ANTESALA DEL FIN

Qué busca usted en las noticias? Señales que apunten al incremento de las tasas de interés? Algún descubrimiento acerca del recalentamiento del planeta? Las nuevas actividades terroristas? O indicios que revelen la inminencia del fin del mundo y de la última batalla entre el bien y el mal?

30 de junio 2002 , 12:00 a. m.

Qué busca usted en las noticias? Señales que apunten al incremento de las tasas de interés? Algún descubrimiento acerca del recalentamiento del planeta? Las nuevas actividades terroristas? O indicios que revelen la inminencia del fin del mundo y de la última batalla entre el bien y el mal?.

Para los cristianos evangélicos interesados en las profecías, los titulares siempre parecen llevar asteriscos que refieren a citas de las sagradas escrituras. Es así como Todd Strandberg lee el diario. Durante el día se desempeña como mecánico de aviones en la base Offutt de la Fuerza Aérea estadounidense en Bellevue (Nebraska). Pero en su tiempo libre se encarga de mantener la página en Internet raptureready.com y es el inventor del Indice Rapture el cual, en lugar de vigilar los vaivenes de la bolsa, sigue el rastro de profecías.

De esta forma, los terremotos, inundaciones, pestes, crímenes, falsos profetas y ciertas cifras económicas como el desempleo, que agravan la inestabilidad y el descontento popular, son interpretados como hechos que facilitan el camino para la llegada del Anticristo. En pocas palabras, cuánto falta para el fin del mundo? El Indice alcanzó la marca histórica de 182 puntos el 24 de septiembre, mientras la banda ancha de Internet casi entraba en cortocircuito bajo el peso de sus ocho millones de visitantes. Toda lectura superior a 145 puntos significa "a abrocharse los cinturones de seguridad", asegura Strandberg.

La maternal frase "bueno, no es el fin del mundo", con la que solían calmarnos ante cualquiera de nuestros dilemas infantiles, ha sido quizá también nuestra introducción a un punto básico de referencia humana. Parecería que los seres humanos nacemos con el conocimiento instintivo de que el fin está en alguna parte de nuestro porvenir. Tenemos el impulso cultural de imaginarlo y mantenerlo a raya. Así como todas las culturas tienen versiones propias de la creación, también las tienen acerca de los últimos días, desde la Biblia hasta los relatos milenarios de los mayas.

Generalmente los mitos residen en los recónditos -y no tanto- rincones de la mente, ya que vivimos nuestras vidas pensando que, en cualquier situación y por peor que se pongan las cosas, no se trata del fin del mundo. Pero hay ocasiones en la historia cuando el instinto, la fe, los mitos y los acontecimientos del presente se amalgaman para generar una tremenda vorágine de inquietud. La idea de un punto final se aloja en la mente de la gente bajo varias formas, como el entretenimiento, la fascinación supersticiosa y la fe genuina. Esta parece ser una de esas ocasiones.

El temor provocado por los atentados terroristas y el ántrax en septiembre no sólo aumentó el interés entre cristianos entendidos en la jerga del Armagedón y el Apocalipsis, sino que lo extendió a un público que hasta entonces no le había prestado mucha atención a las predicciones de Nostradamus, el agorero profeta del día final, ni tampoco se desvelaba por la batalla épica que representará el fin de los tiempos, un público que ni siquiera había leído el Libro del Apocalipsis.

Desde el 11 de septiembre, personas de los sectores más pensantes del cristianismo comenzaron a preguntarse qué es lo que dice la Biblia acerca del fin del mundo, y los clérigos respondieron a las preguntas con sermones que ni siquiera se habrían imaginado hace un año. Incluso entre los estadounidenses menos religiosos, algunos estaban dispuestos a encontrar presagios en el humo de las torres en llamas, aunque esa disposición estuviera más relacionada con lecturas que hicieron en la playa y no con el estudio de la Biblia.

