola como institución y a ocuparse de los problemas sociales, para liberarse de ese peso histórico de gran parte de la violencia política , dice Saldarriaga.

Para el profesor de la Universidad Nacional José David Cortés, el hecho es que hoy la Iglesia tiene un papel más activo en la denuncia y en el trabajo por la paz y los derechos humanos. Monseñor Alberto Giraldo, mediador en las negociaciones con las Farc, está lejos de los curas boyacenses de los años 40 y de monseñor Miguel Angel Builes, que predicaban desde el púlpito: votar por los liberales es pecado , dice.

El padre Fernán González, director del Cinep, en su libro Poderes enfrentados, Iglesia y Estado en Colombia, afirma que para la Iglesia la paz no es la simple ausencia de guerra, ni la victoria sobre el adversario, ni tampoco el equilibrio de fuerzas adversas, sino la estabilidad, seguridad y tranquilidad de un orden justo que solo puede conseguirse por medios justos .

FOTO/Javier Agudelo EL TIEMPO.

La Iglesia Católica se ha convertido en uno de los más grandes respaldos para las personas que viven en zonas con un agudo conflicto armado.

FOTO/AFP.

El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Alberto Giraldo, trabajó hasta el final salvar el proceso de paz con las Farc.

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