EUROPA, PULSO A PULSO

EUROPA, PULSO A PULSO

En cierto sentido, la Cumbre de Barcelona, como se llamó a la reunión de jefes de Estado de la Unión Europea (UE) celebrada hace pocos días en España, fue un pulso entre la corriente globalizadora y las fuerzas políticas de contenido social que coexisten en el interior de la UE. La primera representa la posición de los gobiernos más conservadores Inglaterra, España, Italia y las segundas articulan la resistencia de Francia y Alemania, principalmente, a entregarse a los azares del mercado y el capitalismo universal que pregonan los Estados Unidos.

27 de marzo 2002 , 12:00 a. m.

En cierto sentido, la Cumbre de Barcelona, como se llamó a la reunión de jefes de Estado de la Unión Europea (UE) celebrada hace pocos días en España, fue un pulso entre la corriente globalizadora y las fuerzas políticas de contenido social que coexisten en el interior de la UE. La primera representa la posición de los gobiernos más conservadores Inglaterra, España, Italia y las segundas articulan la resistencia de Francia y Alemania, principalmente, a entregarse a los azares del mercado y el capitalismo universal que pregonan los Estados Unidos.

En el pulso no hubo vencedores ni vencidos. La tendencia social consiguió menguar el ímpetu liberalizador de sus vecinos, pero estos avanzaron algunas fichas en el tablero. Estuvieron también presentes en Barcelona cientos de miles de manifestantes opuestos a la globalización; aquellos cuya semilla se sembró en Seattle durante la reunión de comercio mundial a fines de 1999. Pero esta vez más maduros y veteranos, evitaron en lo posible la violencia callejera y más bien usaron las avenidas y estadios para mandar su mensaje.

El año entrante, la UE deberá dictar nuevas medidas sobre áreas estratégicas, como electricidad y servicios de salud. Habrá un nuevo pulso, y a lo mejor las fuerzas habrán cambiado. Hay quienes prevén una Europa que bascula hacia el conservatismo. En efecto, el 17 de marzo ganó la derecha en Portugal, que hasta hace pocos meses tenía un gobierno socialista, y aquella avanza también en Holanda, encarnada por un extravagante y xenófobo personaje de nombre Pim Fortuny, cuyo partido es hoy el segundo en el mapa político. Justamente, la cuestión de la inmigración se consolida cada vez más como punto de referencia de las posiciones políticas en el continente. Aunque casi todos los grupos miran con preocupación el problema, sus soluciones difieren. Algunos plantean fórmulas que permitirían integrar prontamente los inmigrantes a la sociedad por medio de la escolarización de sus hijos y su participación inmediata en el sistema de seguridad social. Pero otros apuestan por propuestas abiertamente racistas o de espesa barbaridad, como la del ministro italiano Umberto Bossi, quien, ante la noticia de que se acercaba un buque cargado de inmigrantes sin papeles, declaró que era partidario de hundirlo a cañonazos . Para los colombianos, que multiplican su presencia en Europa, no es indiferente este tema.

Pero el hecho que será definitivo para saber hacia dónde se inclina la Unión Europea serán dos elecciones programadas para las próximas semanas. El 21 de abril y el 5 de mayo, Francia escogerá entre el conservador Jacques Chirac, actual Presidente, y el candidato socialista Lionel Jospin, que lideran hombro a hombro las encuestas. Luego, en septiembre, se pondrá a prueba la supervivencia de los socialdemócratas alemanes; el canciller Gerhard Schrque parecía inamovible, enfrenta ahora la inestabilidad de una economía en problemas.

En el 2003 podría haber un nuevo balance de fuerzas en la Comunidad Europea; lo que está por definir es hacia qué polo. No es cuestión de poca monta: el alambre es cada vez más delgado, y en él deben hacer equilibrio los problemas de la inmigración; la relación siempre solidaria pero espinosa con Estados Unidos y sus campañas; los llamados de líderes británicos como Margaret Thatcher a romper con la UE; la desaceleración económica en antiguos dinamos como Alemania, y un núcleo de países de Europa del Este que toca a sus puertas con la esperanza de incorporarse a un club que está saliendo adelante incluso en decisiones tan difíciles como la adopción del euro como moneda única , pese a los viejos presagios.

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