La razón radica en que, entre los libros de ficción más vendidos en nuestra época -compartiendo el honor con Tom Clancy y Stephen King- hay una serie acerca de los últimos tiempos escrita por Tim F. LaHaye y Jerry B. Jenkins basada en el Libro del Apocalipsis. Esa parte de la Biblia siempre tuvo sus misterios, pero para millones de personas la verdad saltó a la luz en 1995, cuando los estadounidenses LaHaye y Jenkins publicaron Left Behind (Dejados atrás: La novela de los postreros días de la Tierra). Aquéllos que no leyeron esta novela ni los ocho otros libros de la saga puede que ni siquiera se hayan enterado de la existencia de la serie. Pero su éxito da testimonio que el interés por los el día final no es un fenómeno marginal. Sólo aproximadamente la mitad de los lectores de Left Behind atrás son evangélicos, lo cual sugiere que el público interesado es más amplio.

Una encuesta de TIME/CNN revela que más de la tercera parte de los norteamericanos dice prestarle más atención ahora a la posible relación entre las noticias y el fin del mundo, y además se han referido a lo que la Biblia dice al respecto. Un 59 por ciento dice creer que los hechos del Apocalipsis se harán realidad, y casi el 25 por ciento opina que la Biblia vaticinó los atentados del 11 de septiembre.

Parte de ese interés lo avivan la fe, el temor y la imaginación, pero a su vez todos ellos son estimulados por la saga de Left Behind. Los libros ofrecen a los lectores una descripción vívida, violenta y sumamente detallada de lo que les sucede a quienes son dejados atrás en la Tierra para combatir al Anticristo luego de que Jesús arrebata o eleva a los fieles al cielo. Al comienzo del primer libro, la tripulación de un avión 747 viajando de Londres a Nueva York descubre que la mitad de los asientos han quedado vacíos, salvo por la ropa, las alianzas matrimoniales y los empastes dentales de los creyentes que súbitamente fueron divinamente arrebatados de sus asientos.

En tierra chocan automóviles, los hombres se despiertan y a su lado sólo encuentran los camisones de sus esposas, mientras que todos los niños menores de 12 años han desaparecido. Los ocho libros siguientes relatan las tribulaciones de los dejados atrás y su lucha por ser salvados. La serie vendió 32 millones de copias -50 millones si contamos las novelas gráficas y las versiones infantiles- y las ventas saltaron un 60% después de los sucesos del 11 de septiembre. El libro número nueve, publicado en octubre, fue la novela más vendida de 2001. Los pastores evangélicos promueven los libros como lectura devota al mismo tiempo que los leen para saber qué están pensando sus feligreses. También los leen los políticos, los estudiosos y cualquier persona cuya labor sea conocer acerca de los temores y esperanzas latentes en la conciencia colectiva en una época de incertidumbre profunda.

Ahora saldrá a la venta la décima entrega de la serie, The Remnant, cuya tirada será de 2,75 millones de ejemplares de tapa dura, y es posible que su impacto trascienda los clubes de libros y las clases de la Biblia. Para algunos lectores evangélicos de EE.UU., los libros de la serie ofrecen más que una guía espiritual, son una declaración de principios políticos. Cuando leen en la prensa el peligro que se cierne sobre Israel, no sólo se preocupan por un aliado democrático en guerra contra el terrorismo, sino también por el pueblo elegido por Dios y el destino de la tierra donde los deberán desarrollarse los acontecimientos de una cierta manera para que Jesús pueda regresar. Esa combinación ayuda a explicar por qué algunos dirigentes cristianos han hecho frente común con los judíos durante el invierno boreal, como rara vez en el pasado, y también los han apoyado ante el gobierno de Bush, como si su propia salvación dependiera de ella.

Walter Russell Mead está sentado en su oficina del Consejo de Relaciones Exteriores en pleno Manhattan en una tranquila tarde de junio, trabajando en un libro concebido en septiembre. El año pasado publicó una aclamada historia de la política exterior de Estados Unidos y trabajaba en un estudio acerca de una clase media mundial. Pero eso quedó en suspenso. Ahora lo rodean el Corán, una Biblia, libros de tecnología y una pila de copias de la serie Left Behind. Cuando Mead predice que nuestro siglo será recordado como la Era del Apocalipsis, no quiere decir que el mundo terminará pronto consumido por un holocausto en llamas.

"La palabra Apocalipsis", observa, "proviene de una palabra griega que significa literalmente el levantamiento del velo. En una era apocalíptica, la gente siente que el velo de la realidad normal, secular, está levantándose y puede verse ver qué está ocurriendo detrás de las bambalinas, y ser así los testigos donde Dios y el diablo, el bien y el mal luchan para controlar el futuro". A medida que más personas en Estados Unidos y el resto del mundo creen que la historia se está acelerando, que las profecías antiguas se están cumpliendo en tiempo real, "se modifica la forma en que la gente siente acerca de sus circunstancias y la forma en que actúa. Los grises comienzan a borrarse del espectro en que la gente ve el mundo y así la realidad termina tiñéndose más de blanco y negro".

En los extremos religiosos dentro del Islam eso significa que habrá más atacantes suicidas ya que el martirio ejerce un atractivo especial si el juicio de Dios está a la vuelta de la esquina. Cuanto más sea presentada su causa como una guerra contra el Gran Satán, más reforzarán la creencia en algunos círculos de EE.UU. de que la guerra contra el terrorismo no acabará con un tratado o un comunicado oficial, sino solamente con la victoria o la derrota absolutas. Los radicales de ambos bandos buscan en los hechos actuales convalidar sus escrituras sagradas. Cada uno utiliza al otro para definir su idea de un plan divino.

En estos tiempos de incertidumbre, buscar un propósito noble entre las sombras de los acontecimientos más escalofriantes es un instinto humano natural. Algunos lectores lo encuentran en la teología de los libros de la serie Left Behind. Hubo quienes hallaron la serie por accidente y han quedado enganchados. Deborah Vargas, de 46 años y residente en San Francisco, compró su primer libro de la serie Left Behind en enero, buscando algo para leer. Obtuvo mucho más de lo que esperaba, sobre todo después de los eventos del 11 de septiembre. "Era prácticamente un mensaje salido en forma directa de la Biblia", destaca. "Algo en mí empezó a cambiar, y me pregunté: qué estaba esperando? Una señal?". Desde entonces, afirma, su vida ha sido transformada y ahora frecuenta los foros de la saga en Internet. "Quiero hablar de este tema todo el tiempo".

Si uno habla con quienes ya eran propensos a encontrar augurios en los titulares notará su entusiasmo y hasta la ansiedad por ver qué sucederá de ahora en más. "Tenemos la sensación de que estamos muy cerca de algo apocalíptico, pero que resultará en algo positivo", comentó Doron Schneider, un evangélico de Jerusalén. Aquellos que ven la mano de Dios en todo experimentaron el horror del 11 de septiembre en forma distinta. Strandberg admite su "alegría" ante la posibilidad de que atentados puedan ser una señal de la proximidad de los últimos días. "Muchos comentaristas proféticos tienen lo que yo considero una tristeza falsa con respecto a algunos hechos", dice. "En el fondo saben que implica que se están acercando a su deseo máximo".

Algunos creyentes comenzaron el año sintiendo la necesidad de cambiar de estrategia, de empleo y de hallar una forma urgente de divulgar su palabra. La senadora del estado de Wyoming, Carroll Miller, una muy popular legisladora del condado Big Horn, anunció su alejamiento de la política para dedicarle más tiempo a hablar en iglesias y clubes masculinos y ayudar a la gente a asimilar la posibilidad de la Segunda Venida. "Es importantísimo que como país cristiano sepamos lo que las Escrituras han dicho acerca de estos días", dice. "Yo ofrezco mi aporte personal tanto por mí, como por mi familia y mis amigos".

Miller conoce a gente que ha retocado Biblias destacando los pasajes que indican lo que ocurrirá durante la Tribulación, para que los amigos y familiares que sean dejados atrás sepan prepararse para los terremotos, las plagas de langostas y escorpiones, o para el momento cuando "el sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre". Después de un tiempo, los avistamientos del Anticristo se suceden con naturalidad.

Cuando el secretario general de la ONU, Kofi Annan, le dice al Foro Económico Mundial que la globalización es la mayor esperanza para resolver los problemas del planeta, cuando el foro plantea la idea de unas "naciones unidas de las religiones importantes", cuando la privacidad se sacrifica en aras de la seguridad, esos titulares se reproducen en los sitios de Internet de profecías como las señales que el anticristo está en plena faena.

"Probablemente sea un hombre apuesto", menciona Kelly Sellers, encargado de un negocio de piedras decorativas en Minneapolis. "Estoy segura de que está metido en política ahora mismo y quizá un poquito a la vista de todos". Sellers leyó todos los libros de Left Behind y espera el próximo título "con ansiedad". "Me ayudaron a fijarme en las noticias que ocurren en Israel y Palestina" que, en su opinión, "anuncian los el principio de los últimos días, y eso me resulta emocionante".

El público creciente para la literatura apocalíptica se extiende incluso hasta las religiones protestantes tradicionales, poco adeptas al fuego y el azufre. "Podían pasar años sin que alguien me preguntara sobre los últimos días, asegura Thomas Tewell, ministro de la Iglesia Presbiteriana de la Quinta Avenida, en Manhattan, muy ajena al fervor apocalíptico. "Pero desde el 11 de septiembre, duros, curtidos y cínicos abogados y corredores de Nueva York, que no se conmueven con nada, se preguntan El mundo, llegará a su fin? Los hechos de la Biblia, se harán realidad? Quieren hacer las paces con Dios. No he visto nada parecido en mis 30 años de ministerio".

Es difícil encontrar libros académicos sobre teología apocalíptica en la biblioteca de un seminario. Los académicos tienden a tratar esta disciplina como sociología y consideran que el interés por el fin de los tiempos sube y baja acorde a los ciclos de cataclismos y calma. Mucha gente estaba segura de que el fin era inminente tras el saqueo de Roma en 410, cuando la Peste Negra arrasó con un tercio de la población europea en el siglo XIV, cuando los temblores tectónicos del terremoto de Lisboa en 1755 hicieron sonar las campañas de las iglesias hasta lugares tan remotos como Inglaterra, y por cierto, después de 1945, cuando por primera vez el ser humano logró el poder para provocar su destrucción absoluta, no ya gracias a un acto divino sino de la voluntad humana.

El ascenso de Hitler, un hombre maligno que quería eliminar a los judíos, parecía una historia salida de la propia Biblia. Su aniquilación, seguida por el retorno de los judíos a Israel tras 2000 años y la captura de la Ciudad Vieja de Jerusalén por parte de los israelíes en1967, fueron interpretados por cristianos y judíos devotos como prueba de la intervención divina. Una vez más, Israel tenía el control del Monte del Templo, un lugar tan sagrado tanto para musulmanes, cristianos y judíos por igual que la sola visita del primer ministro israelí Ariel Sharon bastó para desatar el levantamiento palestino actual.

El Monte del Templo es la sede de la Mezquita de Al-Aqsa, uno de los sitios más santos del Islam, y también es el mismo lugar donde cristianos y judíos creen que algún día deberá construirse un templo nuevo para que pueda volver el Mesías. Un evangélico australiano prendió fuego a la mezquita para facilitar el cumplimiento de la profecía y desde entonces la seguridad en el lugar es extrema, por temor a que quienes toman la Biblia demasiado literalmente puedan no sólo creer en las profecías, sino también ayudar a que se cumplan.

Pero hizo falta algo más, un destacado empresario teológico, para ampliar el público estadounidense adepto a la tradición apocalíptica. El libro The Late Great Planet Earth (El grandioso y fallecido planeta Tierra) escrito por Hal Lindsey en 1970, se convirtió en el libro no ficcional más vendido de su década. TIME calificó a Lindsey de ser el "profeta Jeremías de nuestra generación" por su detallado argumento sobre la cercanía del fin. "Fue el primer libro que leí acerca de los días postreros, y cambió mi vida", declaró George Morrison, pastor de la capilla Faith Bible, en Arvada (Colorado), donde asisten un promedio de 4.000 personas cada domingo. "De repente, fui consciente de que, uy, todo esto tiene un orden".

La explicación que dio Lindsey acerca de las advertencias en la Biblia surgió justo cuando comenzaba una reacción contra el liberalismo de los años 60, de alguna forma similar al la reacción del siglo XVIII contra la Ilustración. Lindsey aprovechó el tan especial momento histórico e inició así una década de resurgimiento evangélico, cuando por primera vez en generaciones los creyentes se organizaron para dejar su huella en este mundo, más que en el otro.

No pareció importar que las predicciones de Lindsey se hayan pasado de su fecha de vencimiento. Durante la guerra del Golfo, las ventas del libro saltaron 83%, cuando la gente temía que Saddam Hussein estuviera reconstruyendo el reino de Babilonia y arrastrando al mundo a su última batalla. Hoy en día Lindsey ve que sus advertencias pioneras son reivindicadas casi a diario. "Los terroristas musulmanes van a atacar Estados Unidos otra vez y a atacarnos con fuerza para que dejemos de ser una de las grandes potencias del mundo", dice. "No falta mucho". Recuerda que cuando escribió su éxito de ventas poca gente tomaba las profecías en serio. "Me llamaron falso profeta por decir en 1970 que habría unos Estados Unidos de Europa, pero ahora existen. La gente ve que este escenario se sigue armando, y por eso hoy hay tantas personas que creen que estamos viviendo nuestros últimos días".

El fin del mundo según lo conocemos: Para los creyentes verdaderos se parece más al cumplimiento de una promesa que una amenaza. "Si observamos lo que sucede en Israel nos enteraremos del retorno de Cristo", dice Oleeta Herrmann, de 77 años y oriunda de Xenia (Ohio). "Todo lo que sucede -guerra y rumores de guerra- en Medio Oriente se desarrolla según las Escrituras". Herrmann integra End-Time Handmaidens and Servants (Las doncellas y sirvientes de los últimos tiempos), un grupo de misioneros internacionales que predican el Evangelio poniendo énfasis en las enseñanzas del fin de los días. El 11 de septiembre comprueba su creencia de que la Segunda Venida de Cristo "está más cercana que nunca", dice Herrmann.

Hete aquí la paradoja central de esta ola de interés por el fin del mundo. Si usted cree que el final está cerca, su reacción es de esperanza o pavor? "Aunque la serie de Left Behind se ha vuelto popular, mucha gente sigue pensando en el fin del mundo como algo negativo", escribió Kyle Watson en su sitio de noticias proféticas en Internet, Atlantachristianweekly.com. El piensa que los creyentes deben sentir entusiasmo por el fin del mundo. Y recomieda que intenten "interpretar las profecías y los hechos actuales en relación a cuán cercanos estamos a sentarnos junto a Cristo en el cielo". No todos, seguramente, compartirán su entusiasmo.

-Informe de Amanda Bower/Nueva York, Rita Healy/Denver, Marc Hequet/St. Paul, Matthew Kalman/Jerusalén, Tom Morton/Casper, Adam Pitluk/San Antonio, Jeffrey Ressner/Los Angeles, Melissa Sattley/Austin y Daniel Terdiman/San Francisco.

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